Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Su Venganza Cap 8


Y aquella rutina Edward Cullen, la tomó luego como costumbre. Todas las noches a la misma hora Edward, que vivía en la misma fábrica, servido por una simple mujer de campo llamada Senna, atravesaba las calles iluminadas y pedía permiso para entrar.

Pero Jacob y Bella ya no se separaron cuando llegaba él. Le permitían la entrada. Él daba las buenas noches. Bella casi no respondía y Jacob contestaba sin mirarlo.

Durante la comida Bella procuraba no mirar al ingeniero. No era porque le repugnaba ni siquiera le resultaba antipático. Era simplemente que la presencia de Edward la intimidaba. Jamás se sintió tan insignificante al lado de un hombre, como cuando tenía a Edward delante. Era superior a sus fuerzas. La mirada fría de Edward la desarmaba. Su vos grave, seria, severa casi, no le permitía oír su propia voz y por esa razón se abstenía a abrir los labios.
Ella sabía que desde aquella estúpida noche, algo había cambiado, la forma en la que la miraba ya no era la misma; pero tenía muy presente sus palabras eran como aguijones que se le clavaban en la piel, por esta razón rehuía de él.

Una vez finalizada la comida y cuando todos pasaban al salón, ella se hundía en un diván junto a la chimenea, escogía un libro de Jane Austen su favorita, y se enfrascaba en la lectura, aunque muchas veces se encontró pensando en Edward.

El primer día su madre le llamó la atención, el segundo la miró severa y el tercero no le dijo nada.

Desde entonces, Bella se consideraba más tranquila leyendo, aislada de sus padres, pero oyendo siempre la voz tan personal de aquel hombre extraño que casi nunca sonreía y que decía las cosas justas, las palabras exactas.

- Bella, sabes muy bien que detesto al joven que te acompaña...¿Puedes decirme cuándo piensas dejar eso?
Es un juego estúpido, ¿comprendes?

- Me divierte, papá.

- Siéntate, Bella - cortó la dama, un tanto nerviosa.

- ¿Es qué no tenemos invitados hoy?

- No, hija. Edward ha ido a Nueva York por asuntos de la fábrica. Quizá no regrese hasta la semana próxima... A propósito de Edward - añadió el caballero, sin transición - Debo decirte, Bella, que tu actitud para con el señor Cullen es... inadecuada.

- ¡Oh, papá!

-Si querida. Debes importarle muy poco a Edward cuando tan poca importancia le da a tu descortesía.

La joven enrojeció de rabia, la palabras de su padre calaron muy hondo, y el odio afloro en su mirada.

- ¿Acaso crees que me importa el que me la dé o no?

- Por supuesto que no. Te conozco. De todos modos te ruego que en lo sucesivo te abstengas de leer cuando él esta en el salón. Es... es impropio de ti.

La joven corrió hacia el caballero y se sentó en sus rodillas.

- No puedo soportar que me riñas, papá - susurró zalamera, besando una y otra vez la mejilla masculina - No es antipatía ni nada parecido. es simplemente que... Edward me impone. Me mira con esos ojos penetrantes, me desarma, me... inquieta ¿sabés?

- ¡Bella!

- Sí, sí, mamá; estoy diciendo la verdad. El otro día, cuando vino a comer con nosotros la primera vez, traté de familiarizar con él, me saludó en la puerta cuando yo despedía a Jacob... y emprendimos juntos el camino por el parque. Me colgué de su brazo, ¿sabés, papá? Y tú, mamá, no me mires así.

- Pero querida...

- No me riñas, mamá... deseaba para Edward ser una amiga, como tu, como papá y ...

- Sigue, Bella - pidió el caballero, apretando nerviosamente el cuerpo de su hija y mirándola de un modo raro -. Sigue, es muy interesante todo eso.

- Pues también lo hice para darle celos a Jake, sólo que Edward se dio cuenta y me dijo que no le gusta que lo usen para ese tipo de venganza.

- ¿Y tu que hiciste?

- Le solté, claro y le pedí disculpas. Desde ese día no me dirige la palabra. Y os aseguro que... que yo lo siento.

- Comamos. Son cosas de niñas.

- Ya no soy una niña, papá.

- Lo pareces, querida.

Bella fue hacía el lugar que ocupaba habitualmente y desplegó la servilleta.Por supuesto, parecía reflexionar.

- Papá - exclamó de súbito - si yo... si yo te dijera que deseaba casarme con Jacob...

- ¡Nunca!

¿Y si te dijera que iba a casarme con tu ingeniero jefe?

La dama elevó vivamente la cabeza. El caballero se estremeció casi imperceptiblemente.

- ¿Qué dices, Bella? - tronó - ¿Por qué juegas con esas palabras?

- Eso... estoy jugando. No me interesa Edward como posible marido, pero... según tengo entendido, tiene casi tanto dinero como nosotros, y más que Jacob por supuesto, y apuesto a que te agradaría profundamente que yo...

- Cállate, Bella

- Déjala, Renée. Sigue, Bella

- Nada. ¿Para qué?

- Entonces responderé a tus medias palabras. No permitiré nunca que te cases con Jacob. Puedes hacerte novia de él mañana mismo si no lo eres ya... pero jamás, ¿me oyes?, jamás daré mi consentimiento para tu boda con un hombre inútil. Edward, es un hombre con todas las letras, un caballero, un luchador como lo fui yo. ¿Me entiendes? Que nunca vuelvas a comparar a Jacob con mi ingeniero-jefe. Y escucha, Bella, quiero que lo entiendas para que no lo olvides; sí, sí, daría el consentimiento para tu boda con Edward mañana mismo. Sé que te haría feliz; frenaría un poco tus impetus y le amarías pese a los pocos años que te lleva. También yo se los llevó a tu madre y la hice muy feliz.

- Esto es inadmisible - rió la joven, des preocupadamente.

- Pues a ti te lo parece, no obstante las mujeres, cualquiera de ellas, por elevada que estuviese se casaría con Edward cuando éste se lo pidiera.

- Entonces yo seré diferente a las demás mujeres jamás me enamoraré de él.

- Lástima, hija -dejo el caballero haciendo uso de su mejor cara de póquer

- ¿Por qué lo dices, papá?

- Pues Edward te ama.

- ¡Charlie! - exclamó la dama, extrañada.

- Pues sí. No me miréis con esa expresión estúpida. Edward Cullen te ama, Bella. ¿Quién me lo ha dicho? ¡Oh, pues nadie! Lo vi yo mismo. Y te advierto que Edward es un hombre decidido y no se cree inferior a ti ni por tu posición ni por nada. Edward es todo un hombre, tenlo presente.

Bella, estaba en otro mundo, la confesión de su padre la había tomado por sorpresa, era imposible que él la amara cuando ni siquiera la miraba, no su padre estaba equivocado, pero aún así el corazón dio un salto de felicidad que no supo interpretar.
Una risa nerviosa salió por sus labios y dijo:

- De todos modos, yo no lo amo ni lo amaré nunca.

-Tampoco te voy a imponer la obligación de que le ames - sonrió el caballero sutilmente, viendo los fantasmas que abrumaban la mente de su hija.

martes, 29 de noviembre de 2011

Su Venganza cap 7


La recibieron con hurras estrepitosos. La besaron, le apretaron la mano, la magullaron. Bella, con la sonrisa en los labios, admitió de buen grado las expansiones de felicidad que le dispensaban sus antiguos amigos.
Abrasó fuertemente a Alice prometiéndole contarle todo lo vivido en los próximos días, le entregó su obsequió una hermosa pulsera de Tiffany Co de plata esterlina; su amiga chilló de la emoción y la abrazo nuevamente.

