Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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viernes, 19 de agosto de 2011

♥ de HIELO cap 21



 *Bella*


Llegamos a casa esa noche contentos. Edward tenía una expresión de buen humor,me detuve en mirarlo mientras el se servia un vaso de whisky.


Su estructura muscular prometía muchas cosas, al tiempo que cierto movimiento de sus labios, las fosas nasales abiertas con cieto grado de tensión los ojos brillantes delataban un temperamento activo y voluptuoso.


- Sino te molesta Edward, deseo esperarte en el cuarto - dije con voz zalamera.


Él me miró fijamente y asintió con la cabeza nada más. Pero en sus ojos había un brillo encantador.


Camine lentamente hacia mi cuarto pensando detenidamente en la lencería que me pondría. Quería sorprenderlo.


Desvestí mi cuerpo ligeramente, estaba deseosa de él. La calma había abandonado mi cuerpo.


Busqué un delicado conjunto de La Perla. De encaje negro absolutamente sexi y pequeño. Las medias de seda y el portaligasa a juego. las curvas de mi cuerpo se intensificaban conLaquel minusculo atuendo. Mis senos quedaban expuestos para él, mientras que mi trasero apenas era cubierto por un trozo de tela.


Dejé mi ansiedad de lado y me senté en mi tocador a esperarlo. Peinando mi cabello.


Minutos después llegó y como antes de salir se quedó plasmado allí en el marco de la puerta. Se acercó lentamente a mi. Yo lo observaba por el espejo sus ojos se obscurecían a medida que avanzaba.


Edward me abrazó con pasión sumergió su rostro en mi cabello y aspiró mi esencia. Yo me deje llevar por su olor exquisito. Empezó a besar mi cuello. Pero a medida que aumentaba la temperatura de los mismos sus caricias incrementaron y Edward notó que le molestaban las pesadas ropas; al instante demostré que no tenía ningún problema en despojarlo de ellas. Así quedaron a la vista los grandes miembros musculosos de mi hombre pues su ropa interior era deficiente para cubrirlo tanto en lo que respecta a un boxer blanco ajustado que dejaba su gran polla al alcanse de mis ojos. Oobservé la semidesnudez de él con ojos lascivos, en los que se rastreaba la luz arrebatada de una diabólica lujuria.


Mis labios estaban calientes y secos, me temblaban de pura anticipación y mis piernas se retorcían de una forma que indicativa el ardor que me estaba consumiendo.

Edward prodigó toda su atención en mi rostro. Penetraba mis ojos con los suyos.
Posó sus manos en mis pechos lo que fue más que suficiente para poner en marcha mis deseos.


- Bella eres tan suave, tan delicada, tan voluptuosa me traes loco ¿lo sabes? - dijo y mi piel se estremeció


-Claro que lo sé pero... ¿que es lo que haces conmigo Edward? ya no soy capaz de razonar cuando te tengo a mi lado - dije haciendo una pausa. Contemplé admirada las proporciones de mi hombre, todo su cuerpo pareció irradiar una exuberancia de diablura perfumada muy acorde con su carácter. Le brillaron los ojos más que de costumbre; una especie de agitación sólo evidente para un observador cercano se difundió por su piel; respiraba en breves jadeos espasmódicos; movía las manos de un lado a otro,recorriendo mi cuerpo con anhelo con deseo oculto, como si estuviera invocando algún poder invisible dentro de mi cuerpo. Entonces volvió a hablar.


- Sé que te parecerá absurdo Bella, pero para mi no lo es. Quiero hacerte mía... totalmente mía, te amo desde el primer momento en que te vi y aunque te burles de mí, aunque trates de dejarme nada podrá cambiar lo que siento - dijo y mi corazón latió desenfrenadamente, tomó un rumbo inesperado al cual estaba acostumbrado a reaccionar ante tal declaración y solo alcanse a decir.


