Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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lunes, 26 de diciembre de 2011

Rina hermana,espero que pases unas felices fiestas junto a tus seres queridos.
Ya sabes que aqui me tienes para todo,como siempre a sido y siempre sera.
Te quiero y te adoro linda,un beso y un abrazo enormes.
Y FELIZ NAVIDAD PARA TOD@S

domingo, 25 de diciembre de 2011

Felicidades

FELIZ NAVIDAD PARA TODAS/OS LOS SEGUIDORES DE ESTE BLOG ASÍ COMO TAMBIÉN PARA MI HERMANITA DEL ALMA CULLEN LES DESEO DE CORAZÓN.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Amarte es inevitable

Capitulo 2

Bella retiro la mano rápidamente mientras un cosquilleo de excitación le subía por el brazo.
-¿Eres italiano?-Pregunto ella.
-Soy de Seattle,pero crecí aquí. Mi abuela era italiana,y pasaba largas temporadas en Roma cuando mis padres no estaban.
Ahora están medio retirados pero eran periodistas,y se y se pasaban la vida viajando por medio mundo. Mi abuela murió hace tres años,aunque decidimos conservar su apartamento. Mi hermana Alice vive en el,es diseñadora.-
-¿Y tu Edward?-
-Soy periodista y trabajo en la agencia de mi padre.-
-¿Y cual es la agencia de tu padre?-
Bella sentía la extraña necesidad de saber todo sobre el.
-Cullen S.A-
Ella conocía la agencia,por eso sintió una punzada en el pecho.
Edward y ella eran de mundos diferentes.
El era tan interesante,que quedaba fuera del ambiente al que Bella estaba acostumbrada.
-Ahora me toca a mi.-Dijo ella sin ver la necesidad de andarse con rodeos.
-Soy profesora. Trabajo en un colegio de Arizona,en el área preescolar con niños de tres y cuatro años.
Tengo un pequeño apartamento que comparto con otra chica,Angela.
Pero pronto me mudare a otro mas grande.
En realidad tendría que estar aprovechando el permiso que me dieron para buscar piso,pero...-
Bella se sorprendió al darse cuenta de hasta donde le había contado,había algo en Edward que la impulsaba a confiar en el y a contarle sus cosas.
-Pero decidiste venir a Roma.-Termino el.
-¿Por que decidiste venir?-Pregunto Edward.
-Fue un impulso,una locura.-Dijo encogiéndose de hombros.
-Brindemos por los impulsos,cuanto mas locos mejor.-
Dijo el levantando una mano para llamar al camarero.
Después de pedir champan y brindar,Edward abrió su carta.
-Comamos algo ¿Necesitas que te ayude con el italiano?-
Bella hizo un gesto negativo con la cabeza.
-He estado trabajando en un restaurante italiano para conseguir dinero extra.-
-¿Para venir a Roma?-
-No,para casarme.-
-Siento haber preguntado.-
La cara que puso hizo que Bella sonriera mientras abría la carta,la ojeo
mirando los precios horrorizada.
-Edward,francamente yo no me puedo permitir el comer aquí.-
-Bella por favor eres mi invitada ¿Como se te ocurre que vas a pagar?-
Bella lo pensó por un momento,decidió que ta que estaba allí,disfrutaría.
Ambos pidieron pasta y ensalada y el camarero se retiro para ordenar su pedido.
Edward volvió a llenar las copas de champan y,alzo la suya para proponer otro brindis.
-Por tu boda.-
Bella descendió de las alturas con una sacudida inexplicable,había dejado claro que estaba prometida. Entonces...¿Por que sentía aquel doloroso arrepentimiento? No tenia sentido.
-¿No quieres brindar por tu propia boda?-
-Si,si claro.-
Bella levanto su copa y bebió tan rápidamente que se atraganto.
Edward bebió también,pero con calma y sin quitarle los ojos de encima.
Estaba a punto de decir algo cuando llego el camarero con la comida,después de un rato,volvió a hablar.
-¿Me desvelaras el misterio ahora?-
-¿Que misterio?-
-Tu
-¿Yo?-
-Si,mira. En primer lugar dices que vas a casarte.
En segundo,gastas parte de los ahorros que tienes para la boda en venir a Roma tu sola. En tercero,dices que fue un impulso. Estoy convencido pero...cuarto,no es la clase de impulso que tiene una chica a punto de casarse.
Si no es eso misterioso ya me dirás que lo es.-
-Si,parece un poco raro.-Admitió ella.
-Supongo que serán los nervios de antes de la boda.
Pero es que Jacob me mando una carta en la que decía que se reuniría conmigo el sábado para casarnos,esta en los Estados Unidos y no tendría que volver hasta Julio.
Es impropio de el ya que solo estamos en Marzo.-
-De modo que huiste.-Dijo Edward.
-Supongo que se vera así.-Dijo ella.
Habían terminado de comer y Edward estaba sobre el respaldo de su silla observándola.
-¿Sabes?-Dijo el al cabo de un momento de silencio.
-Los nervios acerca de la boda,significan que tienes dudas acerca de la boda misma.-
-Si,ya lo se.-Admitió ella.
Edward lo pensó unos instantes antes de decirle...
-Este es un buen momento para confesar que tenia otros motivos para invitarte a comer.-
-¿Otros motivos?-Pregunto Bella atónita.
-Así es.-Confirmo el mientras levantaba su copa.
-Por nosotros Bella,por una única noche.-




domingo, 18 de diciembre de 2011

Su Venganza Cap 14




Era el primer domingo que Bella pasaba sola en la ciudad después de haberse casado. Se levantó muy temprano, cosa en ella rara, sabiendo de antemano que sus padres dormirían hasta tarde y bajó al comedor aún sin vestirse, enfundada en un hermoso camisón que habia comprado adrede el día anterior cuando salíó con Alice al centro comercial, este era de saten rojo, con puntilla rebordada y apliques en cinta de lurex.

Hacía frio, pero en casa funcionaba la calefacción a la perfección y Bella se sintió más bien sofocada, pues si bien había imaginado que su marido la viera así vestida, no pensó nunca encontrarlo de pie en el vetíbulo.

La joven se detuvo en medio de la escalera, pero tomó aire y echó a andar inmediatamente.


- Buenos diías, Edward.


- Ho... Hola, Bella - repuso él, mirándola de un modo raro, absolutamente jamás pensó que esa mujer podría llegar hacer suya, maldita chiquilla ahora tendría que lidiar con su endurecida erección el resto del día. - Mucho has madrugado. ¿Acaso vas a misa? - se rió por tal comentario con tal atuendo bien podría ser la reina del infierno.

- Iré a las doce... contigo.


El hombre entornó los párpados.

- Lo siento, Bella. Salgo de viaje ahora mismo - dijo y se alejó de la tentación estaba enloquecido, ¿es que ella lo hacía adrede?

Ella, que se hallaba ya en el medio del vestíbulo junto a él, percibió la distancia que él trataba de imponerle, lo miró rápidamente. Recordó los besos y las caricias un tanto subidos de tono de la noche anterior y se ruborizó, pero lo ocultó con una sonrisa indiferente.


- ¿Marchas? ¿A dónde?


- Volveré al anochecer... Es un asunto relacionado a la fábrica.


Bella pensó si no era un pretexto para no presentarse con ella en público, pero lo desechó al instante. Después de todo, Edward no tenía de qué avergonzarse el hombre más hermoso de toda la ciudad por no decir de todo el mundo. No obstante, por un motivo u otro, Edward se esforzaba en aparentar serenidad ¿Por qué? ¿Qué ocultaba bajo su media sonrisa nerviosa?


- Bien. Que tengas un buen viaje.

Y se dirigió al saloncito.
Angella había dispuesto allí su desayuno. Bella se sentó tranquilamente y untó con mantequilla un trozo de pan.


- ¿Quiere venir conmigo?

Tenía la voz muy cerca. Presintió a Edward inclinandose hacia ella, pero no volvio la cabeza para cerciorarse, ¿Ir con él? ¿Estar todo el día a su lado?. No podría soportarlo y de seguro terminaría rogandóle para que la besara y un poco más pero...

- No, gracias - se encontró diciendo asombradisima porque lo deseaba con todo su ser


- ¿Por qué?


Estaba despechada, enojadísima. Toda la noche se pasó pensando en ir a la misa con Edward, en demostrar a todos que lo amaba y que no se había equivocado al elegirlo a él. Y Edward, con un pretexto tonto, pretendía dejarla sola de nuevo.
También pensó que Edward jamás la invitó a salir con él a la calle; ni nunca salió con ella a cabalgar como en la finca.