Bella vio que Jessica Stanley la miraba con ira y recordó que también era su cumpleaños ¿pero que hacía allí?; miró a Alice confundida y esta le sopló al oído que ella había insistido en festejarlo juntas y no tuvo otra opción.

- Me parece muy bien de tu parte sólo que a mí no me mando invitación alguna, y...no traigo ningún regalo para ella, Alice - hablo bajito para que nadie escuchara.

- No te preocupes, amiga solo ignórala como yo.

Pues no pude hacerlo, porque Jessica venía directo a mí

- Isabella que gusto que estés en mi fiesta de cumpleaños y claro también en la Alice - decía orgullosa.

- Feliz cumpleaños Jessica, siento mucho no traer nada para ti, pero es que me tomó por sorpresa - dije sinceramente.

- No pasa nada querida..., mmm pero que belleza ese anillo que llevas es lo más hermoso que haya visto - decía desesperada mientras tomaba mi mano para observarlo mas detenidamente.

Conocedora de sus intenciones me lo quite y se lo enseñe.

- Pues si es muy bello, toma es todo tuyo ahora si tengo un regalo para ti - sonreí no del todo convencida había sido unos de los tantos regalos que mi madre me dio para mi cumpleaños, pero era por una buena obra, tendría que conseguir alguno similar por catalogo urgente.

- ¡Oh, no!, es demasiado querida, ¿de verdad es para mi? - asentí-  hay Bella que feliz soy, gracias - dijo y salió sonriente ha mostrar su nueva adquisición. 


Sólo Jacob, un Jacob tres años mayor, serio, circunspecto, con aires de persona sesuda, se mantuvo quieto y silencioso en un ángulo del salón. Cuando hubo finalizado el alud de salutaciones avanzó hacia la joven y con ademán un tanto teatral cogió las dos manos femeninas y las llevó a la boca.

- Querida y siempre recordada, Bella.

- Hola, Jacob. ¿Cómo estás querido?

Los dejaron solos.

Mike y Tyler, aislados en un rincón del salón, rumiaban su amargura. Se miraban uno al otro y al fin terminó por decir Mike:

- Se la llevará él, Tyler. Es más... cínico que nosotros. Dejémosla. ¿Por qué no te dedicas a Jane Vulturi, yo me dedicaré a Jessica?.

- De acuerdo, Mike. quiero enamorarme.


Entretanto, Jacob rompía su primer cartucho, pero esta vez a Bella no la emocionaba en absoluto lo que escuchaba entre vuelta y vuelta del vals cerca de su oído. A pesar de eso, ponía cara de complacencia y hasta con sutiles sonrisas le daba a entender que admitía de buen grado sus galanteos.

Durante toda la tarde Jacob no la dejó sola. Bailo con ella se sentó a su lado a la hora de los aperitivos y por la noche la acompaño a casa. 

La joven vestía un modelo de tarde maravilloso ajustado y breve, poniendo de manifiesto sus bellas formas de mujer.

Y Jacob que ya no la creía una chiquilla, sino una mujer perfecta, comprendió que Bella le gustaba, no sólo por el dinero que poseía su padre, sino por la belleza personal de la joven.

La agarro del brazo cuando salieron. Hubo gritos, despedidas y promesas. Quedaron en reunirse al día siguiente en el club a la hora del vermut y Bella se separó del grupo prometiendo acudir a la cita, que no dejaba de ser exactamente igual que tres años antes. Luego miró a Jacob y juntos se lanzaron a la calle.

- Bella - susurro Jake, apretando el brazo femenino -, ¿no me has recordado estos tres años de ausencia?

- Claro que sí, Jacob.

- ¿De veras? Yo no pude olvidarte, Bella. Te he tenido en el corazón continuamente.

- ¿Estás seguro?

- Por supuesto, Bella - añadió más bajo aún - yo te quiero. Lo he comprendido cuando marchaste.

- Sin embargo, aquella vez me diste calabazas.

- ¡Oh, Bella, que cosas dices! ¿Crees que en aquel entonces nos tomábamos en serio?

- Tú quizá no; yo sí.

- Podemos empezar de nuevo, Bella.

- Desde luego, Jacob; eso estamos haciendo.

- Deseo ser tu novio y luego tu esposo.

- Mucho corres, Jacob

- La vida es breve

- Por esa misma razón... Es breve y debemos meditarla, pulir la y después vivirla del mejor modo posible, pero bien seguros de nosotros mismos, del cariño que hayamos elegido.

- ¿El mío no te merece seguridad?

Los ojos de Bella chispearon; pero era de noche y nadie pudo ver el brillo extraño de aquella mirada femenina. Llegaron junto al palacio de los Swan. Bella apretó el abrigo sobre su cuerpo estremecido y con ademán natural y encantador retiró con los dedos los cabellos que le venían a la cara. Luego se detuvo con una mano sujetando la verja. La otra la hundió en el bolsillo del abrigo.

- Vayamos con calma, Jacob. Nos hemos visto hoy por primera vez en tres años. Tenemos tiempo de pensar y querernos, ¿no es cierto?

Por la calle poco iluminada avanzaba un hombre vestido de obscuro. Era esbelto y hermoso. Ellos,Jacob y Bella, ni siquiera se fijaron en la sombra que avanzaba hacía el palacio.

- Bella, yo no sé si podré esperar - dijo Jake  inclinándose hacía la joven

- Tendrás que hacerlo, Jacob

- ¿Me das calabazas en venganza?

La risa de Bella llegó clara y vibrante a los oídos de Edward. Los ojos verdes como esmeraldas atravesaron la obscuridad de la noche y se clavaron agudos, fríos, en las dos sombras muy juntas. Y vio como Jacob tomaba las manos femeninas y las llevaba a los labios, con fervor, con apasionamiento. Frunció el ceño, apretó sus puños y avanzó.

- Buenas noches.

Las sombras se separaron. Edward pidió permiso para entrar y Bella se sintió molesta y avergonzada sin saber por qué.

- Hasta mañana. Jacob. Iré al club a la hora de siempre.

- ¿Tomaremos juntos el vermut, Bella?

- Tal vez. Buenas noches.

Después miró a Edward, que plantado junto a ellos esperaba que le permitieran entrar, y le sonrió. Colgándose de su brazo con naturalidad dijo:

- Vamos, señor Cullen. Espero que no le moleste que me cuelgue de su brazo - lo hacia adrede sabías que Jake los observaría.

- En absoluto.

La verja se cerró tras ellos y Jacob, silbando sin dar importancia al hombre con el cual entraba Bella en el palacio, tonta ella si creía que el la celaría con un tipo mayor, se alejó calle abajo soñando con los millones de Charlie Swan y con la belleza de su hija...

Edward y Bella atravesaban el parque.

- ¿Su novio?

- ¿Mi novio? No lo tengo, señor Cullen.

- Lo creí.

- Pues se equivocó.

- Es gracioso que lo diga porque pude ver que en él cierto interés hacia usted, señorita.

- No veo, la gracia a todo esto, me podría explicar a que se refiere.

- El hecho de que usted necesite mi brazo, me ha parecido un acto impulsivo y puramente vengativo de su parte , señorita.

