Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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domingo, 27 de noviembre de 2011

Su Venganza cap 6



- Buenos días, señorita Swan.

- Buenos días, señorita Swan.

Así uno y otro todos los obreros saludaron a la joven mientras ésta, sonriente, llevando al caballo de la brida atravesaba las amplias naves que se alineaban a lo largo del patio descubierto.

Ató el pura sangre en una columna y, siempre sonriente, luciendo aquella innata gentileza que como imán atraía las miradas de los hombres, atravesó la gran puerta y se dirigió directamente a la oficina de su padre.

Quizá hacia más de seis años que no pisaba las rojas baldosas del edificio donde se hallaban ubicadas las oficinas centrales del gran negocio de automóviles. Con la fusta en la mano, vestida de aquella manera provocativa, pues sus formas se asentuaban deliciosa mente, y la sonrisa en los labios, los ojos chocolates muy abiertos y tocaba la cabeza con la visera, cruzó las oficinas, respondiendo gentilmente a todos los saludos.

Llegó a la puerta, en donde las letras doradas y grandes decían "dirección", y entró sin llamar, cerrando tras sí.

Los dos hombres que se inclinaban sobre un plano levantaron la cabeza para mirarla. Charlie Swan se echó a reir y chasqueo la lengua alegremente. Edward Cullen apenas si parpadeó.

- Caramba, Bella, muy pronto te has levantado esta mañana.

La joven corrió hacia él y lo besó apretadamente en ambas mejillas. Luego se volvió hacia Edward y le alargó la mano, si saber por qué esta le tembló por un segundo.

- Buenos días, seños Cullen - saludo sonriente para disimular los nervios que la habían asaltado - Hace tiempo que no nos vemos que casi no me recordará usted.

- La recuerdo perfectamente - repuso serio -. ¿Cómo está usted, señorita Swan?

Se sentó en la mesa y con naturalidad alcanzó un cigarrillo de la caja de laca que había sobre ella. Sentía que sus piernas estaban débiles frente a ese hombre. Puso en sus labios el cigarro y Edward se apresuró para alcanzarle el mechero.

- Gracias - susurro ella arrojando una bocanada sutilísima. Y miró a Edward de un modo raro, centelleante, como si sus pupilas fueran bombillas encendidas.

Edward ni siquiera parpadeo. Pidió permiso para retirarse y Charlie se lo concedió. La joven, que movia el pie, siguió al ingeniero hasta que éste hubo desaparecido por la puerta lateral. Después contemplo a su padre y sonrió, mientras decía:

- ¿Qué tal se a portado el ogro, papá?

- ¿Te refieres a Edward, hija?

- Eso creo. No he visto más ogro que él en las oficinas

- Bien, maravillosamente bien; mejor que yo quizá. No me gusta que te mofes de él, Bella. Edward Cullen es un hombre completo. Jamás he tratado con un hombre tan amable y dedicado...

- ¡Oh papá, lo será quizá, pero no lo parece lo de amable! a mi no me digiere ni con bicarbonato.

- Quizá te tiene miedo

- ¿Miedo?

- A tu indiscreción

- ¡Oh, sí, tal vez...! - se echó a reír y se tiró al suelo-. Ya me voy papá, si tu no me convidas al vermut. 



- ¡Claro que si! Iremos los tres ¿quieres? - anuncio el hombre

- Se lo diré a Edward al pasar.

La joven volvió a cruzar las naves y tocó con los nudillos en la puerta tras la cual adivinaba que seria la oficina de él.

- Señor Cullen, papá y yo lo esperamos para que nos acompañe a tomar el vermut aquí cerca.

Salió tras ella, vestía un pantalón de franela marrón y una chaqueta azul cerrada con una cremayera; la joven se colgó del brazo de su padre y agitaba la fusta con la otra mano, miraba de soslayo al ingeniero, parecía interesante debería ya tener unos veintisiete años era extremadamente guapo y recordó que siempre lo había sido tres años antes apenas lo había mirado pero ahora podía observar que estaba como se quería, ¡ja! rió de su comentario; este la observó un momento serio, hermético casí frío, caminaba a su lado sin abrir siquiera los labios.

- ¿Y tu caballo, Bella?

- Lo llevará el muchacho a casa, papá. Yo iré en tu coche - sonrió dulcemente.

- Me parece muy bien, entremos aquí.

El bar no era elegante ni siquiera cómodo. Pero Bella, contra lo que podía suponer Edward, no le dió importancia. Entró primera con naturalidad se sentó en una alta banqueta frente al mostrador de simple madera no muy limpia precisamente. Era el único bar por aquellos alrededores. Allí acudían los obreros a comer y a jugar una partida antes de reintegrarse al trabajo; Bella ya lo sabía de siempre y sonrió con naturalidad cuando Edward insinuó que no era un lugar muy apropiado para su gran fragilidad de mujer elegante.

- Me amoldo a todo - sonrió la joven clavando sus inmensos ojos en el rostro del ingeniero- Cuando era pequeñita y venía a buscar a papá a la oficina siempre me compraba caramelos en este bar. Le tengo cariño. No me importa mezclarme con los obreros. Todos son hombres de bien.

Edward no dijo que era aquella era la primera vez que consideraba a la joven, pero lo pensó. ¡Oh sí; lo pensó...! 