Después de todo, eran un hombre y una mujer, ambos jóvenes pletóricos de vida, y justo y lógico era que se amaran. Ella lo amaba. No recordaba para nada las condiciones en las que se habían casado... Ya entonces lo quería, puesto que, de otro modo, nunca hubiera accedido a casarse con él. ¿Para qué vengarse de Jacob?
¡Oh, no; exístian venganzas peores que aquella y ella no lo ignoraba! ¿Por qué Edward no se daba cuenta de ello?

Tragó bruscamente el trozó de pan y retiró el servicio nerviosamente. Luego se puso en pie, cruzó los brazos en su pecho, ya no le apetecía parecer sexi para él; y quedó maravillosamente altiva frente a su marido.


- ¿Por qué? Te lo voy a decir, Edward. Por que no quiero que te marches hoy domingo, ¿me entiendes? Porque estoy en evidencia, porque todos imaginan cosas raras de nuestro matrimonio y es preciso que nos vean juntos ¿comprendes?


Edward que no esperaba aquel huracán de palabras, parpadeo sorprendido y la furia fue emergiendo poco a poco dentro de su ser. Inmutable adquirió una serenidad que no tenía y sonrió desdeñoso.


- Por lo visto, ¿es eso lo único que te preocupa?


- Lo es.


- A mi no, Bella - dijo rudo -. Al fin y al cabo no imaginan más que la verdad, la pura verdad. ¿Acaso no te has casado conmigo para librerte de Jacob Black? ¿Eres capaz de decirme lo contrario? - le gritó enfurecido.


- ¡Edward!


Este se dió cuenta de su error, se serenó rápidamente y dio dos grandes respiraciones antes de hablar.


- Perdona, Bella... Ambos estamos excitados. Lo siento


Hizo intención de caminar hacia el umbral, pero ella corrió tras él y sujetó con sus dos manos el brazo masculino.


- Edward, te suplico que me disculpes.

- Ya estas disculpada, querida. Buenos dias.


- ¿Lo ves? me tratas como si fuera una...


La vuelta del hombre fue rápida. La taladró con los verdes ojos.

- No somos un matrimonio normal, Bella. ¿No es cierto? ¿O es que deseas rectificar?, aun puedes. Si es así, te ruego que me lo digas. Sólo una vez consumado el matrimonio, ¿me entiendes?, consumado como Dios manda, me presentaré en público contigo... De otro modo, no. No quiero que un día cualquiera nos separemos para siempre y el mundo crea que soy un muñeco como Jacob Black


- ¿Te has vuelto loco, Edward?

- Por supuesto que no.

- ¿Sabés lo que me pides?

- Nada extraordinario, querida. Al fin y al cabo, somos marido y mujer.

Ella ocultó la cara entre las manos. Estaba temblando y miraba a Edward como sino lo reconociera.

- Pero, ¿Tú me amas? - preguntó con un hilo de voz.

- ¿Amarte? ¿Quién habla ahora de amor? - estaba siendo totalmente despiadado pero aunque le doliera más a él que a ella porque él, si que la amaba, era necesario todo aquello.

- ¡Oh, Edward, qué cruel eres!

- No soy cruel, Bella - dijo más calmado, yendo hacia ella y pasando su mano por el cabello de su mujer - Soy humano, quizá, pero no cruel, ni perverso.
Nos hemos casado, estamos representando una comedia. ¿Por qué? Si no nos amamos, así, de este modo simple no nos amaremos nunca. Es preciso modificar un tanto nuestra vida, Bella. Por mi parte, aunque continue así el resto de mi vida, no pienso separme de tí. Todo depende de que tú desees firmemente de la separación.


- Me he casado contigo para siempre, Edward.

- Entonces, Bella te aconsejo que te aproximes más a mi corazón.

- ¡Oh, Edward! - exclamó ruborizada -, ¿cómo te atreves a hablarme con tanta crudeza?

El ingeniero se echó a reir. No había ficción ni nerviosismo en su risa, tal vez una gran ternura que ella no comprendió.

- No te hablo con crudeza, Bella. Estoy diciendo las cosas humanas del mundo. No soy un muñeco, Bella, ni un figurín. Soy un hombre y tú eres mi esposa. Nunca escuchame bien, nunca buscaré lo que tú no quieras darme; pero es duro por mi parte y por la tuya vivir la vida tontamente como nosotros la vivimos cada vez más separados. Piensa en ello, Bella. Marcho ahora mismo y vendré tarde. Yo te ruego que me des una respuesta a mi regreso. Nada de comedias ni de palabras. Sí o no y nada más.

- Nunca pensé que fueras así, Edward

- Pues lo soy, querida. Hasta la noche.

Se inclinó hacia ella y la besó en la boca suavemente pero Bella se apretó contra él y le rodeo con los brazos el cuello masculino; dejando a Edward completamente anonadado.

- Te la doy ahora, Edward. Haz de mí lo que quieras...


Era la entrega más maravillosamente ingenua que Edward había presenciado en su vida. Emocionado como jamás lo estuviera, tomó la cara de ruborosa y la besó una y otra vez en los labios semi abiertos que aún no sabían devolver bien la caricia.

- Gracias, querida mía - susurró bajísimo


WOOOOOOOOOOOOOOOWWWWW!!!! QUE CHANTAJE QUE LE HIZO A BELLA, JAJAJAJA ESE SIQ UE ES UN HOMBRE DESESPERADO JAJAJA EL PROXIMO SERA LARGO Y CON LA SORPRESA MÁS ANSIADA!!!

GRACIASSSSS A TODAS!!!

Amarte es inevitable

Cihicas este es mi primer fic,espero que les guste y me den su opinion.


Capitulo 1

Bella caminaba bajo la lluvia sumida en sus pensamientos.
Tan ensimismada iba,que no escucho la puerta de un coche al cerrarse,ni tampoco como alguien cruzaba la calle a la carrera.
Solo pudo sentir el impacto cuando tropezaron,se tambaleo y cerro los ojos a la espera de que el golpe contra el suelo llegara. Pero no sucedió,la persona contra la que había chocado freno su caída asiéndola por el brazo.
Abrió los ojos y alzo la cabeza para dar las gracias a la persona que había evitado su caída,y dejo escapar un jadeo al ver semejante belleza.
Ese hombre,que para ella se asemejaba mas a un ángel tenia el cabello color cobrizo y lo llevaba revuelto.
Sus ojos eran verdes,y por un instante,pudo sumergirse en su mirada.
Tenia una piel nívea,y unos labios,que incitaban a besarlo.
Para Bella”se dijo a si misma,”no puedes estar pensando esas cosas”.
En ese momento se dio cuenta de que el le había estado diciendo algo,la miro,y pareció comprender que no le había estado escuchando.
Ella se sonrojo en respuesta.
El le sonrió,¡Que sonrisa tenia!Y se lo volvió a repetir.
-Disculpe mi torpeza señorita¿Esta usted bien?-
Hablaba como un perfecto caballero,al menos eso le pareció a ella.
-Si,pero discúlpeme usted a mi. La verdad es que no le he visto venir y soy bastante patosa,sobre todo si el suelo esta mojado.-
En ese momento repararon en que ambos seguían bajo la lluvia,el puso su brazo sobre sus hombros y la hizo caminar junto a el.
-Me dirigía a comer a aquel restaurante de allí,venga,acompáñeme.-
Bella se deshizo de su abrazo y sintió un vació que no se esperaba.
-De ninguna manera.-Dijo ella.-No nos conocemos.-
El la miro asintiendo y dijo.
-Mi nombre es Edward Cullen ¿Y usted?-
-Isabella Swan.-Respondió ella.-Pero mis amigas me llaman Bella.-
-Bien Bella,ahora que ya están echas las presentaciones ¿Podríamos comer? Realmente muero de hambre.-
A Bella le pareció que su nombre oído en sus labios sonaba mágico,como algo especial.
Sabia que debía rehusarse a comer con el,pero una fuerza invisible la impulsaba a hacerlo.
Se dijo a si misma que no pasaba nada por una comida,y acabo accediendo.
-Esta bien comamos,yo también tengo hambre.-
Edward le sonrió y camino junto a ella.
Le abrió la puerta para que entrase,y una vez dentro ordeno una mesa para dos. Rápidamente le consiguieron una junto al ventanal,donde podían apreciarse las vistas.
La ayudo a quitarse el impermeable y a sentarse. Y luego,el hizo lo propio frente a ella.
El camarero dejo la carta con el menú frente a ellos y se fue.
-Bueno ya me tiene aquí,aunque todavía no se como lo a conseguido.-
Dijo ella en un intento de disimular lo incomoda que se sentía.
-¿Es usted siempre tan lanzado?-
-Solo cuando estoy asustado.-Repuso el con una con una seriedad que mereció una mirada escéptica por parte de ella.
-¿Y de que podría estar asustado?-
-De perderla.-
Bella contuvo el aliento ante su mirada sincera,que le decía que no estaba asustado de lo que sucedía entre ellos aunque ella si lo estuviera.
-¡No! ¡Por favor no coquetee conmigo! No he venido en busca de una aventura.-
-En ningún momento lo había pensado.-
-¡Oh!-Exclamo ella confundida-Entonces ¿Por que...?-
No pudo continuar,tenia miedo de quedar como una tonta.
El respondió a la pregunta que no había terminado.
-Odio comer solo,la oportunidad de tener una compañía encantadora era
demasiado fuerte para pasarla por alto.
Si he parecido un poco lanzado lo siento,pero no me parece que comer en un restaurante sea una aventura.¿No le parece?-
-Si lo dice de esa manera no,pero...-
-¡Muy bien!-Le interrumpió de nuevo.-Ahora que hemos dejado claro eso quizás podamos tutearnos.-
Bella dudo un momento y al final decidió que no había nada malo en ello.
El le estrecho la mano,se la llevo a los labios y beso sus dedos.

martes, 13 de diciembre de 2011

Corazon de tempano

Mis disculpas por la ausencia mis niñas,pero la inspiracion no me llegaba.
Rina hermana,gracias por aguantarme,eres la mejor,te quiero.