Ella lo soltó, rápidamente. Él se había dado cuenta de sus intenciones de usarlo en ese momento, maldición eso no se lo esperaba, ni mucho menos que a él le molestara su contacto.

- Un hombre tranquilamente puede ofrecer su apoyo a una mujer, pero si usted pretende usarme para dar celos a sus conquistas, señorita, esta usted equivocada.

- Tiene razón, fue un grave error de mi parte, discúlpeme.

- La disculpo, señorita Swan, sólo quería aclararle que no soy hombre al cual pueden usar y luego desechar- dijo con sequedad, odiándola por su comportamiento.

Y entró en la casa.

Aquella noche Edward comió con ellos. Al parecer su padre lo había invitado, sólo que esté ni siquiera le dirigió la palabra, eso la indignó, pero peor fueron sus últimas palabras mencionadas en el parque las cuales se clavaron como cuchillos en su corazón.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Su Venganza cap 6



- Buenos días, señorita Swan.

- Buenos días, señorita Swan.

Así uno y otro todos los obreros saludaron a la joven mientras ésta, sonriente, llevando al caballo de la brida atravesaba las amplias naves que se alineaban a lo largo del patio descubierto.

Ató el pura sangre en una columna y, siempre sonriente, luciendo aquella innata gentileza que como imán atraía las miradas de los hombres, atravesó la gran puerta y se dirigió directamente a la oficina de su padre.

Quizá hacia más de seis años que no pisaba las rojas baldosas del edificio donde se hallaban ubicadas las oficinas centrales del gran negocio de automóviles. Con la fusta en la mano, vestida de aquella manera provocativa, pues sus formas se asentuaban deliciosa mente, y la sonrisa en los labios, los ojos chocolates muy abiertos y tocaba la cabeza con la visera, cruzó las oficinas, respondiendo gentilmente a todos los saludos.

Llegó a la puerta, en donde las letras doradas y grandes decían "dirección", y entró sin llamar, cerrando tras sí.

Los dos hombres que se inclinaban sobre un plano levantaron la cabeza para mirarla. Charlie Swan se echó a reir y chasqueo la lengua alegremente. Edward Cullen apenas si parpadeó.

- Caramba, Bella, muy pronto te has levantado esta mañana.

La joven corrió hacia él y lo besó apretadamente en ambas mejillas. Luego se volvió hacia Edward y le alargó la mano, si saber por qué esta le tembló por un segundo.

- Buenos días, seños Cullen - saludo sonriente para disimular los nervios que la habían asaltado - Hace tiempo que no nos vemos que casi no me recordará usted.

- La recuerdo perfectamente - repuso serio -. ¿Cómo está usted, señorita Swan?

Se sentó en la mesa y con naturalidad alcanzó un cigarrillo de la caja de laca que había sobre ella. Sentía que sus piernas estaban débiles frente a ese hombre. Puso en sus labios el cigarro y Edward se apresuró para alcanzarle el mechero.

- Gracias - susurro ella arrojando una bocanada sutilísima. Y miró a Edward de un modo raro, centelleante, como si sus pupilas fueran bombillas encendidas.

Edward ni siquiera parpadeo. Pidió permiso para retirarse y Charlie se lo concedió. La joven, que movia el pie, siguió al ingeniero hasta que éste hubo desaparecido por la puerta lateral. Después contemplo a su padre y sonrió, mientras decía:

- ¿Qué tal se a portado el ogro, papá?

- ¿Te refieres a Edward, hija?

- Eso creo. No he visto más ogro que él en las oficinas

- Bien, maravillosamente bien; mejor que yo quizá. No me gusta que te mofes de él, Bella. Edward Cullen es un hombre completo. Jamás he tratado con un hombre tan amable y dedicado...

- ¡Oh papá, lo será quizá, pero no lo parece lo de amable! a mi no me digiere ni con bicarbonato.

- Quizá te tiene miedo

- ¿Miedo?

- A tu indiscreción

- ¡Oh, sí, tal vez...! - se echó a reír y se tiró al suelo-. Ya me voy papá, si tu no me convidas al vermut. 



- ¡Claro que si! Iremos los tres ¿quieres? - anuncio el hombre

- Se lo diré a Edward al pasar.

La joven volvió a cruzar las naves y tocó con los nudillos en la puerta tras la cual adivinaba que seria la oficina de él.

- Señor Cullen, papá y yo lo esperamos para que nos acompañe a tomar el vermut aquí cerca.

Salió tras ella, vestía un pantalón de franela marrón y una chaqueta azul cerrada con una cremayera; la joven se colgó del brazo de su padre y agitaba la fusta con la otra mano, miraba de soslayo al ingeniero, parecía interesante debería ya tener unos veintisiete años era extremadamente guapo y recordó que siempre lo había sido tres años antes apenas lo había mirado pero ahora podía observar que estaba como se quería, ¡ja! rió de su comentario; este la observó un momento serio, hermético casí frío, caminaba a su lado sin abrir siquiera los labios.

- ¿Y tu caballo, Bella?

- Lo llevará el muchacho a casa, papá. Yo iré en tu coche - sonrió dulcemente.

- Me parece muy bien, entremos aquí.

El bar no era elegante ni siquiera cómodo. Pero Bella, contra lo que podía suponer Edward, no le dió importancia. Entró primera con naturalidad se sentó en una alta banqueta frente al mostrador de simple madera no muy limpia precisamente. Era el único bar por aquellos alrededores. Allí acudían los obreros a comer y a jugar una partida antes de reintegrarse al trabajo; Bella ya lo sabía de siempre y sonrió con naturalidad cuando Edward insinuó que no era un lugar muy apropiado para su gran fragilidad de mujer elegante.

- Me amoldo a todo - sonrió la joven clavando sus inmensos ojos en el rostro del ingeniero- Cuando era pequeñita y venía a buscar a papá a la oficina siempre me compraba caramelos en este bar. Le tengo cariño. No me importa mezclarme con los obreros. Todos son hombres de bien.

Edward no dijo que era aquella era la primera vez que consideraba a la joven, pero lo pensó. ¡Oh sí; lo pensó...! 

Y pensó asimismo que aquella mujer era sencillamente deliciosa con los hoyuelos en las mejillas blancas como la nieve, los ojos penetrantes y la boca... La boca de Bella era realmente maravillosa. Húmeda, roja y perfecta. Los labios de Bella temblaban por la cosa más insignificante, lo que indicaba que aquella muchacha poseía una gran sencibilidad, le encantaba cuando se los mordia inconcientemente y más aún cuando se sonrojaba cuando el la miraba intensamente como lo hacía ahora.

- Mi hija es, en cierto modo liberal - rió el caballero lanzando una breve mirada sobre su colaborador.

- Su indulgencia para con los obreros en ciertamente encantadora.

- No es indulgencia, señor Cullen; es sencillamente que los considero iguales a mí. Tenga usted en cuenta que si papá no fuese millonario yo sería hija de un obrero, de un simple hombre.

- De acuerdo; pero también podrías ser hija de un político, un artista...

- No, papá - rió la joven - no sirves para artista ni para político.

Un ingeniero que entraba se dirigió al grupo. Era joven, bien plantado y sonreía con facilidad. A Bella no le agradó en absoluto. Su padre se lo presentó como Seth Clearwater. Y Bella observó como aquel joven saludaba a Edward con marcado respeto.
" Todos le teme" - pensó -. Quizá es duro y severo para sus inferiores. Yo también me siento intimidada a su lado. Es como si antes de hablar midiera sus palabras. ¡Qué curioso, nunca me sucedió nada de esto!