- Quiero que me hagas el amor Edward, ahora - completé


Edward me levantó entre sus brazos depositandome en la cama suavemente. Tomó mi rostro entre sus manos y lo besó como si fuese de cristal con suavidad, con ternura con amor.
Me deje envolver por el manto de amor que nos rodeaba. Yo quería ser querida por alguien, queria sentirme amada y queria que él lo hiciera. Sólo él.
Deslizó sus labios por mi garganta absorviendo mi aroma nuevamente. Luego los volcó en los mios pero esta vez ya no era tierno, esta vez sus labios transmitían una sensación por completo nueva, de conflicto y desesperación. Entrelacé los dedos detrás de su cuello y sentí su cuerpo más gélido contra mi piel.
Edward no paraba de besarme, fui yo quien tubo que apartarse para respirar, pero ni siquiera entonces su labios se separaron de mi piel, sino que bajaron hasta mi pecho. Colocó sus manos detras de mi espalda y desprendió mi sosten con suavidad.

Mis dedos lo recorrían completamente, los hombros anchos y firmes, la espalda grande y dura, su pecho tan duro como una roca. Su belleza me resultaba casi insoportable. Su boca capturó uno de mis senos y el fuego me abrazo sin limites me consumía me dejaba totalmente indefensa frente a él pero no me importó está noche la entrega iba a ser mutua estaba cansada de ser un imagen dibujada frente a todos, quise que Edward me sintiese suya en efectivo lo era en este momento no me detuve en pensar que pasaría en un futuro sí es que lo teníamos y me abandoné a sus besos
Su mano sujetaba fuertemente mi cintura estrechandola más a su cuerpo.


El aliento de sus besos calientes emanaba esencia de lilas para mí,sus apasionados movimientos me dominabán, su fortaleza y su potencia me hacían estremecer.


- Edward ... - gemi - hazme tuya por favor- pedí suplicando.


Él me miró un instante y sonrio.


- Tus deseos son órdenes amor mío - dijo y lamio mi vientre dejandolo complatamente mojado.


¡Dios mi braguita estaba empapada! Edward provocaba a la perra lasciva que habitaba en mí.


- Dejaré que me bañes en los torrentes de tu placer, me someteré a la satisfacción de tus deseos más secretos...pero sólo hazlo Edward... - dije retorciendome como una víbora bajo el peso de su cuerpo.


Ahora Edward temblaba de excitación por mi apasionado discurso.


Se aproximó poco a poco, liberando su enorme polla perfecta, sus manos se situaron en mis muslos sacando mi braguita con sus dientes, su pene comenzó a hincharse con una protuberancia que parecía inalcanzable. Sus ojos eran blandos y amables, sus movimientos espontáneos y suaves.
Daba la impresión de estar encantado en un nuevo mundo, por así decirlo, de lujuria y placer sensual pero con un toque diferente está vez él no ocultaba su amor me lo estaba demostrando.
Mientras acariciaba mis labios vaginales con sus dedos, lo atraje suavemente hacia mí y lo deposité estremecida sobre mí. El contacto con mis firmes pechos blancos pareció electrizarlo: los amasó con su mano fogosa, palpó, apretó, hasta que agitado por un irresistible impulso, intentó detenerse pero no lo deje estaba a punto caramelo y él lo sabía.
Se sumergio lenta y sauvemente dentro de mi y ambos nos deleitamos de puro placer. El acto fue suave en un principio sin ningún apuro. Un recuerdo me dejó atonita en ese momento con tanta felicidad había olvidado tomar mi pildora, muchas veces me había pasado y está no iba a ser la esepcion. Derroche esos estúpidos pensamientos y seguí a mi hombre en sus enbestidas cada vez más prometedoras del climax que se aproximaba. Eyaculo con una suavidad dentro de mi su semilla calento aún más mi centro y grite de puro placer mientras las lágrimas corrían por mis mejillas.


- ¿Por que lloras amor mío te he hecho daño? Por favor dímelo - exigió

Puse mi mano en su boca - calla Edward soy la mujer más feliz del mundo- dije él me abrazo con ternura y nos dormimos así.

