Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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sábado, 10 de diciembre de 2011

Su Venganza cap 11



Regresaba del paseo matinal. Descendió del caballo y pisó el primer escalón. Vestía una calza negra, jersey del mismo color y la zamarra de piel marrón. La quitó y ascendió con ella en el brazo. Toda la figura sugestiva de mujer fascinadora se mostró ante los ojos de Edward, que ni siquiera parpadeo al mirarla. 


Ella llegó a la terraza, tiró la zamarra sobre un sillón de mimbre y después se quitó la víscera. Agitó el cabello, quitándose los guantes, la fusta voló por el aire y cayó sobre la mesa en el centro del vestíbulo.

Se sentó en el brazo del sillón y balanceó una pierna. La maravilla de los ojos cafés se clavó en el rostro un poco pálido del ingeniero y dijo en voz vibrante:

- Señor Cullen, puede usted pedir la mano a mi padre.

- ¿La suya? - dijo Edward aturdido de emoción.

Ella se echó a reír.

- Por supuesto - alargó la mano -. ¿Amigos? ¿Me promete usted sincera y desinteresada amistad?

Edward tomó la mano y la apretó fuertemente.

- Lo prometo. Si quiere, se lo juro.

- No es preciso. Me conformo con su palabra, señor Cullen; ¿por qué lo hace? ¿Por qué me ayuda si en realidad sabe que esta ayuda es casi innecesaria?

- Si no es mi esposa lo será de Jacob Black, y prefiero que lo sea mía.

- ¿Por qué?

- Porque Jacob no sabría respetarla y yo sí

- ¿Lo hace usted por mi padre o por mi?

- Por los dos - repuso enigmático.

- ¿Y no tiene miedo a enamorarse de mi?

Bella observó que Edward se reía escandalosamente. Parecía más jovial, más interesante. Vestía un pantalón de franela, la chaqueta de ante cerrada. Sí, Edward Cullen era un hombre más que interesante, un poco contrariada por aquella reacción, se irguió desafiante.

- No creo haber dicho ninguna tontería, señor Cullen.

- Claro que no; pero todas las mujeres dicen eso, amiga mía, nunca piensan que pueden ser ellas la encarceladas.

- Por mi parte soy inmune a eso.

- Entonces, señorita Swan, por la mía también. Seremos dos buenos amigos, ¿no es cierto? ¿Cómo prefiere que se lo comunique a su padre? ¿Diciendo la verdad o inventando una sugestiva mentira?

- ¿Sabe usted, señor Cullen, que me está resultando un poco... juguetón? ¿A donde esta su seriedad?

- A su lado ningún hombre puede resistirse, amiga mía - acentuó esta ultima frase más emocionado que nunca.

- ¿Eso es galantería?

-Espero que de vez en cuando me permita galantear la. Esto no entra en nuestro contrato, pero aun así creo que seria bien visto por los demás ¿no lo cree, señorita Swan?

Bella pensó que era una estúpida forma de alejarse de Jacob. Aquel hombre, Edward Cullen, no era tan serio como parecía y, por supuesto, podía amársele sin grandes esfuerzos. Se concentró en si misma pensando volverse atrás, pero la aventura era tentadora, ella más de una vez había soñado con ella, ¿por qué no intentar enamorar a un hombre que parecía o pretendía ser invulnerable?

- Dígale que nos amamos - se encontró diciendo sin saber por qué - añada que fue un flechazo. Nadie tiene por qué meterse en nuestro asunto intimo. Le advierto que a papá le encantará saber que me caso con usted. Lo esta deseando. Dice que usted es el hombre que puede dominarme, someterme - se echó a reír - Los padres a veces resultan un poco tontos, ¿no le parece?

- ¿Por su credulidad? - preguntó él un tanto burlón

- Claro

- Sí, a veces son tontos. Mire que imaginar que yo pueda dominarla y someterla... - se echó a reír. Su risa era falsa, enigmática, pero a Bella no se le ocurrió pensar en la realidad -. Bien. Le diré eso. ¿Cuándo nos casamos?

Bella pensó que se burlaba. Pero ¿por qué? Encogió los hombros y agitó la mano.

- Cuando ustedes lo dispongan. Desde luego, no pienso ir a la ciudad mientras no me lleve usted del brazo.

- ¿Tanto le temes a Jacob?

La tuteaba. A Bella le resultó un poco inquietante aquel tuteo. No obstante, lo admitió sonriente y dijo:

- No es que le tema. Pero tú has dicho que Jacob me atraía poderosamente y temo que sea verdad.