El señor Swan y el joven Seth salieron primeros del bar. Iban enfrascados en una discución sobre un motor. Ella se vió obligada a caminar junto a Edward hacia el auto que los esperaba fuera.

- ¿Está usted contenta de volver a su ciudad natal, señorita Swan? - preguntó Edward cortés, pero siempre dentro de la más extraña reserva.

- Mucho, me cansan los viajes. Bien está hacerlo de vez en cuando, pero tres años... Son muchos años para vivir de hotel en hotel, conociendo siempre nuevas caras.

- A otra muchacha le resultaría de lo más interesante.

- Quizá soy diferente a las demás.

Y lo miró. Edward no parpadeo tampoco esta vez, y eso que los ojos de Bella centelleaban fascinadores.

- Pobablemente no lo es - rió Edward

Al reír dejaba ver unos dientes muy blancos, perfectos que sobre el rostro niveo como el suyo se veía sencillamnente hermoso; era la primera vez que le sonreía y le gusto demasiado que lo hiciera ¡Oh sí, más de lo que debiera!

- Me gustaría trabajar en las oficinas, señor Cullen.

- Ya me lo había dicho su padre. Pero le aconsejo que no lo haga.

- ¿No? ¿Por qué?

- Es... duro, desagradable.

- ¿Para usted no?

- ¡Oh, qué tontería! Yo no tengo más remedio.

- ¿Es que si pudiera no trabajaría?

Edward lanzó una breve mirada sobre la joven. Estaba serio y frío nuevamente. Bella pensó que Edward era demasiado inabordable. Y pensó también "nunca seremos amigos. Este hombre no le permitirá facílmente mi entrada en su intimidad"

- Por supuesto que sí. Trabajaría del mismo modo, pero no permitiría que una mujer trabajara a mi lado. Es..., no sé lo que es. No obstante, puedo segurarle que si fuera su padre no permitiría que pasara usted ocho horas metida en una oficina - terminó este menos convencido aún de todas las excusas patéticas que le había dicho, es que pensar en ella moverse alrededor de él todo el tiempo lo enloquecería.

- No se preocupe, señor Cullen, probablemente no trabajaré. Hace años que salí de aquí y al regresar ahora tengo que ambientarme. Antes era una niña tonta lo recordará bien y ahora soy una mujer no lista, pero tonta desde luego que no. Así púes, mis amistades de antes no me servirán de gran cosa.

Llegaron al auto y agito la fusta, bastante molesta con ese hombre.

Él la apreciaba, resultaba preciosa bajo ese atuendo atrevido, el busto se erguía turgente, bello, casí provocativo. La cintura breve; las caderas redondeadas. Edward se obligó a si mismo y apartó la mirada buscando al señor Swan.

- Ya estoy aquí, Edward. ¿Vamos, Bella? ¿Donde diablos se metió el chófer?

- Conduciré yo, papá - dijo la joven, ya sentada frente al volante.

El joven ingeniero y Edward se hallaban ante la portezuela. Edward la cerró tras su jefe. El Mercedez negro se alejó lentamente.

- Bonita muchacha, señor Cullen - comentó el joven lanzando una mirada sobre su superior-.  No la conocía.

- Sí, es bella.

- Y gentil.

-Sí

-Y, encantadora.

-Sí

El pie de Edawrd hacia dinujos en la arena, los ojos verdes esmeraldas se clavaron obstinados... en aquellos dibujos.

- ¿Usted la conocía, señor Cullen?

- Sí

- ¡Qué mujer! ¡Qué formas, qué cara, qué ojos!

Ahora las pupilas de Edward se elevaron.
Había burla, cierto humorismo que desconsertó al joven.

- Perdone, señor Cullen.

- ¿Yo? Oh, siga usted enumerando. Me gusta oírle.

Pero el joven saludó y se alejó rojo como un tomate. Y Edward dejó de hacer dibujos en el suelo con el pie.

Su Venganza cap 5





- ¡Ah sí! ¡ A misa! Dios me perdone - exclamó de un salto en la cama

Resultaba deliciosa dentro del atuendo de noche. Y aquellas formas, que eran de casi una niña tres años antes, resultaban ahora altamente sugestivas sobre su estructura de mujer completa. Tenía exactamente veinte años, los había cumplido el mes anterior en Nueva York y su padre dio una gran fiesta en el hotel por tal acontecimiento, Bella sonrió al recordarlo.

- ¿Y esas rosas, Angella? - preguntó fijándose en su joven doncella.

- Las ha traído un muchacho, señorita. No dijo de parte de quién. También han traído este sobre cerrado.

- ¡Vaya, vaya! - susurro con entonación indefinible -.Parece que mis amigos no se olvidaron de mí. Veamos primero la carta.

La abrió.
Echó la cabeza atrás con ademán voluptuoso y sonrió dulcemente.

- Iré, Alice. Siempre has sido una buena amiga y compañera para mí. No me des las rosas blancas, Angella - añadió divertida -. No me agradan en absoluto. Detesto las rosas que no tienen aroma. Dame la tarjeta si es que la trae.

- Aquí está, señorita Bella.

<< Deseo que sea mi cariño el primero que te salude esta mañana. Todo mi amor por ti,
Jacob. >>

- ¡Hum! - rió burlona mente entregándola de nuevo a Angella -. Quémela, querida. Es un párrafo absurdo. ¿O quizá que el presuntuoso Jacob Black se arrepintió de sus calabazas? 
¡Qué interesante! Prepáreme el baño, Angella. 

Dispone también el traje de montar. Daré una vuelta por el bosque y al regresar me detendré en la fábrica. Y anota todo lo que voy a decirte - añadió tirándose del lecho cubriendo el cuerpo con una bata de satén azul Francia preciosa -. A la una y media llamarás por teléfono a Alice. Dirás con mucho respeto que tu señorita tendrá mucho gusto en asistir a su fiesta de cumpleaños - echándose a reír y siguió a Angella al baño, y mientras la doncella lo disponía todo, ella, con un cigarrillo entre los labios, iba enumerando todo que la doncella haría esa jornada -. Contestarás a todas las llamadas telefónicas que sean para mí. Dirás que no estoy, siempre que no estoy aunque me encuentre a dos pasos de ti. ¿De acuerdo, Angella?.

- De acuerdo, señorita Bella.

- Bien. Vendré a comer cuando papá. A las tres dispondrás de un modelo de tarde. De los más bonitos, ¿eh, Ang? Deseo causar buena impresión entre mis amigos. A las cinco me vestiré. ¿Está el baño, querida?

- Sí, señorita Bella

- Perfectamente. Ahora, mientras me baño, prepara mi traje de montar y dí a James que disponga mi caballo.

Angella salió con deseo de decir a su señorita que la encontraba muy cambiada, pero librándose de hacer cualquier comentario, salió de la habitación.

No, obstante, como era dueña de sus pensamientos, pensó y pensó sobre ella. Encontraba a Bella muy cambiada diferente, en el físico, que había mejorado notoriamente y en su parte espiritual. Ya no era la niña infantil de tres años atrás.

-¿Bajará luego la señorita, Angella? -, preguntó la dama desde el vestíbulo.

- En seguida, señora.

- Sirve su desayuno, por favor.

