Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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lunes, 1 de agosto de 2011

♥ de HIELO cap 15


*Bella*

Uno peso extra sobre mi cuerpo me despertó. No abrí los ojos solo me dediqué a escuchar el suave sonido de su respiracion junto a mi ristro. Aun dormía. Los recuerdos de la noche hicieron que una sonrisa divertida se dibujara en mis labios. Edward. Maravilloso. Definitivamente el mejor amante que he tenido en mis años de libertina. Nunca dude que sería así. Desde el momento en que el me invito aquella noche me le entregué sin reservas. Era peligroso. Para mí lo era. Esta exquisita sensación de placer aun más, cariño que nos envolvía me dejaba atónita. Sin palabras. 

Moví mi cuerpo lentamente tratando de safarme de él. Hasta para dormir era un macho dominante. Mucho más que Jacob. Edward se aferraba a mi cuerpo con tanta tenacidad que no me dejó correrme ni un centimentro. Era tan posesivo. Bufe. Abrí los ojos y me dedique a apreciar aquel rostro de ensueño. Dormía placidamente. Su ceño descansaba tranquilo. Su rostro era todo un espectáculo que no me importaría apreciar para siempre.


Me deje llevar por su aroma embriagador. Acaricié la comisura de sus labios suavemente delitandome con el suave contacto que su piel me proporcionaba. Rocé su mejilla acaricié con delicadeza sus párpados, la sombra obscura de las ojeras ocacionada por la intensa noche de lujuría.


Percibí un cambio en su respiración bajo las yemas de mis dedos y me alejé sin querer. Él se había despertado. Sus hermosas esmeraldas me envolvieron y sólo deje descansar mi cabeza en su pecho. 


Era algo que me superaba. La felicidad tomborillaba en mi pecho. El afolojó su agarré y me besó el cabello.


- Estás bien - preguntó con cierta duda


-Mucho mejor que bien ¿y tu? - contesté con una sonrisa en los labios.


- Fantástico - contestó pero ví en sus ojos que había algo más allí, me asusté pero lo deje pasar. No estaba dispuesta a perderlo, no ahora que le propondría que fuese mi amante.

Estiré mi cuerpo adolorido. Sentía cierta rigidez y una cierta sensación de dolor también pero nada que no pudiese soportar.

- ¿Esta todo el inventario? - preguntó divertido


Asentí algo avergonzada.


- Desafortunadamente no podemos decir lo mismo de tu, esto, braguita - señalo un pequeño trozo de encaje tirado a dos metro de la cama.

Una carcajada salió disparada po rmi boca y el la coreó conmigo.


Fui balanceandome con toda la desfachatez del mundo hacía el baño.


- Isabella comportaté sino quieres regresar a esta cama y esta vez te juro que voy a atar.


Tan solo lo miré y batí mis pestañas procativamente.


- Eso me gustaría verlo Edward Cullen - contesté mientras sumergía mi cuerpo bajo el agua del jacuzzi.


Apenas hube terminado de decirlo y lo ví allí frente a mí desnudo y con una descomunal erección apuntando al cielo.


Nos bañamos mutuamente. Sin apuros para luego volver a gozar bajo la espuma. Pasamos todo el día así. Nunca le pedí que se fuera. La noche nos envolvío entre besos y caricias y su promesa de atarme se hizo realidad. 
Separó mis piernas para colocarse entre ellas de rodillas. Me miraba con un fiero deseo. Estaba muy excitada, notaba la humedad de mi centro en mis muslos. Eso me confundió, la adrenalina seguía viajando rápido por mi cuerpo. Me concentré en mis manos que se sujetaa fuertemente sobre mi cabeza sin ninguna posibilidad de nada.


Se inclinó sobre mí y con una mano comenzó a acariciarme la cara, delineando cada rasgo, las cejas y los párpados, la nariz, las mejillas, los labios, la mandíbula, la barbilla… Lenta y tortuosamente deslizó sus dedos por mi garganta, hasta situarlos en el valle entre mis senos. Desplazó su mano hasta uno y comenzó a acariciarlo con el dedo índice, hasta que rozó el pezón duro y excitado. Siguió hacia el otro pecho para repetir exactamente el mismo patrón de caricias. Sentía mi entrepierna empapada, suspiraba, luchaba por controlar mis gemidos y procuraba no mover mi cadera, aunque no siempre lo conseguía.