Capitulo 7

Mire hacia la persona que se encontraba tumbada en esa camilla,en su muñeca se encontraba con una aguja el tubo por donde le pasaban el tratamiento con el que hasta ahora,lo mantenían estable.
Me acerque hasta el y cogí su mano,el abrió sus ojos lentamente y me observo asombrado,tenia la cara pálida y los labios resecos.
Su voz sonó débil cuando me hablo.
-¿Bella?-
-Si papa,aquí estoy.-
-¿Como has sabido que estaba aquí?-
-Edward se esta encargando de tu bienestar papa.-
Dije señalando al hombre que aun estaba en la puerta.
-Es mi prometido.-
-¿Edward?¿Edward Cullen?-
-Así es papa-
-He oído hablar de el,es muy rico Bella.-
-Si papa,lo es.-Dije tragando saliva,no me importaba nada el dinero que Edward pudiera poseer,solo la salud de mi padre.
-Bella no tienes porque verme así.-
-No digas tonterías papa,no pienso moverme de aquí.
Esta vez no te dejare,nada me hará cambiar de opinión.-
-Estoy cansado,dormiré un rato.-
-Esta bien papa-Le dije con voz rota.
Sabia lo que estaba haciendo,me daba la espalda de nuevo,aun en sus peores momentos no quería que estuviera a su lado.
Me di la vuelta y camine hacia la puerta,pase por al lado de Edward sin decir palabra,apoye mi espalda sobre la pared ya fuera del cuarto,y deje que las lagrimas resbalaran por mi rostro en silencio.
Sentí como alguien me alzaba en brazos y echaba a andar conmigo por los pasillos del hospital.
Ni si quiera me moleste en discutir con el para que me bajase,solo escondí mi rostro en el hueco de su cuello y llore desconsoladamente.
Deje que las lagrimas cayeran por mi rostro mojando a Edward,si eso le molesto,el no dijo nada.
Perdí la noción del tiempo,no sabia el lugar en donde estaba porque tenia los ojos cerrados,sentí como comenzaban a pesarme los parpados,no luche contra ellos y deje que se cerraran.
Antes se sumirme en mi sueño pude sentir algo,una mano que acariciaba mi cabello suavemente relajándome.
No abrí los ojos ni dije nada,me sentía segura entre sus brazos.


Escuche una voz cerca de mi,hablaba susurrando.
Abrí mis ojos despacio y enfoque mi vista.
Estaba en un cuarto que no conocía,como una sala de espera,apenas y quedaba la luz del sol.
¿Cuanto tiempo había estado durmiendo?
Entonces recordé todo,el hospital,mi padre,las lagrimas...
Oh dios mio,había estado llorando sobre Edward hasta quedar dormida.
Me gire para verlo,estaba sentado justo a mi lado con el móvil en la mano,al parecer había estado hablando.
Nos miramos a los ojos,contemple su belleza,sus orbes verdes,su cabello desordenado...
Y recordé sus dedos acariciando mi pelo,como me dejo llorar entre sus brazos son decir una sola palabra.
Sentí algo extraño dentro de mi,preferí ignorarlo,seguramente el debía de estar muy enfadado.
-¿Como te encuentras?-Hablo de repente.
-Mejor-Le dije titubeante.
-¿Donde estamos?-En la sala de espera que Rosalie dispuso para nosotros,supuse que seria un lugar mas privado y cómodo para ti,el sofá es bastante amplio.-Me respondió algo nervioso.
-Edward lo siento mucho,perdoname por la escena,se que a debido molestarte.-
-No te preocupes por eso ahora.
Es tarde,sera mejor que nos vallamos a casa.-
Dijo levantándose del sofá.
-Edward-
-¿Si?-
-Quiero quedarme.-Le solté de golpe.
El me observaba en silencio.
-Es mi padre,se que no me quiere a su lado,pero aun así mi lugar esta a su lado,necesito saber que estará bien.-
-Bella,tu padre se encuentra en las mejores manos.
Puedo asegurartelo,sin embargo.....-
-¿Que?-Ambos nos mirábamos a los ojos.
-Entiendo tu preocupación,hablare con Rosalie para que te preparen un cuarto.-
-Eso no sera necesario,puedo dormir en el sillón del cuarto de mi padre.-
-Bella,me has pedido quedarte,si quieres hacerlo al menos deja que sea cómodamente.-
Y sin apartar su mirada de mis ojos me dijo.
-Por favor-
El aire abandono mis pulmones,se mostraba atento y preocupado.
No sabia que pensar al respecto,no estaba acostumbrada a que me tratase así.¿Estaba siendo sincero?
¿Oh algo se traía entre manos?
No sabia si confiar en el,sus cambios de humor eran como latigazos para mi.
-Esta bien Edward,me quedare donde dispongas.-
El asintió y salio para buscar a Rosalie.


Las siguientes semanas fueron una completa locura,pasaba los días y las noches en el hospital,solo iba a casa a ducharme y cambiarme de ropa.
El viernes por la tarde me case con Edward,fue en un juzgado,con su madre y su hermana como únicos testigos.
No hubo invitados,flores,ni ningún despliegue de ese tipo.
Nos casamos,cenamos en un restauran junto a su familia,y regresamos a casa.
Esa noche dormí en la orilla de la cama sin pegar ni ojo en toda la noche,Edward no me toco ni dijo nada,por lo que supuse que no reclamaría sus derechos como marido.
Cuatro días después,Esme y Alice se marcharon,preguntaron por la luna de miel,a lo que yo alegue que no pensaba dejar a mi padre en eso momentos.
Edward me lo agradeció con una mirada,ya que el parecía estar nervioso.
Desde aquel día en el que llore sobre el,Edward estaba cambiado.
No es que ahora fuese amable,si no que apenas y cruzaba palabra conmigo,ni si quiera lo veía.
Cuando yo iba a casa,el estaba en la oficina,y cuando estaba el,yo me encontraba en el hospital.
Estaba sentada leyendo,cuando mi padre me hablo.
-Bella,ya han pasado tres semanas,me operan dentro de poco,los médicos aquí son atentos y eficientes.
Puedo apañarmelas solo,tu puedes volver al lado de tu esposo.-
Deje el libro a un lado y me acerque hasta el.
-Papa,ya te dije que iba a estar a tu lado,no me molesta estar al pendiente de ti,al contrario.
Te echaba mucho de menos.-
El me observo con el rostro duro.
-Yo no puedo decirte lo mismo,me encontraba mejor sin ti.-
Me quede helada por sus palabras,de repente,sentí frió.
-No puedes estar hablando en serio papa,soy tu hija.-
-No hace falta que me recuerdes de quien eres hija,vuestro parecido me lo recuerda cada vez que te veo.-
-Papa-Musite con la voz ahogada por el dolor.
-Yo te quiero,no me eches de nuevo de tu lado,por favor.-
-Lamento ser tan duro,pero no quiero que vuelvas,preferiría no volver a verte.-
Cada palabra suya era como una puñalada al corazón,no podía creer que mi padre no sintiera amor por mi.
Me había casado con un hombre al que no amaba por el,pero el me apartaba porque le recordaba a mi madre.
No aguante mas,salí del cuarto y corrí.
Corrí sin saber a donde iba ni porque.
Mis ojos estaban abnegados en lagrimas,no veía por donde iba.
De repente impacte contra alguien,quise disculparme y seguir mi camino,pero sus brazos me envolvieron sin darme tiempo a moverme o articular palabra.
-¿Bella que ha ocurrido?-
Levante la cabeza confusa.
¿Que hacia Edward allí en medio de la calle?
-¿Edward?-
-Si,iba en el coche y te vi correr.
¿Le ha ocurrido algo a tu padre?-
Mi padre,sus palabras volvieron a mi mente,y solloce sin poder evitarlo.
Edward solo me tomo por la cintura y me condujo hasta el coche,una vez en casa,me llevo en brazos hasta la cama.
Me senté en ella un poco mas calmada,el me miraba como preocupado,lo cual me resultaba extraño.
-Mi padre esta bien.-Dije al fin.
-¿Entonces porque estas así?-
Le relate todo lo sucedido,desde mi infancia hasta este momento.
Como mis padres se habían separado y el porque nunca había tenido su cariño.
Nunca sentí que tuviese una familia,por eso anhelaba formar la miá.
El escucho cada palabra sin interrumpirme,cuando termine,se quedo a mi lado,yo me acosté en la cama y cogí su mano.
Cerré mis ojos y el sueño vino a mi.
Mientras me quedaba dormida,me pareció escuchar algo.
Pero no podía ser,seguramente ya estaba soñando,por lo que no habrá los ojos y me deje llevar al mundo de los sueños mientras esas palabras rondaban mi cabeza.
Que me esta pasando contigo.”