Esa noche y como todas las noches hacia un mes exactamente nos entregabamos sin reparos, la felicidad formó parte en mí vida apenas sí podía vivir sin él, el tiempo que no pasamos juntos en la oficina estábamos prendidos del celular.
Ya no discutía con mis amigas acerca de lo pasaba con Edward, ni yo misma lo sabía tampoco quería averiguarlo.


La obras de remodelación del nuevo proyecto Cullen- Swan estaban casi terminadas.
Mi detectectives no habían dado señales de vida hasta hoy.


- Señorita Isabella - dijo Jessica por el intercomunicador - Un hombre la busca su nombre es Eleazar.


- Digale que pase por favor. - contesté y mi pulso se aceleró.


- Eleazar - salude al hombre que estaba parado imponente delante de mí.


- Señorita, he venido a comunicarle que la situación sigue tal cual estaba. No ha habido ningún hecho trascendente en estos dos meses, por lo que creemos que los delincuentes estan perdidos. Ha sido una sabia decision trasladar la joya a Seattle señorita.

- Creo que tiene razón, pero me gustaría regresarla a Vancouver Eleazar, es allí a donde pertenece ¿crees que ya no hay peligro? - pregunté estaba inquieta.

- Peligro siempre lo habrá señorita Swan hasta que no demos con el paradero de esos delincuentes, parece ser que son profesionales. Pero si usted lo desea puede devolverla allá, eso sí bajo absoluto secreto señorita.

- Tengo un hombre de confianza para eso Eleazar gracias - contesté pensando en Alec, estos dos meses me habia demostrado que era muy comepetente. Había trabajado codo a codo conmigo y a pesar de a que a Edward le molestaba la forma en la que él me miraba apenas si le daba importancia. Alec era caballeroso y mostraba un interés en mí pero yo sabía evadir ese tipo de coqueterías.


La boda de mis amigas nos sorprendió. Éramos los padrinos Edward lo era de Rosalie junto con Esme y yo fui la madrina de Alice con Carlisle.

Ambas estaban hermosas vestidas de blanco parecían dos ángeles.

La fiesta por todo lo alto las revistas más importantes estuvieron presentes no faltó nadie y los novios salieron de luna de miel apenas terminada la fiesta Alice y Jasper fueron hacia un lugar exótico del caribe ese fue uno de mis regalos mientras que Rosalie y Emmett fueron a las isla griegas.

Un mes más pasó y aún no habíamos tenido noticias de los novios.


Esa mañana llegó mi regaló para Edward. Un precioso piano negro, él nunca me lo dijo fue Esme quién comentó que a su hijo le apacionaba tocar el piano. Y no dude en comprarselo.


- ¿Estas bien? - preguntó Edward esa noche después de hacerme el amor sobre la alfombra de la sala junto al piano.


- Pensaba en lo feliz que se deben de estar los novios - contesté un tanto melancolica, por estos días me sentía frágil y los recuerdos me invadian con mayor frecuencia lo acusaba al hecho de que septiembre estaba comenzando mi ánimo decaiá pronto debía abandonar a Edward le diría cualquier excusa mi duelo era sólo para mi. Había un solo lugar a cual podría ir pero él nunca me acompañaría.


- Algún día nos veremos así amor - dijo y un impulso me llevo a mirarlo de forma horrorizada

- ¿Estas loco? -dije muy confundida una parte de mi me decía que estaba cometiendo un grave error pero la Bella frívola y sin ningún tipo sentimiento ganó está batalla.

Edward se quedó perplejo ante mi respuesta sus ojos se obscurecieron de tristeza.

- ¿Realmente piensas que es una locura lo que te acabó de decir? ¡por dios! Isabella sabes perfectamente lo que siento por ti. Sabes que te amo te lo he dicho tantas veces amor mío ¿porque te burlas de mi? -dijo después de acabar con su discurso totalmente angustiado y mi corazón parecía estrujarse cada vez más. Me dolía verlo así, me partía el alma verlo sufrir pero esto se me escapó de las manos. Debía de frenarlo ya, antes que fuese demaciado tarde.