-Isabella… quiero conocer tu cuerpo, quiero saber las reacciones que provoco en él, no te reprimas por favor... Déjame saber si lo que te hago te gusta, o no. –


-¡Por dios Edward me fascina! - contesté con un hilo de voz. Quería sentirlo dentro…


Se incorporó sentándose sobre sus talones y me dedicó una mirada que podía derretir un glaciar, jamás me acostumbraría a la intensidad de sus ojos. Subió sus manos por mis muslos


Se lanzó a besarme los labios con verdadera hambre. Todo el tiempo procuraba mantener los brazos sobre mi cabeza, pero era realmente difícil cuando se tiene a Edward devorándote la boca, la mandíbula y el cuello. Bajó algo la intensidad y aumentaron las sensaciones, recorrió mi cuello con la lengua, los labios y los dientes, ya sin prisas, siguió su camino hacia mis pechos, repitiendo lo que anteriormente hizo con su dedo, pero con algo más de dedicación, lamía con movimientos delicados y juguetones mi pezón, tiraba suavemente con los dientes y succionaba, con su mano seguía estimulando el otro.
Yo tenía ganas de llorar de lo necesitada que estaba de tener un orgasmo, pero me conformaba con gimotear y respirar entrecortadamente mientras que arqueaba la espalda buscando más.


-Edward… por favor… – Esta, sin duda, era la primera vez que le rogaba a un hombre así que me resigné con un profundo suspiro y me dediqué a disfrutar de su placentero castigo.


Dejó mis pechos para seguir su camino por mi torso, en dirección al vientre, sobre el ombligo trazó círculos alrededor, para después meter sugerentemente la lengua en él.


-¿Sabes Isabella? Eres la mujer más sexi y encantadora que conocí en mi puta vida.. – Susurró sobre la piel de mi vientre mojada por la saliva. 


Clavó los dedos alrededor del interior de mis muslos, y con determinación los acercó a mi centro, empujando mis piernas para separarlas más, quedando totalmente expuesta ante él. Me lanzó una mirada cargada de deseo.


-Hace una semana que quería tenerte así en la cama, con las manos atadas sobre la cabeza, las piernas abiertas y el coño desnudo,temblando de deseo. – Gemí sonoramente, alzando mi cadera en busca de sus caricias y echando la cabeza hacia atrás, hundiéndola en las almohadas. Estaba al límite de mi aguante. sus palabras eran latigosen mi sexo.


-¿Deseas sexo oral? – Su voz era apenas un susurro sugerente, cargado de erotismo. Asentí con la cabeza


– Bien… – Un brillo travieso iluminaba su mirada.


Y sin más ceremonias, ¡gracias al cielo!, posó sus labios sobre mi vientre, dejando un rastro de besos húmedos de camino hacia mi sexo. Cuando estuvo sobre él inhaló profundamente unos segundos antes de besarlo con la boca abierta, pasó la lengua a lo largo, mordió suavemente mis labios vaginales y de nuevo volvió a usar su lengua lamiendo mi entrada.


-Tu sabor es exquisito, suave y dulce como tú. – Susurró sobre mi sexo. Yo me retorcía y gemía, sobrepasada por la sensación de su lengua enterrada en mi sexo, después de toda la noche excitándome y dejándome con las ganas.


Se centró en mi clítoris, trazando círculos y presionándolo, succionó con cuidado, dio un suave toque con su lengua… Y eso fue todo. Tuve el mayor orgasmo que había sentido jamás, y eso es mucho decir, después del día anterior. Lamenté que hubiese sido tan corto, pero estaba al borde de la combustión espontánea desde que ató mis manos.


Levantó un poco la cabeza una vez que hubo terminado de pasar su lengua por todos mis pliegues y me miró a través de sus increíblemente largas pestañas. Yo luchaba por recuperar el aliento y comenzaba a bajar los brazos.


-Todavía no hemos terminado Srta. Swan… Quiero más. – Y sin ninguna consideración hacia mí, volvió a lamer, succionar y besar, sólo que esta vez añadió dos dedos, que entraban y salían de mí sin compasión, mientras que su boca se ocupaba del clítoris.


La habitación volvió a llenarse con el sonido de mi placer, esta vez disfrutando más conscientemente de la sensación tan hedonista que ese maravilloso hombre provocaba en mi cuerpo. Así continuó hasta que giró sus dedos para estimular la parte frontal de mi vagina, concentrado en un punto concreto, gimió sobre mi clítoris y la reverberación viajó por todo mi cuerpo, despertando todas mis terminaciones nerviosas. Mis paredes convulsionaron alrededor de sus dedos, mis piernas se tensaron, arqueé la espalda y me corrí gritando su nombre desde lo más profundo de mi garganta.
Estaba agotada, todos los huesos de mi cuerpo parecían gelatina, y luchaba contra la necesidad de cerrar los ojos y dormir.