Como ven Edward esta sintiendo algo.
¿Quieren mas?
Besos las quiero

domingo, 11 de diciembre de 2011

Su Venganza Cap 13



Estaba sola en el saloncito. Su padre y mamá Renée habían ido a una reunión. Edward no había regresado de la fábrica y ella se moría del tedio entre aquellas cuatro paredes.

De súbito, Angella le anunció la visita de Alice. Y Bella salió gozosa. De todas las amigas era a Alice a quién más apreciaba. Esta nunca pudo soportar a Jacob y se lo había dicho de todos los tonos, pero en aquel entonces Bella estaba ciega y un tanto alborotada, diría Edward.

La recibió con los brazos abiertos, y se sentaron en el sofá cerca del ventanal. Las luces del saloncito estaban apagadas, y Bella hizo intención de encenderlas, pero su amiga le pidió que no lo hiciera.

- Bella, ¿sabes a lo que vengo?

- A verme, creo yo

- Claro esta, pero vengo exclusivamente a regañarte porque no os avisáis de vuestra boda - decía haciendo un puchero

- Eso lo puedo explicar, Alice

- Pero, además... vengo con un recado de Jacob - dijo haciendo cara de asco al pronunciar su nombre

- Pero, Alice, tú..., ¿trayendo recados de un hombre al que nunca soportaste?

La otra se echó a reír


- Ni soporto, querida; es que tanto me fastidió, Bella, que no tuve más remedio que acceder para que me dejara tranquila. Recibió la sortija y la tarjeta que le enviaste, pero él no está conforme. Dice que no puede admitir en modo alguno que te hayas casado con...

- Sigue.

- Es un poco duro, querida.

- ¿Y qué importa? Tú repites sus palabras.

- Un viejo cara pálida y desagradable y encima es un ingeniero de pacotilla, que no te llega ni a los talones.


Bella, quedó desconcertada, después le entró un ataque de risa tal, que estuvo a punto de perder la respiración.

- ¿Un hombre viejo Edward, Alice? ¿Sabe Jacob lo que dice? Dios mio - susurro soñadora -, ¿cómo es posible que no conozcan aún a mi maravilloso marido? ¡Un ingeniero de pacotilla Edward! déjame que me ría, Alice. El lo más gracioso que he oído en toda mi vida.

- Pues déjame, que te diga mi querida que apenas he sentido nombrar de él, pero lo que se comenta en la ciudad, es que es un hombre muy guapo y respetuoso, quizás, Jacob se refiere a su...

- ¿A su capital? - exclamó Bella divertida - Por Dios Alice, tu no pensarás igual que él ¿verdad?.

- ¡Claro que no! . Sabes muy bien Isabella Swan que jamás me he fijado en la posición económica de un hombre y de enamorarme lo haría hasta de un lingera, me conoces Bella.

- Lo sé amiga, pero déjame contarte que Edward posee casí la misma cantidad de dinero que yo, e incluso él es el encargado de que mi capital haya aumentado considerablemente estos tres últimos años, él es maravilloso amiga.

- Me alegro, entonces por ti amiga, ni bien tenga oportunidad se los haré saber a todos así se dejan de tanto chismorreo malintencionados.

- Haz lo que quieras, amiga.

- He tenido más de una discusión con Jacob por esto amiga, se empeña en decir que tú le amas y que te casaste por vengarte de sus antiguas calabazas.

- Extraña venganza la mía, querida. No, Alice. Dile a Jacob que me deje en paz, que amo a mi esposo como no amó mujer alguna, ¿comprendes? Dios mío ¿cómo es posible que Jacob se compare con Edward? Nunca quise a Jake. Jugué a declararme. En aquella época leía muchas novelas de amor y creía de buena fe que era cierto cuánto me decían y yo encarné el papel de una protagonista audaz. Después me reía de mí misma y de Jacob. Puedes decírselo así, sí lo deseas... de todos modos, puedo jurar que me tiene sin cuidado la opinión que mi matrimonio le merezca a Jacob o a cualquier otro, amiga.

Se rieron escandalosamente y Bella comenzó a contarlo todo lo referido a su boda, claro omitiendo la parte del acuerdo y de la magnifica noche de bodas que nunca llegó a concretarse.
Bella le relató lo bueno que era su marido, y cuanto la respetaba. 

Alice la escuchaba atenta y se sentía muy feliz por su amiga.

Se oyeron pasos en el corredor, y Bella se estremeció. No deseaba en modo alguno que Alice penetrara en su secreto. Todos tenían que creer en la evidencia de su gran felicidad conyugal, y con tal propósito se puso de pie. 
Vestía una bata de casa y estaba francamente encantadora dentro de esas gasas blancas que parecían envolverla voluptuosamente.

- Es mi marido - dijo mirando a Alice

En efecto en el umbral se recostó la figura esbelta de Edward. Alice sin proponérselo, miró de arriba abajo a aquel monumento de hombre y sonrió. No conocía a ingeniero y quizá por esto espió la pareja.

Y vio un tanto asombrada, que los ojos de Bella brillaban humedecidos al clavarlos en los ojos ciertamente bellos del hombre cuya espalda se inclinaba suavemente hacia su esposa. La besó ligeramente en los labios y después le paso un brazo por los hombros.

- Edward - dijo Bella -, te voy a presentar a mi amiga Alice. Hemos sido compañeras de estudios durante mucho tiempo. Mi esposo, Alice.

Edward besó galantemente la mano de la joven y ésta se puso de pie excusándose. Podrían decir lo que quisieran, más ella creía, desde aquel instante, en el amor que Bella profesaba a su marido. Y pese a todos los malos pronósticos, Edward era, a los ojos de Alice, sencillamente fantástico.

Bella acompañó a su amiga hasta la puerta y luego volvió al saloncillo.

Edward estaba de pie tras el ventanal y miraba la calle con los ojos vagos, como si pensara en algo muy diferente.

Hacia tres días que estaban en la ciudad nuevamente.
Aparte de los momentos como aquel, en que salían los padres de Bella, no la veía apenas. La joven, por una u otra causa, se encerraba en sus habitaciones y aún cuando él hacia ver que se reunía con ella, por lo regular se encerraba en el despacho a meditar.

- Ya estoy aquí, Edward

Se volvió y la contempló con los parpados un poco entornados. Avanzó hacia ella y sonrió.

- ¿A dónde han ido tus padres?

- A una reunión. No tardarán en llegar. ¿No te sientas? Diré a Angella que te traiga un café.

- No es preciso, estoy bien así.

Se dejó caer en el diván y ella lo hizo a su lado con naturalidad.

- ¿No piensas salir de casa, Bella? Por mí puedes hacerlo siempre que lo desees.

- ¿Sola?

- ¿Por qué no? ¿O acaso temes a Jacob?

- Me estás ofendiendo, Edward, y tu lo sabes muy bien.

Ante aquella respuesta, Edward la atrajo hacia sí y la besó largamente en el cuello desnudo. Bella se estremeció pues no estaba acostumbrada a que Edward la besara.
Solo una vez, allí en la finca, la había besado y de aquel beso surgió el amor, pues los demas besos no contaban eran solo mentira. ¿La amaba Edward a su vez?
No, Edward era demasiado... demasiado hermético para entregar su ser a una mujer caprichosa como ella.

- Déjame, Edward. Te lo suplico.

- ¿Te molesto?

- No.

- ¿Entonces?

- !Oh, Edward, querido, por favor!

Pero Edward no la dejó. Siguió besándola cada vez más apasionadamente, sus manos comenzaron a recorrer ese glorioso cuerpo, que él tanto deseaba; Y Bella, que al principio pretendió apartarse, se quedó inerte en sus brazos con los ojos semicerrados sintiendo los besos de Edward, ahogó un grito cuando él la coloco en sus rodillas y pudo sentir su enorme erección debajo de ella. Comenzó a acariciarlo con más ímpetu, recorrió los músculos masculinos de su espalda y tiro de su cabello cuando este la apretó aun más contra la entrepierna, él le comenzaba a desatar la bata y sus manos sabias acariciaban sus pezones cuando...

