Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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martes, 6 de diciembre de 2011

Su Venganza Cap 10



Era de noche. A través del ventanal del saloncito se filtraba un haz de luz que iba a jugar a sus pies. 
Bella se hallaba en la terraza, tendida en una hamaca balanceándose lentamente, con cierto placer.

A su lado, en la otra hamaca, estaba Edward. Este fumaba con lentitud. De vez en cuando la chispa del cigarrillo iluminaba las facciones duras. 

A través del ventanal abierto llegaban las voces de sus padres, mezcladas.
Jugaban una partida de ajedrez y parecían muy ajenos al silencio que reinaba en la terraza.

Súbitamente Bella arrastró su hamaca junto a la Edward. Hizo un esfuerzo y al fin dijo:

- Señor Cullen, necesito su ayuda.

Edward pareció salir de su ensueño. Incorporándose un tanto en la hamaca y clavó los ojos agudo en el rostro de la joven nerviosa.

- Estoy a su disposición, señorita Swan - comento Edward un tanto inquieto por la cercanía de la misma.

- Se trata de algo... de algo...

- De lo que sea. Prometo ayudarla - y eso era verdad ya no podía luchar más con lo que sentía.

- Es que... - ladeó el cuerpo en la hamaca y rozó con sus cabellos el rostro masculino, él se estremeció ante el contacto y percibió la esencia de los mismos, fresas se dijo, pero trato de que la joven no se diera cuenta.

- Señor Cullen, es sumamente grave lo que voy a decirle. Deseo que me escuche usted hasta el final, ¿comprende? No sé por qué le cuento esto, ni quiero preguntármelo a mí misma. Estoy en un callejón sin salida, ésta es la verdad. No sé si carezco de personalidad para hallar una solución airosa o si soy un ser vengativo y malo.

- Qué raro, señorita Swan, nunca me habló usted con tanta familiaridad.

La joven rió nerviosamente.

- Señor Cullen, trate de ser simpática con usted pero sino mal recuerdo no admitió de buen grado mi...

- Es que en ese momento yo... - titubeó ¿qué le diría? claro es que no me había dado cuenta de que estoy loco por usted, jajaja que tontería; - creó que estuve un tanto brusco ese día, además no quiero las cosas forzadas.

- Es usted exigente.

- Quizá... - lo había sido ya no - continué por favor.

Se miraron. Los labios tentadores de Bella estaban muy próximos a los de él. Pero este no hizo nada para acortar la distancia por más que lo deseaba intensamente.

En realidad no pensó que era aquello que mantenía a la joven tan inquieta. Se conformó con observar el temblor casi convulso de los labios femeninos y esperó.

- Le voy a contar un pasaje de mi vida de muchacha ingenua, señor Cullen. Quizá ya lo sabe usted.

- ¿Se refiere a la declaración que hizo un día a Jacob Black? - escupió las ultimas palabras con asco.

Bella dio un salto en la hamaca y se echó hacia atrás. Pero enseguida volvió a su postura anterior y esta vez su aliento se confundió con el de Edward para susurrar:

- ¿Se lo ha dicho mi padre?

- Me contó muchas cosas geniales de usted. Entre ellas, aquella divertida declaración.

- Sí, era a eso a lo que deseaba referir le.

- ¿Y por qué? - comentó un tanto más nervioso por el camino que estaba tomando la conversación.

Bella echó la espalda hacia el respaldo de la hamaca y se balanceó muy lentamente. Su voz en el silencio de la noche parecía un suspiro mal contenido.

- Señor Cullen, no sé lo que pasa. Ni a mis padres me atrevería a confiar esta incertidumbre mía. No sé incluso por qué se lo cuento a usted.

- Será que le ofrezco confianza.

- Tal vez sí o tal vez no. Lo cierto es que debo hablar de esto con alguien, la única persona en la cual confío, Alice mi amiga está muy enojada con todo esto y apenas me dirige la palabra, y puesto que usted está dispuesto a oírme y es de noche, lo que impide que nos veamos bien, hablaré.

Edward no quiso agregar que él podía verla perfectamente y solo dijo:

- Tenga la seguridad de que le ayudaré en todo lo que me sea posible.

- No sé cuándo, ni cómo, pese a lo que me diga mi papá, me he comprometido con Jacob. No le amo, estoy segura de ello y, sin embargo, cuando vuelva a la ciudad saldré con él, bailaré y pasearé y hasta quizás termine casándome.