Edward subió por mi cuerpo hasta besarme, entonces pude notar mi sabor en su boca, era algo salado, no me desagradó, aunque me resultó extraño. Lo atrapé entre mis brazos con las manos atadas y cerré las piernas alrededor de sus caderas. Quería sentirlo lo más cerca que fuese posible, atarlo a mi cuerpo.
Él sonrió sobre mi boca y buscó a tientas el cabo que soltaba mis manos tras su cabeza, deshaciendo mis ataduras.

-Esto va a ser rápido… y duro, voy a hacértelo desde atrás, ponte a gatas. – Se me pasó el sueño de golpe, en ese momento me sentí bien despierta.

Encantada por la postura, hice lo que me dijo, me arrodillé en la cama, me incliné hacia delante y me sostuve con los brazos que temblaban ligeramente. Noté como el colchón se hundía con su peso detrás de mí. Con sus manos separó más mis piernas.
Pasó una mano acariciando mi espalda hasta el cuello, retiró mi pelo hacia un lado y me empujó suavemente entre los hombros.


-Apoya la cara y el pecho en la cama. – Obedecí colocando también los brazos a cada lado de mi cabeza, agradecida en el fondo, mis brazos no soportarían su intensidad. Su mano volvió a recorrer mi espalda, seguida por su boca, que dejaba suaves besos a lo largo de mi columna. Llegó a mis nalgas y las acarició separándolas un poco. Estaba ruborizada pensando en la vista que tendría de mí en ese momento.


-Tienes una piel preciosa, blanca como la nieve igual a la mía. – Deslizó los dedos a lo largo de mi sexo, y metió dos en mi vagina, moviéndolos en círculos. Volví a gemir.


-Mmm… húmeda de nuevo. Eso me gusta. – Noté como la punta de su polla se deslizaba sobre mi entrada, hacia arriba y abajo, hasta que lentamente la introdujo en mí. – Así es más profundo, si te duele avísame. –


Eso me alarmó, pero la alarma pasó a un segundo plano cuando comenzó a retirarse igual de lento que había entrado. De repente, se hundió en mí de un tirón, hasta su base, tan profundamente que jamás había sentido nada parecido.
A la sensación de estar llena con su polla dentro de mí, se añadía la fuerza con la que entraba. Gemí casi gritando. Volvió a retirarse lentamente, para entrar de nuevo con ganas, hasta lo más profundo de mi vagina, volvía a salir despacio y entraba fuerte, así una y otra vez, yo gritaba de placer con cada una de sus salvajes embestidas, aferrándome a las sábanas con mis manos y empujando hacia atrás para salir a su encuentro. Él clavaba los dedos en mis caderas, tirando de mí, jadeando sonoramente entre los dientes cada vez que se hundía en mí… Una y otra vez, y otra vez, y otra. Follándome como un salvaje, haciéndome sentir con cada embestida que era suya, que le pertenecía en cuerpo y alma, que mi cuerpo lo obedecía a él más que a mí… ¡dios era eso posible! ¡el quería marcarme como una bestía!
Intensificó el ritmo, volviéndolo frenético, un orgasmo se estaba formando de nuevo en mi vientre. Golpéo mi nalga suavemente.


-Otra vez pequeña – Y de nuevo obedeciendo, mi mente se desconectó de mi cuerpo cuando otro orgasmo sacudió mi cuerpo entero, cerrándome con fuerza alrededor de su polla. Edward entró una vez más en mí, más profundamente incluso, y se quedó quieto, corriéndose mientras que gritaba mi nombre de forma masculina y animal.


Se dejó caer encima de mí, hundiéndome con su peso en el colchón, respirando con dificultad en mi nuca, todavía dentro de mi coño. Pasamos así un buen rato, exhaustos, sin poder movernos, hasta que reaccionó perezosamente, salió de mí y me atrajo hacia su cuerpo abrazándome y besándome la cabeza.


Me levantó la cara y me besó en la boca, obligándome a abrirla con un beso suave, húmedo y cálido, lleno de una intención que no me atreví a analizar para no destruir el preciado momento. El amor no era una carta que estuviésemos jugando… Al menos no para mi…


¿Quién sabía en un futuro?… ¿Quizá si yo…? No, mejor ni lo pensaba.


Seguía besándome dulcemente. Despacio se separó y me contemplo por completo, yo temía que quisiese más de mí, no creía que fuese capaz de aguantar otra ronda de sexo de ese vicioso que me tenía loca. Pero para mí tranquilidad, nos cubrió con las sábanas, quedándonos abrazados en la comodidad de nuestra cama. ¡Nuestra cama!