Se oyeron pasos en el corredor. Y ambos con prisa, se incorporaron.

- Son mis padres -susurro nerviosa

Maquinalmente arregló el cabellos, cerró su bata con fuerza y él solo trato de ocultar su erección colocando sus manos en los bolsillos de su pantalón, ella desvió la vista y sonrió ante aquella maniobra de su marido.

- ¡Bella! - dijo él entretenido

- Hay que ser prudentes, Edward - musití ella, casí sin voz totalmente ruborizada.

Edward saco un mano de su bolsillo y  le rozó la mejilla.

- Pero te gustan mis besos, querida.

- Sí.

El hombre no tuvo tiempo de reaccionar porque en el umbral del saloncillo se hallaban los señores Swan.

- Qué tiempo más desagradable, hijos - suspiró la dama - y que velada mas sosa... ¿No es cierto, Charlie?

- Me he divertido - rió el caballero - ¿No habéis salido?

Edward y Bella continuaban de pie en medio de la estancia. El brazo masculino descansaba ahora en los hombros de la joven y ésta apoyaba su cabeza en el pecho de Edward. Formaban una pareja ideal, pero Charlie Swan que no desconocía las condiciones de dicho casamiento, distaba mucho de estar contento, aunque aparentaba lo contrario.

Confiaba que Edward, cuyo amor hacia su hija no ignoraba, supiera llegar al corazón caprichoso de Bella, pero no estaba muy seguro de que él ingeniero lograra su propósito.




MMMM, QUE LES PARECIO ALICE DIVINA COMO SIEMPRE NO!!!
JAJAJAJA LA ATRACCIÓN ES MUTUA Y VEREMOS COMO LES VA CUANDO VEAN QUE ES MUCHO MAS QUE ESO...!!!

GRACIAS A TODASSSSSSS CARIÑOSSSSSSS

sábado, 10 de diciembre de 2011

Su Venganza cap 12



La noche pareció detenerse para ambos, él por su parte acabó por fumarse todos los cigarrillos, sabía que Bella quería algo más, lo había notado en su expresión cuando la dejó en su alcoba, pero él no podía ceder ahora, por más que lo deseara con todo su ser, debía ser fuerte por ella, porque por más que era su esposa, en el fondo seguía siendo una niña, su pequeña se dijo; se odio aún más al recordar los motivos que lo llevaron a casarse con ella.

Si tan solo hubiese sido un poco mas fuerte, habría dejado que la joven siguiera con su vida, pero... no... tuvo que ser el idiota más grande del mundo, y caer con ese estúpido plan de casarse con ella; bueno lo único reconfortan te de todo esto era que de esa manera ella estaría alejada de ese maldito bastardo, que ya nunca más se atrevería a tocarla, a besarla, porque ella era su esposa, suya y de nadie más.

Su cuerpo convulsionó de rabia, ¿Y si ella aún lo deseaba?, ¿Si se arrepentía de su decisión?.

Bueno eso era algo que habían hablado pero, él no estaba listo para dejarla escapar, no todavía ni nunca solo ella podría romper con su acuerdo él jamás la dejaría.

Bufó mientras se incorporaba de la cama, necesitaba un poco de aire fresco.

Salió hacia la terraza y el frío le congelo los pulmones, eso no lo detuvo estaba totalmente excitado pensando en la hermosa muchacha que de seguro dormiría con escasas ropas en la cama. se tendió en una hamaca y se dejó tentar por sus fantasías imagino el cuerpo de Bella, tan suave y sedoso como el satén, la piel blanca y aterciopelada, sus pechos redondos y firmes en sus manos, tenían la medida justa, su cintura tan estrecha tan pequeña rodeando por sus brazos, su boca, ¡¡dios!! amaba esa boca; pero poco a poco caí en un sueño profundo en medio de la obscura y fría noche.

Bella se sentía fatal, trato de calmar sus ansias de mujer, recordó que ese no había sido el trato, solo serían marido y mujer frente a los ojos de los demás, él se lo había dejado bien en claro y ella no hubiera accedido a tal acuerdo de no ser así, pero... que demonios le estaba pasando.

¿Por qué lo deseaba con tantas ganas? ¿sería el hecho de estar solos en la finca lo que habría despertado sus más bajos instintos? no, se dijo así misma, era él Edward. Su esposo.

No podía creer lo ciega que había estado, como es que nunca se había vuelto a mirar a aquel hombre, bueno lo había hecho tres años atrás, pero eso no contaba.

Se revolvió inquieta en la cama, cerro y los ojos y dejo su mente divagar.

Lo vio entrar en su cuarto, con el cabello húmedo por su reciente baño, él se acercó lentamente y sin más me besó, su boca danzaba en la mía,era poderoso, exigente, hundió una mano en mi pelo para profundizar el beso y por fin mis manos reaccionaron, metiéndose en el suyo, era increíblemente suave, pellizcó ligeramente mi pezón con la otra mano por encima del minúsculo camisón de seda, provocando en mí que gimiese y mi espalda se arquease hacia él, buscando más contacto. Abarcó mis pechos con sus manos, apretando ligeramente, sopesándolos. Se separó y me miró a los ojos, no sé qué pudo ver en los míos, pero en los suyos había un brillo triunfal, estaban de un verde oscuro que nunca antes le había visto…

Sus manos acariciaban mi piel bajando por mi torso, mi cintura, mis caderas…él dejaba suaves besos por mi escote, hasta que... un fuerte golpe me saco de mi sueño erótico y note que me encontraba en el suelo.

Maldeci por dentro, era una tonta él jamás se atrevería siquiera a tocarme me lo había dicho, salí furiosa de mi cuarto sin siquiera tomar mi bata para cubrirme.

Legué a la terraza y aspire aire puro, la piel se me erizo al percibír el frío que hacia, me gire sobre los talones y algo llamo mi atención, me acerqué y lo vi. Era Edward estaba profundamente dormido y apenas llevaba puesto el pantalón del pijama; el pecho se me estrujo era tan hermoso y tan frágil se veía como un niño ahí dormido y tenía una hermosa sonrisa en los labios, me acerqué lentamente y toque su rostro, aghh era tan suave y perfecto pero estaba helado, a mi pesar tuve que despertarlo de lo contrario se enfermaría.

- Edward. Edward. Levántate, por favor, vas a enfermarte.

Una suave melodía me llegó a los oídos y me hizo reaccionar. Era ella, estaba a escasos centímetros de mi y parecía una diosa, el cabello suelto le caía como cascada por la espalda, pero lo que me termino por despertar fue el pequeñisimo camisón de seda que llevaba puesto, de color blanco hacia que su piel se viera más frágil, mas hermosa y más tentadora.

Me incorpore de inmediato. Ella tomo mi mano y yo la seguí como un poseso.

- Te has quedado dormido ahí afuera, querido - dije más nerviosa de lo que pensaba

Él me miraba embobado y note que apenas traía el camisón, me sonroje y Edward cambió su mirada.

- Salí a tomar un poco de aire y me quede dormido, siento mucho el haberte molestado, Bella; pero Gracias de no ser por ti hubiese pescado un resfrío.

- Yo también salí a tomar aire - conteste

- Parece que somos dos los que tenemos insomnio ¿no? - preguntó, cada vez más excitado al ver la figura femenina que estaba frente a él.



- Espera, Bella - la detuve.

 ¿Sí? - dejo ella esperanzada.

-  Te acompaño, yo también creo que ya tome suficiente aire - tomo su mano fuertemente y juntos se dirigieron cada uno a su alcoba.

- Que descanses, pequeña.- dijo al fin más frustrado que antes.

- Igualmente, Edward.

Se despidieron sin besos, ni caricias tan solo una mirada bastó para derrumbar los a los dos; pero ninguno se atrevió a decir nada, él salió lentamente abrumado por sus deseos y ella cerro la puerta tras de si aturdida por el fuego de su propia pasión.


La semana paso volando. Al día siguiente se encontrarían con sus padres en la ciudad. Bella vagaba por el bosque arriba de su pura sangre enfrascada en sus propias reflexiones, hoy Edward no la acompañaba.

Hacía varios días, seis seguramente, que estaba casada y que vivía con Edward. Apenas si podía creer lo que había vivido hasta ahora, él era sencillamente magnifico, aunque nunca más la besó luego de la boda y eso la tenía inquieta. Podía ver en sus ojos que Edward la deseaba, ella se había encargado de seducirlo usando la ropa más atrevida que poseía desde faldas cortisimas, calzas extremadamente ajustadas y los más increíble escotes y nada, él solo se quedaba mudo por unos instantes y luego todo volvía a la normalidad, era frustrante, ese hombre parecía incorruptible .