Minutos después una elegante amazona, esbeltisima, maravillosa, enfundada en calzas blancas, camisa del mismo color, chaleco azul marino, tocada con una gorra de visera, y el látigo en la mano, hacía su aparición en el saloncillo.

- Buenos día, mamá. ¿Has dormido bien?

- Estupendamente. Siéntate. Ya tienes tu desayuno.

La joven besó a su madre y después se sentó ante la mesa. La dama lo hizo a su lado sonrió contemplando a su querida hija muchacha. Ya no era una niña infantil que jugaba a declarar su amor a los hombres. Era una mujer completa y la gran obra se había realizado sola, durante aquellos tres años que emplearon en correr de un lado a otro del planeta con el solo objeto de formar a Isabella.

Los esfuerzos no habían sido estériles, pues si bien ella continuaba siendo una joven caprichosa e impulsiva, en el fondo tenía todo el poder fascinador de una mujer entera y digna. Por otra parte, había dejado de vivir de ilusiones y ahora vivía de realidades bien positivas. 

Sabía muy bien que su padre era millonario; que en el inmenso ropero de su alcoba principesca tenía cientos de modelos costosísimos; no ignoraba que poseía un auto para ella sola hermosisimo ultimo modelo, un caballo negro y lustroso que su padre le regaló el día de su cumpleaños y una personalidad inabordable...

- Estoy contenta, mamá - sonrió Bella, al tiempo de untar con mantequilla una rebana de pan - Ahora daré una vuelta por nuestras propiedades y luego vendré por la fábrica. Hace muchos años que no visito a papá en su finca.

- Bella si te encuentras con el director procura ser cortés, querida. La última vez que lo viste te portaste como una criatura.

Los ojos marrones sonrieron dulcemente.

- Es que entonces era realmente una criatura, mamá. Creo que ahora soy una mujer no precisamente incorrecta.

- Pues te lo vuelvo a recordar por las dudas querida, sabes que tu padre lo aprecia y no quisiera que se disguste por esto.

- Ya te aseguro, que a Edward Cullen, no hay nada que pueda opacarlo, aun así, si después de aquel accidente quedó cojo - largo una carcajada y abrazo a su madre.

- Bueno eso no lo sé porque yo tampoco lo he visto y tu padre es muy reservado, pero si fuese así no iras a decircelo, ¿verdad? -.

Bella siguió, riéndose alegremente. Dos deliciosos hoyuelos se marcaban en sus blancas mejillas. Los ojos chispearon humorísticos.

- ¡Qué cosas tienes, mamá! Por otra parte no creo que me lo tropíese. Es un hombre que... me impone un poco.

- ¿Imponerte?

- Creo que si. Sus ojos verdes parecen desnudar cuando miran, ¿sabes? Lo recuerdo muy bien. Quizá debido a ello le dije aquella noche tantas tonterías. Lo considero un hombre superior.- aparte de atractivo ¿como estaría? era él la única persona que había recordado más de una vez en estos tres años, de seguro estaría casado y... ¿qué estaba pensando?

Se puso de pie y recogió la fusta. La agitó divertida.

- Estoy contenta mamá. tenía deseos de estar en casa, de verme en el hogar tranquilo y dichoso... ¡Ah! ¿sabés? - se volvió desde la puerta -, Angella me despertó esta mañana con un ramo de rosas blancas.

La dama frunció el ceño.

- ¿Quién las envió, querida?

- Jacob Black

- ¡Bella!

Esta se dio la vuelta en redondo y clavó sus serios ojos en los de su madre un poco alterada.

- ¿Y bien mamá? ¿Acaso puedo yo evitar que mis amigos me obsequien?

- Por supuesto que no, si bien procurarás evitar ciertas familiaridades. Ni tu padre ni yo permitiremos jamás que te cases con Jacob.

- ¡Que cosas dices, mamá! me parece que si yo me empeñara en ello no sería suficiente la autoridad de papá ni la tuya para impedirlo. Siempre hice lo que me pareció mejor. Y cuando busque esposo será exactamente lo mismo.

- ¡Isabella Swan!

La joven emitió una risita sardónica.

- Mamá - observó la joven agitando la fusta -, cuando declaré mi amor a Jake era una niña. Quizá si entonces... Jacob no me hubiera dado calabazas, a estas horas ya me habría casado o estaría próxima a casarme... recordaras muy bien que en aquel entonces te conté el incidente con naturalidad. No sentía rencor alguno, ni me consideraba humillada... - se mordió sus labios, algo característico en ella cuando algo la contrariaba. Y añadió con voz extrañamente alterada...

- Durante tres años no pensé en ello. Lo consideraba una cosa estúpida, un pasaje sin importancia. No obstante, al recibir las rosas esta mañana sentí como si todo mi ser volcaba dentro del pecho. Y experimente tal humillación que lo que hace tres años me causó risa, hoy causó mi odio. ¿Comprendes?

- No permitiré que juegues con fuego, Isabella.

- No temas, mamá. no pienso jugar, pero es preciso que Jacob Black reciba una lección y la recibirá. Lo juro, ¿me entiendes? Lo juro.

Y esta vez salió definitivamente de la estancia, dejando a su madre pensativa.

martes, 15 de noviembre de 2011

Traición al ♥ cap 31

*Bella*
Su aliento tibio rozaba mi columna, sus suaves besos dejaban una estela de humedad en mi piel los cuales iban en descenso hacia mi trasero. Podía sentir como sus ojos se me clavaban en la zona baja de mi cintura maravillado ante la redondez de mi cola. Su lengua seguía bajando y me estremecí al saberlo tan duro y preparado, al sentirlo cada vez mas cerca de mi entrada, esa que yo sabia que aun estaba vetada y que solo a él se la entregaría; no me daba pudor hacerlo nos amábamos y sabia perfectamente que era una de las experiencias mas eróticas e importantes en la pareja.
Alice había sido quien me había hablado hace mucho tiempo de esto ella lo hacia con Jasper y decía  que era como tocar el cielo con las manos así que...  ¿Por que no intentar? 


Sabia que  Edward añoraba explorarme allí, me lo había dicho y particularmente me sentí preparada físicamente para entregarle mi colita...

- Se que estas despierta - murmuro abandonando su tarea allí abajo para morder mi oreja y hundir su lengua en ella.

- Uhmmm... - gemí al sentir la humedad en ella.

- Eres hermosa... - susurro levantándome por las caderas mientras su imponente erección se abría paso en mis manantiales.

¡Estaba putamente mojada y no se cuando mierda eso sucedió!


De una sola y precisa estocada desconcertándome me penetró sin contemplación.


- ¡Aggg!... ¡Mierda! Edward... - mi vos salio con un deje lastimero estaba excitadisima


- Si bebe, suplica porque no te dejare ni respirar - musito entrando y saliendo de cavidad como un poseso arrastrándome con él en su frenesí


Podía sentir el sudor recorriendo mi espalda haciéndome pegar mas aun a él... sus manos no me daban tregua acariciaban mis pezones y azotaban mi trasero duramente podría jurar que las marcas quedarían pero era una sensación exquisita y tan erótica que me deje hacer.