Hundí la nariz en su pecho y aspiré su aroma, era como estar en casa, reconfortante, querido, seguro… Edward acariciaba mi pelo y la curva de mi cintura. Una lagrima asomo en mis ojos pero no la deje escapar. No ahora. Este era el momento que tanto había esperado. Se lo diría.


-Edward… tengo algo que ofrecerte – dije con cierto temblor .Suspiró sobre mi pelo.


Mi corazón se detuvo. No soportaría una negativa de su parte. 


- Te escucho Isabella - contestó algo frustrado 


-¿Quieres ser mi amante de momento -? dije con mi voz entrecortada por la tension.


Él no dijo nada. 


-Edward… –


- ¿Acaso me queda otra opción? - preguntó y vi en sus ojos como la tristeza asomaba obscureciendolos


- Es lo único que puedo ofrecerte. Me gustas. Me encantas. Pero no existe nada más.- y un extraña sensación me embargó haciendo que mi piel se erizara. - te quiero a tí exclusivamente para mi, a toda hora las veinticuatro horas los seite dias de la semana - hice una pausa obligandome a respirar - Soy una mujer exigente, con gustos peculiares te habras dado cuenta. No soportó que me controlen, que me vigilen y mucho menos te permiteré si aceptas que te enamores de mí. No eres el único o no lo serás mientras cumplas bien con tu parte del trato.- terminé cortante y las manos me temblaban.

Sus ojos me miraban como sino me reconocieran. Su boca se abrío pero luego volvió a cerrarse.


- Eres la mujer más fría que he conocido, "Bella" - dijo y mi rostro se descompuso al escucharlo - pero creo que podré con eso. Si acepto tambien tengo una condición.


- La que quieras - aun estaba perturbada por como me habia llamado y es que ni siquiera me atreví a revatirselo.


- Me estas hablando de tu deseo y placer, pero ¿que obtengo yo a cambió? - preguntó con una sonrisa malevola aunque en sus ojos aun habia tristeza.


- Pidemé lo que quieras y lo tendrás, además de mi cuerpo ¿que deseas? - pregunté con determinacion no estaba dispuesta a dejarlo escapar.

- Pues, te quiero a ti... total e incondicionalmente, en el mismo grado de entrega que tu obtengas de mí. Tendrás tu libertad pero no soportaré engaños ni mentiras de tu parte; no quiero que andes revolcandote con todos los hombres que se crusen en el camino Isabella, quiero que me dejes cuando te aburras de mí pero que antes me lo comuniques. No quiero ser el imbesil que se entera ultimo. ¿Entiendes?. Y quiero mantener a la luz del día este acuerdo. No me esconderé debajo de tu cama.


Sus palabras fueron cortantes como espadas, podía sentír el dolor de las heridas ocacionadas en mí. Pedía demaciado. Esto no era ni por asomo lo que yo buscaba de nuestro trato. Pero ¿valía el la pena?. ¿aceptaría sus condiciones? Nunca antes me ví en tal encrucijada. Yo era un alma libre. Me gustaba disfrutar de los placeres de los hombres. Pero él me pedía todo. No. Me exigia que solo fuese suya.Lo único bueno es que no habló de sentimientos. Un frío recorrió mi espalda. Sin dudas de mí dependía todo.


Lo miré justo a los ojos; esas dos esmeraldas se clavaron en los míos las chispas eran perceptibles; tomé una gran bocana de aire y apliqué la voz más dura que tenía, aquella que usaba cuando quería sentirme superior.


- De acuerdo, acepto tus condiciones y ahora quiero saber ¿que dices tu?


Una sonrisa torcida cruzó por su rostro.


- Ya sabes mi respuesta-contestó. - hay otra cosa


Lo miré ceñuda esto no me gustaba nada

- ¿Sí?


- A partir de ahora te diré Bella, espero que no te moleste - agregó.


No pude responder solo asentí con la cabeza.


¡Que rayos este hombre podría acabar con mi vida con tan solo proponerselo! Pero aún así sonreí satisfecha por mis logros.



CONTINAURA.....



HUYYYY SISISISISI QUE FORMA DE PONERLA DONDE EL QUIERE NO? JAJAJA ME PARECE QUE LE SALIO EL TIRO POR LA CULATA A NUESTRA QUERIDA BELLA!!! 


*Rina*

1 comentario:

cullen dijo...

quede sin palabras!
me he encontrado con situaciones de lo mas ardientes,sentimientos que no se atrevieron a decir y se han puesto cada uno en lugar.
sin duda a estado fantastico,tienes un talento increible,vales oro.
sigue asi linda.
besos