Para ser franca consigo misma había de confesarse que le gustaba Edward, más de lo que hubiese querido. Sus ojos profundos, su boca firme, su cabello castaño dorado era esplendido. No amaba a Edward, al menos ella lo creía así; pero Edward era su marido y...

Bueno, Bella era bastante audaz en sus pensamientos. Y pensaba que jamás supo que era un beso de amor. ¿No era ridículo? Pues lo era, claro que sí. Edward le sonreía estúpidamente, seguía su juego de palabras con un acierto extraordinario, pero jamás se extralimitó, y Bella, que era tan caprichosa e impulsiva, juraba y perjuraba que no estaba enamorada del ingeniero.

Aquella tarde, ya anocheciendo, el pura sangre atravesó el parque y Bella, al llegar a la escalinata, se tiró al suelo y vio a Edward en pie, tan serio como siempre en el medio de la terraza leyendo unos documentos.

Aparentó que no lo veía y subió la escalinata en varios saltos casi acrobáticos. Llevaba la cabeza inclinada hacia el suelo y procuraba no elevar los ojos, un tropezón... Y claro, tal y como lo había calculado tropezó con las pierna de Edward. Este se tambaleó y Bella aparentando un susto que no existía, se colgó de su cuello y se apretó contra él, los papeles salieron disparados por cualquier parte.

- ¡Querido! -suspiró - ¡Qué susto me he llevado!

Lo miró a los ojos. ¡Oh, los ojos centelleantes de Bella! Ella con la mayor naturalidad del mundo, continuó colgada del cuello masculino y su mejilla rozó la de Edward una y otra vez como si aún estuviera asustada.

El hombre, un poco pálido, apenas respiraba. Entrelazó sus dos brazos en el cuerpo de ella. La acarició una y otra vez dulcemente y Bella se mantuvo muy quieta dentro de sus brazos, como si el terror aún la paralizaba.

- Ha sido un susto terrible, querido -

- Ya ha pasado - dijo él aparentemente sereno - Anda se buenita y ayuda a juntar estos documentos. Después iremos al comedor.

Bella se apartó de él con ira contenida y le alcanzó los benditos papeles.

- ¿Qué te pasa?

- Nada, Edward. ¿No nos vamos a marchar nunca de aquí? Te advierto que ya estoy harta de esta soledad...

- Me tienes a mí, querida -

- Ya. Es un gran consuelo.

Hermosísima dentro de sus ropas de montar un tanto atrevidas, pues aprisionaban sus formas con audacia, se perdió tras la puerta de cristal, jurándose a sí misma no volver a representar comedía alguna. Edward era de... hielo, sencillamente.

Se desvistió precipitadamente. Se puso un modelo de tarde de lo más recatado que encontró y bajó de nuevo junto a él. Comieron en silencio. Después, Bella se hundió, como siempre, en el diván, y, Edward se reunió con ella minutos más tarde

-  Nos iremos mañana - dijo Edward con naturalidad - Creo que es hora de reintegrar me a mi trabajo. Ya estuvo bien la luna de miel.

- ¿Luna de miel?

- Al menos eso es lo que creen tus padres.

- ¿Y vas a hacérselo creer cuando estemos juntos? Porque te advierto que sabes disimular muy mal.

Edward se echó a reír, Bella odiaba aquella risa de Edward, breve, burlona, casi ofensiva.

- Voy a hacerles creer que te quiero, ¿por qué no? ¿Acaso crees que no sé?

- Me parece que no.

- Ven aquí, no seas tonta. No te marches aún. Es temprano. Te diré que sé fingir, ¿comprendes? Creo que tú no sabrás tan bien como yo.

La agarró por la cintura y la dobló contra su cuerpo. La pobre Bella quedó aprisionada con los ojos alzados hacia los de Edward, que sonreían humorísticos.


- Suéltame; ahora nadie nos ve, estamos solos.

- Pues por esa misma razón. Si tus padres estuvieran aquí, no me atrevería a tanto, ¿sabés?

Inclinó la cabeza y contempló a Bella, cuyos labios temblaban de aquel modo tan perceptible mientras ella se los mordía inconscientemente. Se miraron durante breves segundos. Después el ingeniero aplastó la boca contra la de Bella y la besó fuertemente con pasión, hasta casí hacerle daño. Ella quedó inerte con los ojos aún clavados en los de él y suspiró hondo.

- ¿Se fingir?

- Demasiado bien. ¿Y crees que yo no sé?

- ¡Qué vas a saber!

Era demasiado. Bella de un salto se puso en pie. Después echo el busto hacia adelante y tomó entre sus dos manos el rostro masculino. Clavó su mirada centelleante en la Edward y susurró:

- Se mejor que tú, Edward. Al menos yo no pienso lastimarte.

Y lo besó en plena boca con ardor, con suavidad al mismo tiempo, dulce y apasionante. El hombre se estremeció y la atrajó hacia sí. Uno en los brazos del otro permanecieron muchos minutos. Besó ella y besó él y al fin, la voz desfallecida suplicó:

- Déjame ya, Edward. Es demasiado.

Edward quedó con los brazos vacíos y los ojos clavados en la puerta tras la cual se perdía el cuerpo maravilloso de aquella niña caprichosa que sabía ser mujer cuando se lo proponía.

A la mañana siguiente, sin recordar en voz alta la terrible escena pasional en el gabinete, ambos se trasladaron a la cuidad.

Pero Bella tenía los ojos muy brillantes. Y Edward no parecía tan serio e indiferente como antes. De vez en cuando agarraba la mano femenina y la llevaba a sus labios. Ella se mantenía quieta. Y dejaba su mano a merced de Edward, siempre que éste lo deseaba.

Cuando el precioso Volvo color plata enfilaba las primeras calles de la ciudad, Edward observó, sin dejar de atender al volante:

- Espero, Bella, que no me humilles con Jacob. Sería terrible para mi y ... para ti que se supiera en las condiciones que nos hemos casado.

Ella contemplo dulcemente el anillo de oro que aprisionaba su dedo y sonrió.

- Me interesa ocultarlo tanto a más que a ti, Edward.

- Bella...


- ¿Qué?

- No quisiera que me guardaras rencor por... por lo de anoche.

A su pesar Bella se estremeció.

- ¿Me has oído, pequeña?

- Los dos hemos sido culpables, Edward. No tenemos nada que echarnos a la cara.

El auto se detuvo, ambos saltaron al suelo. Edward tomó el brazo femenino y susurró, inclinándose hacia ella:


- Quiero decirte, Bella, que anoche me sentí feliz.

- ¿No estabas fingiendo? - rió queriendo ser burlona, pero lo cierto es que estaba emocionada.

- A tu lado no se puede fingir ciertas cosas, querida. Caminemos. Mira a tus padres.

Bella se soltó y corrió hacia aquellos maravillosos papás que... la habían ayudado a encarcelarse para toda la vida.

Pues Bella, la noche anterior comprendió una cosa grandiosa: amaba al severísimo ingeniero que la besó hasta dejarla casi sin respiración


JAJAJAJAJAJA GENIAL UN EXTRAÑO JUEGO ESTÁN LLEVANDO A CABO ESTOS DOS Y PARECE QUE PRONTO CAERÁN, VEREMOS QUE PASA AHORA QUE ESTÁN NUEVAMENTE EN LA REALIDAD.

GRACIAS A TODASSSSSSSS CARIÑOS

Su Venganza cap 11



Regresaba del paseo matinal. Descendió del caballo y pisó el primer escalón. Vestía una calza negra, jersey del mismo color y la zamarra de piel marrón. La quitó y ascendió con ella en el brazo. Toda la figura sugestiva de mujer fascinadora se mostró ante los ojos de Edward, que ni siquiera parpadeo al mirarla. 


Ella llegó a la terraza, tiró la zamarra sobre un sillón de mimbre y después se quitó la víscera. Agitó el cabello, quitándose los guantes, la fusta voló por el aire y cayó sobre la mesa en el centro del vestíbulo.

Se sentó en el brazo del sillón y balanceó una pierna. La maravilla de los ojos cafés se clavó en el rostro un poco pálido del ingeniero y dijo en voz vibrante:

- Señor Cullen, puede usted pedir la mano a mi padre.

- ¿La suya? - dijo Edward aturdido de emoción.

Ella se echó a reír.

- Por supuesto - alargó la mano -. ¿Amigos? ¿Me promete usted sincera y desinteresada amistad?

Edward tomó la mano y la apretó fuertemente.

- Lo prometo. Si quiere, se lo juro.

- No es preciso. Me conformo con su palabra, señor Cullen; ¿por qué lo hace? ¿Por qué me ayuda si en realidad sabe que esta ayuda es casi innecesaria?

- Si no es mi esposa lo será de Jacob Black, y prefiero que lo sea mía.