- ¡¡Edward... !! - chille cuando sentí su punta inflamada estaba reconociendo mi otro orificio


- Cuando quieras bebe, te haré ver las estrellas por aquí - decía masajeando el lugar con su enorme polla mojada  - se que lo deseas... - y con eso se quito de allí y entro con mas fuerza en mi vagina.
Quise reclamarle yo quería todo ahora saberlo detrás de mi me ponía cachonda y putamente  feliz.
Tal vez años de sexo duro vetado en el cual me conforme con las migajas de Jacob me hacían parecer una perra alzada pero ya nada frenaría mi lujuria...


Sus penetraciones eran cada vez mas constantes y firmes seguían el ritmo perfecto al igual que nuestras respiraciones pesadas y quejumbrosas el sonido de su pelvis al chocar con mis nalgas era música para mis oídos.


- Siiii ... ahhaaa...


- Vamos nena... - Edward se agrandaba mas y mas dentro de mi estaba al borde del abismo- córrete para mi... - fue él quien suplico porque yo tenia enterrada mi cara en la almohada aguantando y al fin lo complací. 
La fuerza de nuestros orgasmos fue monumental y su caída sobre mi espalda fue gloriosa, su olor a hombre me derretía las entrañas...
Estuvimos asi hasta que nuestras respiraciones lograron calmarse y luego de un segundo round en el jacuzzi salimos juntos a emprender la tarea por la que habíamos venido a Río.


Para mi sorpresa y la Edward casi la mayoría de las cuentas estaban encapsuladas en un solo Banco. La tramitación fue ardua, tuve que firmar decenas de papeles, garantías y demas bienes que mi madre me habia dejada... pero.. ¿como es que nunca supimos de esto? No paraba de preguntarme. Mi abogado logro resolver todo en un abrir y cerrar de ojos, tan solo quedaban unos cuantos detalles con respecto a la transacción de los fondos que serian resueltos segun el gerente en los próximos dias.


Edward me llevo de regreso al Hotel para que descansara me sentía exausta y él volvió al banco para continuar con lo que faltaba.
Dormí una pequeña siesta mi cuerpo estaba agotado debido a la intensa actividad física sumado al calor de este país era lógico. Un ruido infernal me despertó. El maldito teléfono no paraba de sonar.


- Hola... - mi vos salio somnolienta.


- ¡Bella cariño al fin! - ¡Oh no! ¡Puta madre!


- Jacob...


- Mi amor he estado tratando de comunicarme contigo toda la maldita mañana pero hasta ahora y recién lo logro ¿Donde estabas?
Una furia poco característica en mi me cegó.


- ¿En donde crees que estaba? - chille - ¿A que demonios he venido a Río Jacob? - grite al auricular


- Yo... ¡Demonios! lo siento es que estaba preocupado por ti no te comuniste ayer cuando llegaste y...


- Y nada Jacob he estado toda la maldita mañana firmando millones de papeles, mueriendome de calor de un banco al otro y ahora estoy tratando de dormir - grite una ves mas me sentía mal por hacerlo pero este hombre sacaba lo peor de mi


- Lo siento, Bella perdóname por favor es que Cullen tampoco contesta


- Él esta en el Banco me trajo al hotel para que descansara y se fue nuevamente


- De verdad cariño discúlpame


- Jacob estoy bien


- Cullen... Mmm Edward ... él...no... - decía con palabras entrecortadas


- ¿¡Que intentas decir Jacob Black!? - explote estaba harta de sus insinuaciones quise gritarle que si, que me le había cogido no hacia mas de cuatro horas pero callé


- Nada es solo... es que tu nunca te has separado de mi... y saber que estas tan lejos con otro... no puedo soportarlo bebe


Lo que me faltaba.


- Haré de cuenta que no escuche nada - frote mi frente tratando de aliviar mi rabia. Esto tendría que acabar pronto me dolía en el alma engañarlo mentirle y encima fingir un amor que ya no sentía y nunca sentí por él - Cullen es muy considerado y gentil conmigo - dije convencida.
Si tan solo supiera lo considerado que era, de solo recordar la promesa de coger mi cola mi cara hervía y mis bragas chorreaban.


- Cariño se que estas molesta y que soy una basura lamento no estar ahí contigo te prometo que te recompensare cuando regreses todo cambiara para bien...


No pude evitar que un sollozo saliera desgarrado por mi pecho al colgar. 


¿Es que mi prisión nunca acabaría?


Me odie a mi misma por estar haciéndole esto a Jake a pesar de todo el era un hombre de corazón puro y sincero un hombre que se caso conmigo aun sabiendo que mi amor no era totalmente correspondido un hombre que jamas me exigió nada mas que devoción hacia su persona y ahora... nada de eso le pertenecía ya. 


Edward estaba en mi cuerpo marcado con fuego en mi corazón y anclado allí en lo mas profundo. Nunca mas podría siquiera mirar hacia atrás y pensar que alguna vez fui feliz con mi marido . No después de conocer a Edward. 


Mi cuerpo se libero de toda la culpa que sentía de todo el remordimiento por estar engañando a la persona que mas me amaba e este mundo después de Edward claro esta.
Y cuando al fin pude limpiar la ultima lagrima de mi mejilla me levante y fui a ducharme.
Edward estaría próximo a llegar y aunque mis ojos no eran mas que dos compotas de tanta inflamación quise verme bien porque por dentro lo estaba. Llorar logro liberar mis miedos y sanar mis culpas. 


Las sales junto con las aceites naturales de naranja me relajaron lo suficiente como para sentirme una persona nueva.


Dedique el mayor esfuerzo a suavizar mi piel a base de cremas ligeras pero efectivas dejándola tan tersa como un bebe. Reí al imaginar a Edward cuando pasara su mano. De seguro lo notaria él sabia bien cuando me aplicaba este tipo de cosas decía que eran innecesarias que mi piel era mucho mas suave aun pero en este momento quería sentirme mimada.


Busque el precioso vestido blanco con puntillas labradas me llegaba hasta las rodillas junto con unas sandalias bajas color chocolate aplique un brillo rosa en mi labios y mi cabello quedo suelto. Ya el calor había mermado al menos unos grados por lo que no me molestaría en lo mas mínimo llevarlo así.


Mire la ropa que tenia preparada para mi hombre. Una guayabera como la mía blanca como la nieve pero con pantalones y camiseta el mismo tono. Moría por ver a mi dios griego en esas fachas.


La puerta al fin emitió el sonido del pestillo al girar y mi hombre llego al fin.
Sus ojos me derritieron exploraron mi cuerpo gravando en su retina cada detalle de mi vestuario. Lo vi tragar saliva varias veces y sonreír diabolicamente.


- Simplemente ... maravillosa. - hablo suavemente con vos ronca y contraída


- Aquí esta tu atuendo de esta noche - señale la ropa y al verla sus ojos se tiñeron de un negro profundo


- Creo que iremos a tono amor mio - su boca beso mi cuello antes de perderse en el baño y cerrar la puerta tras si.
Quise correr hacia el y comérmelo todo pero no quería adelantar nuestra noche. Hoy la entrega seria total mi cuerpo y mi corazón estaban mas que preparados.


Edward salio envuelto en su toalla y me obligue a mirar hacia otro lugar era una tortura saberlo allí tan cerca de mi completamente desnudo con esas pequeñas gotas resbalando por sus pectorales bien definidos y no poder lanzarme encima de él y acabar con esto de una vez.


- Estas deslumbrante cariño - susurro mientras se soltaba la toalla y caminaba desnudo hasta la cama. 
Mis ojos se perdieron en su trasero bien duro viajaron hasta su espalda y se encontraron con esas profundas y casi negras esmeraldas cargadas de deseo. Trague en seco y camine hasta la sala.