- ¿Por qué sino lo ama? - respondió Edward abrumado por las respuestas que la joven le estaba dando.

Bella juntó las manos. Edward las vio, blancas, finas en la obscuridad de la noche.

- Eso es lo terrible - confesó ella, desalentada y estaba siendo sincera, por supuesto - No sé por qué.

- ¿Atracción sexual?

La joven se incorporó bruscamente

- ¡Señor Cullen!

- Perdone, estamos en un terreno sincero. Somos un hombre y una mujer, pero para los efectos somos dos seres que divagan en la noche. Ni yo soy yo ni usted es usted. Cabe la posibilidad de esa atracción.
¿Es que acaso no somos humanos?

- En mi no cabe esa atracción, señor Cullen - dijo un tanto alterada, él tenía razón eso era lo que pasaba con Jake, cada vez que estaba con él y sentía el calor que emanaba su cuerpo tan perfecto y grande sentía que algo la arrastraba hacía él, sus besos eran fuego en su boca, sus manos la acariciaban con pasión y parecía haber en él una especie de fiebre cuando la tocaba, Edward tenía razón era puro deseo reprimido desde siempre, solo que ahora quería liberarlo, pero sabía que no podría ser con Jake, él no la amaba por más que lo jurara y ella mucho menos, la voz de Edward la saco de su ensueño y su piel se erizo lo cual la tomo por sorpresa.

- ¿Puede darme entonces otra razón que apoye su caso?

Ella suspiro desalentada.

- No la tengo.

- ¿Lo ve usted? Es atracción. ¿Y sabe usted cómo puede librarse de ella?

Los ojos de Bella brillaron intensamente y pensó si aquel hombre tan hermoso podía leer su mente.

- Es lo que deseaba preguntarle.

- Se lo diré. Mire usted, cuando esa atracción es tan... tan... irresistible...

- La mía no lo es tanto, creo.

- No obstante, usted piensa que si vuelve a la ciudad, Jacob será su acompañante y hasta quizá su marido, y no le ama usted - escupió.

- Por supuesto.

- Bien. Decía que cuando esa atracción es tan irresistible resulta a veces, en el caso suyo, por ejemplo, altamente perjudicial. Es..., ¿cómo diría? Un peligro para su moral, para su gran espíritu de mujer. No existe el amor, ni el cariño, ni siquiera la estimación. - Edward tragó en seco y pidió a Dios no arrepentirse de lo que diría ya que con ello se le iba la vida - Debe usted casarse con otro. - le soltó y esperó su reacción.

- ¡Señor Cullen!

- Es una forma como otra cualquiera de librarse de un peligro constante.

- No obstante, ello redundaría en mi perjuicio, puesto que al salir de un peligro me hundiría en otro.

- ¡Oh no! Basta con saber la clase de hombre que se elige para esto. Conozco a Black por referencias, es más, le he visto en distintas ocasiones y nunca me pareció un hombre digno de usted... existen otros hombres menos peligrosos que Jacob black

- ¿Por ejemplo?

La respuesta no salió inmediatamente. Bella contuvo el aliento. Edward suspiró fuerte y dijo:

- Si le sirvo de algo, disponga de mí - dijo al fin con rara entonación y, observando el silencio de la joven, ladeó el cuerpo en la hamaca y la miró fijamente, muy de cerca- Señorita Swan, no tome mis palabras en serio. Una vez casados, Jacob se olvidaría de usted y de su... dinero.

- ¡Señor Cullen! 

- A todas las mujeres les duele comprobar que la quieren por su capital... usted es digna del cariño, pero el capital de su padre es muy tentador para un hombre de la clase de Black.
Iba diciéndole que, una vez casada, Jacob no tendría más remedio que olvidarla, porque desconocería el drama de su matrimonio. Me refiero al drama intimo que tendría que existir dada las condiciones en que se había casado. El marido, sea yo u otro cualquiera, puede muy bien darle la libertad cuando usted lo crea conveniente.

- ¿El divorcio?

- NO, no. Se muy bien que usted es enemiga de eso. Una simple anulación, puesto que el matrimonio debe ser... blanco

- ¿Blanco?

- Por supuesto. ¿O es que usted esta dispuesta a realizar un matrimonio efectivo?

- Desde luego que no. Pero no creo que los hombres sean tan generosos.

- Todos no. Existe alguno y yo lo buscaré para usted.

- ¿Por qué hace todo eso si le resulto antipática?