- Veo que nunca comprendiste de que iba nuestro trato Edward - traté de parecer menos fría aún pero es que mi sangre corría como hielo por mis venas y me oprimia el pecho.


- ¿Trato? Al demonio con tú maldito trato Isabella yo te amo puedes compender lo que eso significa entiendes el significado de mis palabras o es que ¿me quieres negar que sientes lo mismo por mi? - decía mientras se paseaba desnudo por la sala caminando como un leon enjaulado.


- Me gustas sí, creo que más que otros lo reconozco querido pero de ahí a amarte estas completamente equivocado Edward yo nunca te amare ni a ti ni a nadie así que no digas ridiculeses por favor - dije soltando una carcajada de puro nervio. No podía pasarme esto ahora no todavia él era muy importante en mi vida, pero mi mente se negaba a colaborar.


- Sí crees que actuando cinicamente me alejaras de tú lado estas equivocada.


-No actúo Edward soy yo lisa y llanamente entiende te enamoraste de una persona que no existe - grite furiosa conmigo misma- jamás te pedí tú amor te lo aclaré perfectamente.


- ¿Me estas diciendo que lo nuestro se acabó? - Preguntó con una voz que me desgarro el pecho.


- Jamás dije esas palabras aún podemos pasarlas bien juntos eres mi amante ¿lo olvidas? - Masculle sin un apice de duda aunque internamente el corazón se me partía en mil pedazos.


Cuando Edward habló su voz sonó irreconocible, desecha.


- ¡Oh sí claro que lo recuerdo Isabella como fue a sí... amantes de momento no es así! - dijo empleando todo el sarcasmo que le fue posible. - pero ya no quiero ser tú juguete querida quiero que seas mi esposa te amo y hasta que lo entiendas no volveré a estar contigo - soltó saliendo con su ropa bajo el brazo.

Deje que mis lágrimas cayeran y me quedé allí en medio de la sala dejando que la tristeza y el dolor se apoderaran de mi.
Vi su Volvo salir a toda prisa por el camino empedrado de la entrada.


Salí corriendo hacía mi cuarto. Busqué un pantalon de jeans y una polera gruesa, una botas negras abrigadas y mi cartera. Llegué al garage y con el rostro empapado, apoyé mi espalda en la pared y un grito ahogado salió por mis labios. Subí en el primer auto que encontre el Mercedez Guardian y me fui a toda velocidad por la carretera. Un auto conocido me seguía de cerca pero esta vez eran tres los ocupantes del mismo. Liam estaba con los dos guardaespaldas. Llegué al aeropuerto y mi amigo me miró confuso.


- ¿A donde crees que vas Isabella? - preguntó Liam


- No es de tu incumbencia. Déjame sola es una orden - grite en su cara.


- Si atraviesas las fronteras es mi deber acompañarte - dijo persistente.


- ¿No sabes que mes es? - pregunté usando mi carta.


Él sabía que no podría seguirme hasta allí, ese era mi santuario y Liam respetaba profundamente mi decisión sobre ello.


- Septiembre, lo había olvidado Isabella . ¿Vas a estar allí? - preguntó aun con duda.


- No existe otro lugar al que pueda ir. - contesté - Liam. No es necesario que te recuerde...


- No lo es Isabella. Nadie sabrá tu paradero a no ser que tu me lo pidas - contestó y dandome un fuerte abrazo me dejo ir.






CONTINUARA........


EL DOLOR DE NUESTRA BELLA PUDO MÁS QUE EL MISMO AMOR.




POBRE EDWARD!!! QUE PASARA AHORA???




GRACIAS Y CARIÑOS!!
*Rina*

1 comentario:

cullen dijo...

oh no,esta dejando escapar la felicidad,justo cuando la tenia en sus manos.
espero que vuelvo por el,debe hacerlo.
lo ama aunque se niegue a creerlo.
me ha encantado amiga,triste y bello a la vez.
te adoro