- Te esperare aquí amor - dije completamente sonrojada


- Por mi no es molestia sabes que me encanta estar desnudo frente a ti - decía mientras se me acercaba con paso gatuno


- Edward vístete de una buena ves sino quieres que te saque esa sonrisa de suficiencia - acote cerrando la puerta con fuerza. Detrás mio sentí su carcajada y sonreí también a la par de él.


Este hombre me desarmaba y aunque quería hacerme la fuerte no podría dejar nunca de desearlo y sentirme como una ¡¡pequeña colegiala hormonal!!


En veinte largos minutos salio mi Dios griego enfundado en su guayabera no muy convencido todavía. Me quede de una pieza al verle. Estaba increíble. La tela blanca de su camiseta junto con los pantalones y las sandalias para sus píes me trastornaban.


- ¿Que te parece? - pregunto al ver que yo no podría abrir la boca.


- Estas... estas... Amor estas increíble.


Sus ojos brillaron al recorrer mi vestido y se quedaron estáticos en mi escote.


- Tu si que estas magnifica cielo - me sentí morir cuando sus labios se juntaron con los míos creando un torbellino de emociones que me sacudió por completo. - ¿Realmente es necesario salir esta noche? - pregunto besando mi barbilla mientras acariciaba mi cuello con sus largos y finos dedos.


- Si Edward, te prometo que mas tarde seré toda tuya bebe - conteste y él me quedo mirando sorprendido sin comprender mis palabras




Salimos con un poco de atraso ya que la cesión de besos tuvo una recaída en el ascensor.
El Restaurant era impresionante. Gozaba de una amplia variación de platos internacionales de los cuales degustamos varios. La decoración se basaba en la naturaleza una cascada de piedras estaba en el centro del mismo rodeada de muchas plantas exóticas que dejaban en el ambiente un aroma envolvente exquisito. De postre pedimos helado de fresa. Intente no beber demasiado vino quería recordar esta noche.




- ¿Estas bien? - pregunto Edward al llegar y ver que yo me perdía en el baño


-Si cariño ya regreso 


Cerré la puerta del baño tomando una fuerte respiración y saque del mueble la bolsa con los accesorios y demás cosas que había comprado en la tarde. 


Mire el pequeño camisolin de seda color plata con encajes en la parte superior y me lo coloque en un instante.
El frío de la seda me relajo luego me puse las bragas a juego y arregle mi cabello para que cayera sobre mi espalada de la forma mas sensual y bonita. Quería que Edward se sintiera desfallecer al verme. 


Mire los lubricantes y leí atentamente que fueran hidrosolubles según Alice eran los mejores. me deje llevar por uno de los juguetitos que encontré alli dentro y sonreí al palpar con mi mano la dureza del mismo. Mi cara explotaría en cualquier momento. Roce la punta de aquel instrumento de lujuria y lo guarde nuevamente en la bolsa que tome en mis manos.
Salí del baño dispuesta a todo. Amaba a este hombre y mi deseo por el crecía mas y mas con el correr de las horas.


Edward estaba en la cama tumbado con las manos sobre los ojos. Sentía como su respiración se hacia mas y mas trabajosa al sentirme cerca suyo. Mi aroma a fresas lo saco del ensueño y sus esmeraldas se clavaron en mi cuerpo. Pude notar como su nuez de adan se movió lenta y tortuosamente deslizando un poco de saliva al bajar. Estaba nervioso veia en sus ojos un brillo extraño algo que me decía que no podía ceder. No ahora. Yo anhelaba que Edward me tomara completamente y esta noche seria única.


Su mano pálida y ahora mas relajada aferró la mía y me la apretó con cariño. Dándome un poco de esa seguridad que tanto amaba de él. Me estrecho entre sus brazos y aspiro mi aroma desde mi cuello intoxicándose con mi fragancia. Mi piel se erizo y él se percato de ello levantándome entre sus brazos para depositarme en el medio de la cama quitándome la bolsa de las manos dejándola sobre la mesa de noche.


Mis ojos viajaron hasta su cuerpo aun vestido con la guayabera. Se veía glorioso tan lejano e irreal que mi corazón se estrujo de tanta emoción.
Edward se desnudo lentamente regalándome el espectáculo mas hermoso del mundo. Su desnudez. 


Sentí la sangre viajar a mis mejillas y trague saliva inconscientemente al ver como avanzaba con pasos felinos hasta a cama. Era su presa y el el predador. 


Esta noche la unión seria total. 




Se que me demoré demasiado con este capitulo pero mi vida esta en una revolución constante chicas, haré lo posible por actualizar los demás fics. Gracias por ser tan pacientes. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Su Venganza cap 4

El viaje duró tres años, pues aún cuando su padre veníia de vez en cuando a la ciudad para inspeccionar la buena marcha de sus negocios, ella esperaba junto a su madre en Nueva York.

- ¿ Sabéis quién ha llegado esta noche?- gritó Jacob Back apareciendo en la sala del club.
Muchos ojos se alzaron para ,mirar al escandaloso.
Este sonrió triunfante, enseñando unos dientes tan blancos como esos que en las revistas anuncian una pasta dental, se sentó en medio del grupo que formaban los estudiantes.

- Ha llegado Isabella Swan.

Todos abrieron la boca estúpidamente. Era un buen nutrido grupo de chicas y muchachos que estudiaban en la Universidad distintas carreras. Habían sido compañeros de Bella cuando ella estudiaba el Bachillerato y la apreciaban, no solo por ser bonita, sino por la simpatía que irradiaba la joven millonaria.

- Ahora admitirás de buen grado su declaración - rió irónico Mike Newton - ¿No es cierto Jacob?

Este encogió los hombros. Era tan fanfarrón que se cría el dios del Olimpo inaccesible, extraordinario, y admitía de buen de grado que Bella lo amara eternamente, aunque el no tenía un centavo y la joven poseía muchos millones de dólares. Hizo luego un ademán intenso con la mano y despúes se echo a reír.

- Probablemente te equivocas, Mike. Me gusta Bella, pero no es totalmente mi ideal de mujer.

- ¿De veras? ¿has leído su cuenta corriente?

- Y a mi.., ¿eso qué?

- Ya, ya. Hablaremos de ello más tarde. ¿Juegas una partida? Bella nos visitará mañana, estoy seguro.

Jacob, que era moreno bien parecido, tenia un cuerpo despampanante y super musculoso, se sentó al lado de sus amigos y clavó los ojos negros en una de las chicas que no había dicho nada.

- ¿No te ha llamado Bella por telefoneo, Alice?; siempre fuistes entrañables amigas.

- No me ha llamado,Jacob. Seguramente vendrá aquí antes que nos retiremos - dijo con sencillez - Bella sabe muy bien donde puede encontrar a sus amigos.

- En tres años pudo habérselo olvidado.

- A Bella no se le olvida nada - afirmó Alice un poco molesta con otra de las chicas llamada Laurent que estaba en el sofá contiguo.

Jacob se puso un poco nervioso, se enfrasco en el juego, inconscientemente espero que apareciera Bella, pero no fue así.

Ya en el hogar, rodeado de su padre y su tía Sue, comentó de nuevo la llegada de los Swan. Papá Black, un poco nervioso, indicó con voz gangosa, persuasiva:

- Me agrada la hija de Charlie Swan, Jake. Es una linda chica y tiene un capital inmenso.