- ¿Por qué?

- Porque Jacob no sabría respetarla y yo sí

- ¿Lo hace usted por mi padre o por mi?

- Por los dos - repuso enigmático.

- ¿Y no tiene miedo a enamorarse de mi?

Bella observó que Edward se reía escandalosamente. Parecía más jovial, más interesante. Vestía un pantalón de franela, la chaqueta de ante cerrada. Sí, Edward Cullen era un hombre más que interesante, un poco contrariada por aquella reacción, se irguió desafiante.

- No creo haber dicho ninguna tontería, señor Cullen.

- Claro que no; pero todas las mujeres dicen eso, amiga mía, nunca piensan que pueden ser ellas la encarceladas.

- Por mi parte soy inmune a eso.

- Entonces, señorita Swan, por la mía también. Seremos dos buenos amigos, ¿no es cierto? ¿Cómo prefiere que se lo comunique a su padre? ¿Diciendo la verdad o inventando una sugestiva mentira?

- ¿Sabe usted, señor Cullen, que me está resultando un poco... juguetón? ¿A donde esta su seriedad?

- A su lado ningún hombre puede resistirse, amiga mía - acentuó esta ultima frase más emocionado que nunca.

- ¿Eso es galantería?

-Espero que de vez en cuando me permita galantear la. Esto no entra en nuestro contrato, pero aun así creo que seria bien visto por los demás ¿no lo cree, señorita Swan?

Bella pensó que era una estúpida forma de alejarse de Jacob. Aquel hombre, Edward Cullen, no era tan serio como parecía y, por supuesto, podía amársele sin grandes esfuerzos. Se concentró en si misma pensando volverse atrás, pero la aventura era tentadora, ella más de una vez había soñado con ella, ¿por qué no intentar enamorar a un hombre que parecía o pretendía ser invulnerable?

- Dígale que nos amamos - se encontró diciendo sin saber por qué - añada que fue un flechazo. Nadie tiene por qué meterse en nuestro asunto intimo. Le advierto que a papá le encantará saber que me caso con usted. Lo esta deseando. Dice que usted es el hombre que puede dominarme, someterme - se echó a reír - Los padres a veces resultan un poco tontos, ¿no le parece?

- ¿Por su credulidad? - preguntó él un tanto burlón

- Claro

- Sí, a veces son tontos. Mire que imaginar que yo pueda dominarla y someterla... - se echó a reír. Su risa era falsa, enigmática, pero a Bella no se le ocurrió pensar en la realidad -. Bien. Le diré eso. ¿Cuándo nos casamos?

Bella pensó que se burlaba. Pero ¿por qué? Encogió los hombros y agitó la mano.

- Cuando ustedes lo dispongan. Desde luego, no pienso ir a la ciudad mientras no me lleve usted del brazo.

- ¿Tanto le temes a Jacob?

La tuteaba. A Bella le resultó un poco inquietante aquel tuteo. No obstante, lo admitió sonriente y dijo:

- No es que le tema. Pero tú has dicho que Jacob me atraía poderosamente y temo que sea verdad.

Edward no respondió, escondió su mirada bajo los párpados entornados, el simple hecho de que ella se sintiera atraída por ese bastardo lo ponía furioso.

- Hasta luego, Bella. Hablaré con tu padre ahora mismo.


Bella estuvo inquieta y desesperada toda la mañana. Buscó a su madre en el gabinete, se apretó en sus brazos y le dijo que pensaba casarse con Edward. La dama no demostró sorpresa ni sobresalto. La besó tan sólo.

- Serás Feliz - dijo

- ¿Feliz? ¿es qué lo sabías?

- No, me lo imaginaba. Desde el primer día en que lo vi supe que sería un buen esposo. El hombre que tu necesitas.

A la hora de comer, su padre la abrazó también. Edward no estaba.

- ¿Por qué, papá te muestras tan contento?

- Lo estoy, hijita. Eras una gran pesadilla para mi. Me gusta Edward, tengo puesta en él toda mi confianza.

- ¿Y donde está Edward, ahora?

- En la fábrica. Vendrá al anochecer. Tenemos allí mucho trabajo. Además, necesitamos ultimar algunos detalles sobre la boda...

- ¿Cuándo nos casamos?

- Pasado mañana

Bella se estremeció.

- ¿Ya?

El caballero sonrió enigmático. Por supuesto, no ignoraba nada relacionado con la boda de su hija y Edward, pero se abstuvo de manisfestarlo.


- ¿Acaso no se impacienta tu amor? - preguntó de un modo particular.

- Por supuesto. No obstante, me parece todo algo precipitado.

- Tenemos que volver a la ciudad, Bella. El trabajo allí nos reclama y, puesto que vais a casarse, justo y lógico es que la boda se realice cuanto antes mejor.
Por otra parte, no soy partidario de las grandes ceremonias. Tu madre y yo, cuando nos casamos, lo hicimos en familia, alejados de los ojos críticos de nuestros amigos. Yo seré vuestro padrino y mamá la madrina. Excepto el sacerdote y vosotros dos, no habrá nadie más, ¿comprendes?. A no ser claro está, que tú desees una gran fiesta.

- No la deseo.

- Me parece bien. Os casarais y, si lo deseáis, realizaréis un viaje, aunque he de comunicarte que la época no es muy propicia para que Edward se aleje de la fábrica.

- No es preciso realizar un viaje - repuso la joven indiferentemente -. basta con que nos quedemos en la finca una semana. Pretendo, tan sólo, acallar la lengua de mis amigos y desvanecer un tanto la ira de Jacob Black.

- Por esta razón pretendo llevar el asunto en el mayor silencio.

A Bella le agradó la determinación tomada por su padre. Temía que Jake, al enterarse de su enlace con otro hombre se presentara en la finca a reclamar derechos que no tenía y esto hubiera resultado incómodo.

Prefería aparecer en la ciudad casada con Edward. Era un triunfo sobre la soberbia de Jacob que se creía único.

Al anochecer, estando ella sola en la terraza, llegó Edward. Saltó del auto y ascendió las escaleras rápidamente, a Bella le dio un vuelco el corazón al verlo, recién ahora se sintió reconforta da y supo que fue por que él estaba cerca.
Vestía igual que en la mañana y llevaba bajo su brazo un maletín. Al verla, sonrió y dijo:

- Me he retrasado ¿cómo estás?

- Bien ¿vas a volver a irte mañana?

Edward trato de no reír al ver el puchero que inconscientemente Bella le regalaba. - No -

Enlazó su brazo con el de ella y le señaló la puerta del vestíbulo.

- Vamos a ver a tus padres. Luego charlaremos un poco en la terraza.

- ¿Has comido?

- Por supuesto, gracias. Ven.

Hacían una excelente pareja. Él era alto, esbelto y bien proporcionado. Y ella era sencillamente lindísima. Entraron juntos en el salón y el señor Swan corrió hacia Edward con el rostro sonriente de satisfacción.

- ¿Todo arreglado Edward?

- Absolutamente todo. Aquí tiene los documentos. Espero que quede usted satisfecho. El sacerdote vendrá mañana a las nueve.

Ella se soltó del brazo que la aprisionaba y miró a su... novio.

- ¿Es que fuiste a arreglar los asuntos para nuestra boda? - preguntó extrañada.

- Claro. Si es que vamos a casarnos es un tontería esperar. Tu padre y yo acordamos hacerlo cuánto antes mejor.

No respondió, ¿para qué?.

Edward dejó el maletín en manos de su futuro suegro y después se encaminó a la terraza seguido de Bella.

Acodándose en las hamacas como el día anterior. Bella suspiró.
No estaba muy contenta, pero tampoco contrariada. Después de todo, no creía mucho en el amor y esperaba ser feliz sin él. No obstante, Edward bajo su habitual frialdad parecía satisfecho, hasta contento.

- He visto a Black

Ella a su pesar, se estremeció.

- ¿Y bien?

- Me preguntó por ti.

- ¿Qué le has dicho?

- ¿Tanto te interesa saberlo?

- Es lógico que me interese.

- Ya. Le dije que estabas aquí. No mencioné para nada nuestra... próxima boda. Lo creía más conveniente.

- ¿Le temes?

- ¿Temerle? ¿Por qué? - sonrió - Ignoro a qué te refieres.

- Al temor de perderme - repuso con brusquedad

Edward se agitó en la hamaca. Y Bella se sintió empequeñecida, pues los ojos de Edward clavados en los suyos parecían más fríos, obscuros casi negros, mas enigmáticos y poderosos que nunca.

