Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Su Venganza Cap 8


Y aquella rutina Edward Cullen, la tomó luego como costumbre. Todas las noches a la misma hora Edward, que vivía en la misma fábrica, servido por una simple mujer de campo llamada Senna, atravesaba las calles iluminadas y pedía permiso para entrar.

Pero Jacob y Bella ya no se separaron cuando llegaba él. Le permitían la entrada. Él daba las buenas noches. Bella casi no respondía y Jacob contestaba sin mirarlo.

Durante la comida Bella procuraba no mirar al ingeniero. No era porque le repugnaba ni siquiera le resultaba antipático. Era simplemente que la presencia de Edward la intimidaba. Jamás se sintió tan insignificante al lado de un hombre, como cuando tenía a Edward delante. Era superior a sus fuerzas. La mirada fría de Edward la desarmaba. Su vos grave, seria, severa casi, no le permitía oír su propia voz y por esa razón se abstenía a abrir los labios.
Ella sabía que desde aquella estúpida noche, algo había cambiado, la forma en la que la miraba ya no era la misma; pero tenía muy presente sus palabras eran como aguijones que se le clavaban en la piel, por esta razón rehuía de él.

Una vez finalizada la comida y cuando todos pasaban al salón, ella se hundía en un diván junto a la chimenea, escogía un libro de Jane Austen su favorita, y se enfrascaba en la lectura, aunque muchas veces se encontró pensando en Edward.

El primer día su madre le llamó la atención, el segundo la miró severa y el tercero no le dijo nada.

Desde entonces, Bella se consideraba más tranquila leyendo, aislada de sus padres, pero oyendo siempre la voz tan personal de aquel hombre extraño que casi nunca sonreía y que decía las cosas justas, las palabras exactas.

- Bella, sabes muy bien que detesto al joven que te acompaña...¿Puedes decirme cuándo piensas dejar eso?
Es un juego estúpido, ¿comprendes?

- Me divierte, papá.

- Siéntate, Bella - cortó la dama, un tanto nerviosa.

- ¿Es qué no tenemos invitados hoy?

- No, hija. Edward ha ido a Nueva York por asuntos de la fábrica. Quizá no regrese hasta la semana próxima... A propósito de Edward - añadió el caballero, sin transición - Debo decirte, Bella, que tu actitud para con el señor Cullen es... inadecuada.

- ¡Oh, papá!

-Si querida. Debes importarle muy poco a Edward cuando tan poca importancia le da a tu descortesía.

La joven enrojeció de rabia, la palabras de su padre calaron muy hondo, y el odio afloro en su mirada.

- ¿Acaso crees que me importa el que me la dé o no?

- Por supuesto que no. Te conozco. De todos modos te ruego que en lo sucesivo te abstengas de leer cuando él esta en el salón. Es... es impropio de ti.

La joven corrió hacia el caballero y se sentó en sus rodillas.

- No puedo soportar que me riñas, papá - susurró zalamera, besando una y otra vez la mejilla masculina - No es antipatía ni nada parecido. es simplemente que... Edward me impone. Me mira con esos ojos penetrantes, me desarma, me... inquieta ¿sabés?

- ¡Bella!

- Sí, sí, mamá; estoy diciendo la verdad. El otro día, cuando vino a comer con nosotros la primera vez, traté de familiarizar con él, me saludó en la puerta cuando yo despedía a Jacob... y emprendimos juntos el camino por el parque. Me colgué de su brazo, ¿sabés, papá? Y tú, mamá, no me mires así.

- Pero querida...

- No me riñas, mamá... deseaba para Edward ser una amiga, como tu, como papá y ...

- Sigue, Bella - pidió el caballero, apretando nerviosamente el cuerpo de su hija y mirándola de un modo raro -. Sigue, es muy interesante todo eso.

- Pues también lo hice para darle celos a Jake, sólo que Edward se dio cuenta y me dijo que no le gusta que lo usen para ese tipo de venganza.

- ¿Y tu que hiciste?

- Le solté, claro y le pedí disculpas. Desde ese día no me dirige la palabra. Y os aseguro que... que yo lo siento.

- Comamos. Son cosas de niñas.

- Ya no soy una niña, papá.

- Lo pareces, querida.

Bella fue hacía el lugar que ocupaba habitualmente y desplegó la servilleta.Por supuesto, parecía reflexionar.

- Papá - exclamó de súbito - si yo... si yo te dijera que deseaba casarme con Jacob...

- ¡Nunca!

¿Y si te dijera que iba a casarme con tu ingeniero jefe?

La dama elevó vivamente la cabeza. El caballero se estremeció casi imperceptiblemente.

- ¿Qué dices, Bella? - tronó - ¿Por qué juegas con esas palabras?

- Eso... estoy jugando. No me interesa Edward como posible marido, pero... según tengo entendido, tiene casi tanto dinero como nosotros, y más que Jacob por supuesto, y apuesto a que te agradaría profundamente que yo...

- Cállate, Bella

- Déjala, Renée. Sigue, Bella

- Nada. ¿Para qué?

- Entonces responderé a tus medias palabras. No permitiré nunca que te cases con Jacob. Puedes hacerte novia de él mañana mismo si no lo eres ya... pero jamás, ¿me oyes?, jamás daré mi consentimiento para tu boda con un hombre inútil. Edward, es un hombre con todas las letras, un caballero, un luchador como lo fui yo. ¿Me entiendes? Que nunca vuelvas a comparar a Jacob con mi ingeniero-jefe. Y escucha, Bella, quiero que lo entiendas para que no lo olvides; sí, sí, daría el consentimiento para tu boda con Edward mañana mismo. Sé que te haría feliz; frenaría un poco tus impetus y le amarías pese a los pocos años que te lleva. También yo se los llevó a tu madre y la hice muy feliz.

- Esto es inadmisible - rió la joven, des preocupadamente.

- Pues a ti te lo parece, no obstante las mujeres, cualquiera de ellas, por elevada que estuviese se casaría con Edward cuando éste se lo pidiera.

- Entonces yo seré diferente a las demás mujeres jamás me enamoraré de él.

- Lástima, hija -dejo el caballero haciendo uso de su mejor cara de póquer

- ¿Por qué lo dices, papá?

- Pues Edward te ama.

- ¡Charlie! - exclamó la dama, extrañada.

- Pues sí. No me miréis con esa expresión estúpida. Edward Cullen te ama, Bella. ¿Quién me lo ha dicho? ¡Oh, pues nadie! Lo vi yo mismo. Y te advierto que Edward es un hombre decidido y no se cree inferior a ti ni por tu posición ni por nada. Edward es todo un hombre, tenlo presente.

Bella, estaba en otro mundo, la confesión de su padre la había tomado por sorpresa, era imposible que él la amara cuando ni siquiera la miraba, no su padre estaba equivocado, pero aún así el corazón dio un salto de felicidad que no supo interpretar.
Una risa nerviosa salió por sus labios y dijo:

- De todos modos, yo no lo amo ni lo amaré nunca.

-Tampoco te voy a imponer la obligación de que le ames - sonrió el caballero sutilmente, viendo los fantasmas que abrumaban la mente de su hija.

1 comentario:

ღ ✰ Aqua Marie Cullen ✰ ღ dijo...

OOOHH CHARLIE SE DIO CUENTA DE QUE EDWARD AMA A SU HIJA¡¡¡?? EDWARD EN VERDAD LA AMA?? O.M.G... JAJAJAJJA BUENO ESO NO ERACASI INISPERABLE AJAJA SIGO LEYENDO