Y pensó asimismo que aquella mujer era sencillamente deliciosa con los hoyuelos en las mejillas blancas como la nieve, los ojos penetrantes y la boca... La boca de Bella era realmente maravillosa. Húmeda, roja y perfecta. Los labios de Bella temblaban por la cosa más insignificante, lo que indicaba que aquella muchacha poseía una gran sencibilidad, le encantaba cuando se los mordia inconcientemente y más aún cuando se sonrojaba cuando el la miraba intensamente como lo hacía ahora.

- Mi hija es, en cierto modo liberal - rió el caballero lanzando una breve mirada sobre su colaborador.

- Su indulgencia para con los obreros en ciertamente encantadora.

- No es indulgencia, señor Cullen; es sencillamente que los considero iguales a mí. Tenga usted en cuenta que si papá no fuese millonario yo sería hija de un obrero, de un simple hombre.

- De acuerdo; pero también podrías ser hija de un político, un artista...

- No, papá - rió la joven - no sirves para artista ni para político.

Un ingeniero que entraba se dirigió al grupo. Era joven, bien plantado y sonreía con facilidad. A Bella no le agradó en absoluto. Su padre se lo presentó como Seth Clearwater. Y Bella observó como aquel joven saludaba a Edward con marcado respeto.
" Todos le teme" - pensó -. Quizá es duro y severo para sus inferiores. Yo también me siento intimidada a su lado. Es como si antes de hablar midiera sus palabras. ¡Qué curioso, nunca me sucedió nada de esto!

El señor Swan y el joven Seth salieron primeros del bar. Iban enfrascados en una discución sobre un motor. Ella se vió obligada a caminar junto a Edward hacia el auto que los esperaba fuera.

- ¿Está usted contenta de volver a su ciudad natal, señorita Swan? - preguntó Edward cortés, pero siempre dentro de la más extraña reserva.

- Mucho, me cansan los viajes. Bien está hacerlo de vez en cuando, pero tres años... Son muchos años para vivir de hotel en hotel, conociendo siempre nuevas caras.

- A otra muchacha le resultaría de lo más interesante.

- Quizá soy diferente a las demás.

Y lo miró. Edward no parpadeo tampoco esta vez, y eso que los ojos de Bella centelleaban fascinadores.

- Pobablemente no lo es - rió Edward

Al reír dejaba ver unos dientes muy blancos, perfectos que sobre el rostro niveo como el suyo se veía sencillamnente hermoso; era la primera vez que le sonreía y le gusto demasiado que lo hiciera ¡Oh sí, más de lo que debiera!

- Me gustaría trabajar en las oficinas, señor Cullen.

- Ya me lo había dicho su padre. Pero le aconsejo que no lo haga.

- ¿No? ¿Por qué?

- Es... duro, desagradable.

- ¿Para usted no?

- ¡Oh, qué tontería! Yo no tengo más remedio.

- ¿Es que si pudiera no trabajaría?

Edward lanzó una breve mirada sobre la joven. Estaba serio y frío nuevamente. Bella pensó que Edward era demasiado inabordable. Y pensó también "nunca seremos amigos. Este hombre no le permitirá facílmente mi entrada en su intimidad"

- Por supuesto que sí. Trabajaría del mismo modo, pero no permitiría que una mujer trabajara a mi lado. Es..., no sé lo que es. No obstante, puedo segurarle que si fuera su padre no permitiría que pasara usted ocho horas metida en una oficina - terminó este menos convencido aún de todas las excusas patéticas que le había dicho, es que pensar en ella moverse alrededor de él todo el tiempo lo enloquecería.

- No se preocupe, señor Cullen, probablemente no trabajaré. Hace años que salí de aquí y al regresar ahora tengo que ambientarme. Antes era una niña tonta lo recordará bien y ahora soy una mujer no lista, pero tonta desde luego que no. Así púes, mis amistades de antes no me servirán de gran cosa.

Llegaron al auto y agito la fusta, bastante molesta con ese hombre.

Él la apreciaba, resultaba preciosa bajo ese atuendo atrevido, el busto se erguía turgente, bello, casí provocativo. La cintura breve; las caderas redondeadas. Edward se obligó a si mismo y apartó la mirada buscando al señor Swan.

- Ya estoy aquí, Edward. ¿Vamos, Bella? ¿Donde diablos se metió el chófer?

- Conduciré yo, papá - dijo la joven, ya sentada frente al volante.

El joven ingeniero y Edward se hallaban ante la portezuela. Edward la cerró tras su jefe. El Mercedez negro se alejó lentamente.

- Bonita muchacha, señor Cullen - comentó el joven lanzando una mirada sobre su superior-.  No la conocía.

- Sí, es bella.

- Y gentil.

-Sí

-Y, encantadora.

-Sí

El pie de Edawrd hacia dinujos en la arena, los ojos verdes esmeraldas se clavaron obstinados... en aquellos dibujos.

- ¿Usted la conocía, señor Cullen?

- Sí

- ¡Qué mujer! ¡Qué formas, qué cara, qué ojos!

Ahora las pupilas de Edward se elevaron.
Había burla, cierto humorismo que desconsertó al joven.

- Perdone, señor Cullen.

- ¿Yo? Oh, siga usted enumerando. Me gusta oírle.

Pero el joven saludó y se alejó rojo como un tomate. Y Edward dejó de hacer dibujos en el suelo con el pie.

1 comentario:

ღ ✰ Aqua Marie Cullen ✰ ღ dijo...

HAHAHAHHHAHAHAHAHHAHHAHAHAHHAHAHAHAHHAHAHAHAHAH ESTE EDWARD ES UN POCO TOSCO AJAJAJAJJA ESPEREMOS QUE BELLA PUEDA HACER QUE ESO EN EL CAMBIE AJJAJA