Edward se echó a reír. A través de la obscuridad, Bella se complació en contemplar aquellos dientes tan blancos y sanos, que relucían como perlas.

- No me resulta antipática, desde luego. Es usted la hija de un hombre a quien estimo mucho. Trabajo para él y, por lo tanto estoy a disposición de su hija. Esto señorita Swan, deseo que no lo olvide. No necesito de su dinero, ni de su cariño. Sólo anhelo serle útil. Por otra parte, sé que estuve mal ese día en el parque, siento mucho haberle contestado así.

- Pero como es que ha cambiado de opinión respecto a eso de que no le gusta que lo usen, no lo entiendo.

- Esta más que claro, soy yo quien se ofrece y no usted quien lo exige. No espero su amor, señorita Swan si es eso lo que la incomoda, ni siquiera alguna compensación de este matrimonio, en el supuesto de que se case conmigo.

- Es raro.

- ¿Qué es raro?

Bella no respondió. Durante breves segundos permaneció pensativa, y como era impulsiva y caprichosa preguntó sin pensarlo mucho:

- ¿No me ama usted?

Edward quedó desconcertado, tan obvio había sido, que idiota ahora ella huiría de él y con ella se llevaría su corazón.
Se echó a reír nerviosamente.

- Desde luego que no. Es usted muy hermosa y muy joven. Digna de ser amada pero yo no la amo - dijo odiándose por tal mentira.

- Pues eso esta mucho mejor, de seguro algún día encontrará lo que busca - contesto dolida por la confesión del mismo.

- Le aseguró que no hay nadie en mi vida, hasta ahora señorita Swan pero eso no implica que usted me tema, jamás le haría daño alguno -

- Eso lo sé, usted es muy amable.

Edward se removió inquieto en la hamaca y pregunto:

- Señorita Swan ¿acaso podría usted llegar a amarme?

Bella dio un respingo en la hamaca. Vio como las luces del salón se apagaban y ocultó el extraño brillo que había en su mirada.

- No lo amaré nunca - dijo sincera - Nada tiene que ver la edad se lo aseguro señor Cullen, sino por otras cosas.

- ¿Por Jacob?

- No. Por usted mismo. Me impone usted. Nunca me permitirá entrar en su santuario espiritual, si es que lo tiene.

- Todo ser humano tiene un santurio  espiritual, aunque sea un demente. Pero el mio esta al descubierto.

- ¿Está seguro de ello?

- Por supuesto que sí

- Bella, Edward - llamó la voz de Charlie desde la puerta -. ¿Es qué no vais a dormir?

La joven se puso de pie. Inclinándose hacia la hamaca de Edward y sus labios le comunicaron todo el fresco aliento de su boca seductora.

- Pensaré en ello esta noche, señor Cullen - susurró clavando los ojos centelleantes en la mirada enigmática del hombre. -Sé que es una solución estúpida. Otras mil pudiera haber hallado para apartarme de la... atracción de Jacob, pero me seduce la que usted me propone. Es... una aventura y siempre me fascinaron. Mañana le daré una respuesta concreta.

- Estoy siempre a su disposición, señorita Swan - repuso Edward, casi sin abrir los labios.

- ¿No vienes, Bella? - preguntó de nuevo el caballero.

- Voy, papá - lanzó una breve mirada sobre el ingeniero - ¿Usted se queda, señor Cullen?

- Fumaré otro cigarrillo aquí; después me retiraré. Hasta mañana, señorita Swan - contestó él dándole la espalda a la misma.

- Hasta mañana, señor Cullen - decía Bella mientras se retiraba con el corazón palpitante a punto de salir de su pecho.

Edward observó las estrellas estás le parecieron más brillantes que nunca y una sonrisa se dibujo en sus labios.


AHHHHHHHHHHHHHHH QUE LES HA PARECIDO LA PROPUESTA DE EDWARD SI FUERA BELLA, NO LO DUDO JAJAJA
ESPERO QUE LES HALLA GUSTADO Y GRACIAS A TODAS!!!


2 comentarios:

Andrea dijo...

Hola me encanta tu blog :3 y tu historia esta super!!!! Si quieres pasate por el mio ^^ te dejo mi url http://just-me-andrea.blogspot.com xoxo_A

ღ ✰ Aqua Marie Cullen ✰ ღ dijo...

ooohhh me ha encantado... por fin ese par comienza a ceder ahhahahahh un besazo linda----