- Billy - observó su hermana, que era más rencorosa que el caballero y no podía olvidar fácilmente que Charlie Swan la dejó plantada por casarse con Reneé Widmark-  no irás a aconsejar a tu hijo que seduzca a Isabella, ¿verdad?

- ¿Por qué no, Sue? te advierto que la muchacha es muy linda y mucho mas lindo es su capital.

- Detesto tus puntos de vista, Billy. Nunca veré con buenos ojos una boda con Isabella Swan y nuestro Jacob

Este, que hasta entonces había permanecido callado, se hecho a reír y comentó:

- No os enojéis. Soy un hombre que no ha terminado la carrera, que no sabe si podrá terminarla, puesto que papá carece de recursos. Una boda con Bella me libra de continuar estudiando y me pone al cubierto de la miseria.

- Has hablado muy bien, hijo. Después de todo, las viejas historias no deben repetirse, son ridículas.

- Pero tu has amado mucho a la madre de Bella - Billy rió descarado.

- Bueno, eso era entonces. En seguida me casé y deje de amarla. En cambio, tu tía no se casó y no olvido nunca la traición. No obstante, yo juzgo las cosas de otra manera. Si Charlie Swan amaba más a la joven aristocrática era justo que la desposara.

- Me había dado la palabra de casamiento, Billy. - Saltó la dama enojadisíma.

- Sí, sí; lo sé perfectamente, querida mía. Ojalá pudiera haberse casado con la hija del presidente de la nación. Estoy seguro de que a estas horas no estaría destrozado física y moralmente. ¿Puedes decirme Sue de donde voy a sacar el dinero para pagar la hipoteca de esta casa? Estoy ahogado. Ya no tengo crédito, ni nada que hipotecar... La solución la tiene Jacob.

- Hace tres años tuve esa solución en mi poder - dijo el joven con suficiencia -. La rechacé por idiota. Hice mofa de ello. No obstante, creo que aún es tiempo. Bella es una chica un poco tonta y creerá en mi amor.

- Procura hacerlo bien, hijo - aconsejó el caballero sin una pizca de humor- Si hace años, muchos años Reneé y Charlie nos despreciaron para casarse, justo es que la hija pague los platos rotos...

- Ella no tiene la culpa de nada.

- De acuerdo querida tía. Tampoco pienso dársela... Unicamente la busco como recurso y la encontraré. Bella es bonita y joven, no me será difícil amarla.

La dama se echó a reír nerviosamente. Era evidente que no compartía las ideas de sus parientes. Movió la cabeza de un lado a otro y comentó:

- Detesto esas cosas, Jacob. También te detesto a ti, Billy, cuando los oigo hablar con esa indiferencia de una cosa tan sagrada como es el matrimonio.

- Mi querida hermana - sonrió el el señor Black con indiferencia -, tienes cuarenta años y aún estás soñando con el amor. Eso queda para los jóvenes. Ahora se vive más de hechos que de sueños. Ve pensando en ello.

Sue recogió el borde de la bata y se alejó en dirección a su alcoba. Por supuesto, sentía en su pecho un gran rencor hacia los padres de Isabella; jamás podría olvidar aquel desprecio que todos presenciaron. Pero era humana, noble en el fondo y no estaba de acuerdo con su hermano ni con el cínico de su sobrino.

Jacob se echó a reír burlona mente, señalando la puerta que se cerraba tras su tía, y alcanzó el cigarrillo que le alargaba su padre.

- Tía Sue sigue siendo un niña, papá. ¿Te has fijado? Continúa tan enamorada de Charlie Swan como el primer día. No concibo esa clase de amores - rió contemplando la estela de humo que dejaba el cigarrillo y ascendía hasta el techo -. Me gusta Bella, estoy seguro de que en estos tres años la formaron por completo - miro a su padre y acentuó su sonrisa -. La pretenderé en serio, papá. Me gusta la vida cómoda y será dificil que pueda prescindir de ella.

- De acuerdo, muchacho. No permitas que otro se lleve lo que te conviene a ti.


Cuando llegó a la Universidad al día siguiente, Mike Newton y Tyler Roke se hallaban en el patio conversando muy entusiasmados.
Jacob no ignoraba que ambos amigos experimentaban cierto sentimiento hacia Bella. Mike tenía un gran capital, pues su padre tenía dos fábricas de conservas y adoraba asu único hijo. Tyler era el tercer hijo de una familia aristocrática que vivian de rentas considerable. Así pués, ambos tenían más probabilidades de éxito que él; no obstante, Jacob estaba seguro de lograr reconquistar el amor que Bella le profesó hacia un tiempo.

- Hola amigos, ¿ no hay clases hoy? - preguntó interrumpiendo.

- Hola, Jake. Estabámos hablando. ¿Sabes que Jessica Stanleyda hoy una fiesta en su casa con motivo de su cumpleaños?

- Lo ignoraba.

- Pués etstás en la lista de invitados - rió Mike - Toma, Jessica nos encargo que fuéramos entragando la tarjeta a todos sus compañeros. Por eso estabamos aquí. Tu eres el último. ¿ Entramos ahora? el profesor de Fisica nos destrozará la calificación de este mes, pero no importa. La fiesta de Jessica vale un cero.

- ¿ Y a qué hora es? - preguntó Jacob siguiendo a sus dos amigo por los largos pasillos silenciosos.

- A las seis. Irá Bella, ¿ sabés? al menos Jessica le envi{o la invitaci{on.

- ¿ Vosotros no la habeís visto?

- ¿ A Bella? No. Nadie la ha visto aún. Se sabe que llegó cansada del viaje.

- O que se hace rogar - adujo Tyler

- Bella siempre fue la sencillez personificada. Sus motivos tendría para no venir. O bien pudiera ser que en estos tre años aprendiera a ser menos... ingenua.

- ¿ Lo dices por mi?-

- No, Jake. De haber dicho por alguien, sería en general por todos aquellos que la aman. Tyler la quiere, yo la quiero y tu... la necesitas.

- Mike, no te permito...

- Sí, sí; ya sé todo lo que se dice en estos casos; es igual jacob. Repito Tyler la ama, yo también y tu la necesitas. Pero a nosotros Bella no nos declaro su amor. A ti sí... Y tienes todo de tu parte por este simple motivo. Si Bella te amaba hace tres años, es de suponer que continuará amándote. No obstante, yo haré lo posible por quitértela y Tyler me imitará.

- De todos modos me la llevaré yo - dijo Jake con aquella odiosa suficiencia.

- ¡ Qué lástima que todos pensemos igual!

Llegabamos a la clase.

- Esperad un momento. Se me olvido algo.

- ¿ A dónde vas Jake?

- Enseguida vuelvo con ustedes. No entreís a clase.

Echó a correr pasillo abajo en dirección a la calle.
Atravesó la calzada, compró un ramo de rosas blancas en el puesto de flores, escribió presipitadamente en una tarjeta y se la entregó a un muchacho que pasaba por allí.

- ¿ Quieres ganarte unos dólares, jovencito?

- Bueno - contesto

- Toma. Lleva esto a esta dirección.

Una vez el jovencito se alejó silvando calle abajo, Jacob sonrió triunfante, giró sobre sus zapatos y volvió a correr por los pasillos de la Universidad.

- Entremos - djio

Y fue el primero en traspasar el umbral.

**** ¿Díganme que opinen de Jacob? ****