- Temo Bella, que ambos nos hayamos equivocado. No temo perderte porque no pienso poseerte nunca. Lealmente te ofrecí mi ayuda y no estoy dispuesto, ¿me entiendes? - añadió con sequedad -, a soportar tus ironías fuera de lugar. Debo advertirte, además, que no soy un hombre que haya planeado casarse nunca excepto si tú lo deseas ahora. Por esta razón te ayudo. ¿Qué importa estar soltero que jugar a estar casado? - hizo intención en ponerse de pie, pero ella se inclinó hacia él y con sus dos manos sujetó el brazo masculino - ¿Qué deseas ahora, Bella? - dijo con un hilo de voz.

- Perdóname, Edward. Perdóname, te lo ruego. No me he casado nunca y aun cuando lo hago de un modo absurdo, me pongo nerviosa sin acertar a definir las causas. Te ruego que seas tolerante conmigo. Quiero ser una buena amiga tuya, ¿comprendes? Aparte de nuestro matrimonio, de Jacob y de todos..., quiero ser tu amiga. 

Edward se sentó de nuevo y sonrió a medias.

- No me agrada en absoluto que me ofendan - dijo - Ni quiero tampoco que pienses en lo que no existe - recalcó frustrado por sus propias palabras.

Permanecieron silenciosos. Bella, con la cabeza echada sobre el respaldo de la hamaca parecía reflexionar. Edward, con la misma postura, en la suya, fumaba silenciosamente. De súbito exclamó:

- Bella, quiero recordarte que cuando lo desees puedes pedir la anulación.

Ella lo miró extrañada.

- Eso es cierto.

- Tu aunque pretendas hacerme creer lo contrario, puede llegar el día en que te enamores de verdad, y yo nunca seré un obstáculo para tu felicidad, sera como si nunca hubiese existido. Por mi parte si pasa otro tanto te lo haré saber inmediata mente.

Ella, no reaccionó inmediata mente, la palabras de él calaron hondo, en su pecho; había sinceridad en ella y Bella supo que ese hombre valía más que cualquier otra cosa en el mundo, igualmente no lo dijo y esquivando el nudo que se le formo en la garganta solo contesto:

- ¿No crees que un poco absurdo todo esto que dices?

- Por supuesto; pero..., ¡qué más da! - dijo aliviado por el tono en que ella había hablado pudo sentir que tal vez había una esperanza después de todo.


Se casaron sin titubeos por parte de ambos. Sabían muy bien lo que estaban haciendo. Bella respondió a las palabras del ritual sin una vacilación y Edward la imitó.

Después puso el anillo dorado en su dedo y apenas rozo sus labios en los de ella, quien lo miró sorprendida por su osadía. Sus padres los felicitaron y ambos sonrieron como dos niños tontos.

Bella cambió su hermoso vestido blanco que su madre le había mandado a comprar en la cuidad, se puso un pantalón de franela y una blusa azul un poco descotada. Estuvo toda la tarde hundida en el diván frente a la chimenea del gabinete, con las piernas encogidas y los ojos cerrados. Oía como muy lejanas las voces de su padre y de Edward. De vez en cuando mamá Renée decía algo y Bella entreabría la boca en una sonrisa dulcísima. Estaba a gusto. Parecía que las voces venían de muy lejos y, sin embargo, las tenía allí, allí mismo tras ella.

- ¿Vas a estar así toda la tarde? - preguntó una voz muy cerca.

Bella abrió los ojos y vio los de Edward casi pegados a los suyos.

- Estoy muy bien aquí. Podéis seguir jugando.

- Pero si estamos solos, querida.

Se sentó de un salto en el diván y miró alarmada a un lado y a otro.

- ¿Y mis papás? - preguntó con un hilo de voz

Edward se sentó a su lado, desviando la mirada de aquel busto prominente que amenazaba con salir de aquella hermosa blusa, encendió un cigarrillo sin prisa alguna. Después expelió una espesa bocanada aromática y dijo:

- Ellos creen que no existe ficción en nuestro matrimonio, pequeña. Y como buenos padres comprensivos se han ido a la ciudad. Al parecer pretenden que permanezcamos aquí una semana. ¿Estás de acuerdo?

¡Oh, se sentía muy nerviosa! ¡Después de todo, casi no conocía a Edward y no sabía de lo que era capaz! Sonrió dominando su inquietud y encogió los hombros con una indiferencia que no existía.

- Me parece bien lo que tu dispongas. Si es que nos han dejado solos..., bueno que le vamos a hacer.

Y se encogió aún más. Pero Edward miró sus piernas encogidas y Bella, ruborosa, las bajo rápidamente.

- Perdona - pidió - En realidad me porto como una niña.

- No te preocupes por mí ¿Cuántos años tienes?

- Veinte.

- Caramba, te llevo un poco mas de media docena

- ¿Cuántos tienes?

- Veintisiete

- Eres casi un viejo 

Y se echó a reír. La risa de Bella era fascinadora, sus labios temblaban y sus ojos centelleantes parecían más grandes. Edward clavó los ojos en los leños y sonrió entre dientes. Sabía muy bien a los peligros que se exponía viviendo con aquella muchacha; pero era fuerte y sabía la forma de alejarlos, pero... ¿realmente quería alejarse de ella?, no, por nada del mundo lo quería sólo estaba el gran problema de que no era correspondido con su amor, y él jamás la forzaría a quererlo.

- Cuéntame algo de tu vida - pidió ella, tras una pausa - Algo que no sepa claro está. 

Edward pareció concentrarse en sí mismo. Lanzó una breve mirada a su esposa y al fin dijo:

- En realidad tengo poco que contar, dime que deseas saber así será más fácil.

- Tienes dos hermanos más, ¿verdad?, apenas los recuerdo aunque creo que son mayores que tu ¿cierto?

- Si, Emmett es el mayor tiene treinta y tres años esta casado con Rosalie y tienen una niña muy hermosa llamada Kristen; mi otro hermano Jasper aun continua soltero el tiene treinta años dentro de poco vendrá a la cuidad a visitarnos.

- ¿Y tus padres?, Carlisle y Esme como se encuentran, hace años que no los veo.

- Bien, enamorados siempre el uno del otro, mi padre esta a cargo de nuestra empresa y Emmett le ayuda al igual que Jasper, mi madre se dedica a la casa.
Siempre fui un poco aventurero, Bella gran parte de mi vida la pase en Europa, estudiando y perfeccionándome, hasta que mi padre me llamó urgente para ayudarlo a salvar nuestra empresa.

- ¿Por que accediste a venir a trabajar para mi padre?

- Pues fácil, porque mi padre estima mucho al tuyo y cuando este le pidió un hombre de confianza no dudo en mandarme hacia aquí.

-Ya. Dime. Edward - susurro zalamera, colocando una mano en el brazo masculino - . ¿No has amado nunca a una mujer?

- Los hombre amamos muchas veces, casi todos los días, a una mujer diferente. Pero el amor es otra cosa.- dijo evadiendo la pregunta de ella.

- ¿Cómo es?

- ¿No has amado a Jacob?

Bella se echó a reír, y eso fue música para sus oídos.

- Claro que no amé a Jake. Ni lo recuerdo siquiera - volvió a reír alegremente -. Nunca estuve enamorada de verdad, Edward.

- Pues tampoco yo lo estuve. Por esa razón no puedo decirte lo que es. ¿Vamos a comer? Son las diez.

Bella con desgana se puso en pie y él la imitó. La joven enredó sus dos manos en el brazo de Edward y juntos atravesaron el gabinete. Al pasar junto a un espejo Bella, se echó a reír.

- ¿De qué te ríes?

- Mira hacemos una pareja fantástica.

Edward clavó los ojos en el espejo y el corazón se le inflo de felicidad y sonrió.

- No está mal.

Y continuo andando.

Comieron juntos, y luego Bella dijo que se retiraba a su aposento. Edward acompañándola hasta la puerta de la alcoba femenina y allí se limitó a besar la mano temblorosa de Bella.

- Hasta mañana, querida. Que tengas felices sueños.

- Hasta mañana, Edward.

La puerta se cerró y Edward atravesó el pasillo ligeramente como una pantera en celo.

Ni el supo lo que pensó de todo aquello, ignoraba si realmente amaba a su joven esposa, solo una vez encerrado en su cuarto masculló una maldición. Pasó a paso se dijo y se tendió vestido en la cama.

Por su parte, Bella se sintió desencantada. Se tiró en el lecho y suspiró ruidosamente. La aventura le seducía, pero... hubiera querido que Edward fuera menos, rígido, menos severo, menos caballero, después de todo aquella era su primera noche de casados, se rió ante su pensamiento y caviló acerca del cinismo de aquel hombre era sencillamente encantador y ella podría conquistarlo en definitiva era ¿su marido o no?





AHHAAAHAHHHH SIIIIIII SE CASARON PERO?, QUE PASARA AHORA QUE AMBOS SABEN QUE HAY MAS QUE UN SIMPLE ACUERDO DE AMIGOS JAJAJA.
ESPERO QUE LE HAYA GUSTADO CARIÑOS Y GRACIAS!!!!!