Edward no respondió, escondió su mirada bajo los párpados entornados, el simple hecho de que ella se sintiera atraída por ese bastardo lo ponía furioso.

- Hasta luego, Bella. Hablaré con tu padre ahora mismo.


Bella estuvo inquieta y desesperada toda la mañana. Buscó a su madre en el gabinete, se apretó en sus brazos y le dijo que pensaba casarse con Edward. La dama no demostró sorpresa ni sobresalto. La besó tan sólo.

- Serás Feliz - dijo

- ¿Feliz? ¿es qué lo sabías?

- No, me lo imaginaba. Desde el primer día en que lo vi supe que sería un buen esposo. El hombre que tu necesitas.

A la hora de comer, su padre la abrazó también. Edward no estaba.

- ¿Por qué, papá te muestras tan contento?

- Lo estoy, hijita. Eras una gran pesadilla para mi. Me gusta Edward, tengo puesta en él toda mi confianza.

- ¿Y donde está Edward, ahora?

- En la fábrica. Vendrá al anochecer. Tenemos allí mucho trabajo. Además, necesitamos ultimar algunos detalles sobre la boda...

- ¿Cuándo nos casamos?

- Pasado mañana

Bella se estremeció.

- ¿Ya?

El caballero sonrió enigmático. Por supuesto, no ignoraba nada relacionado con la boda de su hija y Edward, pero se abstuvo de manisfestarlo.


- ¿Acaso no se impacienta tu amor? - preguntó de un modo particular.

- Por supuesto. No obstante, me parece todo algo precipitado.

- Tenemos que volver a la ciudad, Bella. El trabajo allí nos reclama y, puesto que vais a casarse, justo y lógico es que la boda se realice cuanto antes mejor.
Por otra parte, no soy partidario de las grandes ceremonias. Tu madre y yo, cuando nos casamos, lo hicimos en familia, alejados de los ojos críticos de nuestros amigos. Yo seré vuestro padrino y mamá la madrina. Excepto el sacerdote y vosotros dos, no habrá nadie más, ¿comprendes?. A no ser claro está, que tú desees una gran fiesta.

- No la deseo.

- Me parece bien. Os casarais y, si lo deseáis, realizaréis un viaje, aunque he de comunicarte que la época no es muy propicia para que Edward se aleje de la fábrica.

- No es preciso realizar un viaje - repuso la joven indiferentemente -. basta con que nos quedemos en la finca una semana. Pretendo, tan sólo, acallar la lengua de mis amigos y desvanecer un tanto la ira de Jacob Black.

- Por esta razón pretendo llevar el asunto en el mayor silencio.

A Bella le agradó la determinación tomada por su padre. Temía que Jake, al enterarse de su enlace con otro hombre se presentara en la finca a reclamar derechos que no tenía y esto hubiera resultado incómodo.

Prefería aparecer en la ciudad casada con Edward. Era un triunfo sobre la soberbia de Jacob que se creía único.

Al anochecer, estando ella sola en la terraza, llegó Edward. Saltó del auto y ascendió las escaleras rápidamente, a Bella le dio un vuelco el corazón al verlo, recién ahora se sintió reconforta da y supo que fue por que él estaba cerca.
Vestía igual que en la mañana y llevaba bajo su brazo un maletín. Al verla, sonrió y dijo:

- Me he retrasado ¿cómo estás?

- Bien ¿vas a volver a irte mañana?

Edward trato de no reír al ver el puchero que inconscientemente Bella le regalaba. - No -

Enlazó su brazo con el de ella y le señaló la puerta del vestíbulo.

- Vamos a ver a tus padres. Luego charlaremos un poco en la terraza.

- ¿Has comido?

- Por supuesto, gracias. Ven.

Hacían una excelente pareja. Él era alto, esbelto y bien proporcionado. Y ella era sencillamente lindísima. Entraron juntos en el salón y el señor Swan corrió hacia Edward con el rostro sonriente de satisfacción.

- ¿Todo arreglado Edward?

- Absolutamente todo. Aquí tiene los documentos. Espero que quede usted satisfecho. El sacerdote vendrá mañana a las nueve.

Ella se soltó del brazo que la aprisionaba y miró a su... novio.

- ¿Es que fuiste a arreglar los asuntos para nuestra boda? - preguntó extrañada.

- Claro. Si es que vamos a casarnos es un tontería esperar. Tu padre y yo acordamos hacerlo cuánto antes mejor.

No respondió, ¿para qué?.

Edward dejó el maletín en manos de su futuro suegro y después se encaminó a la terraza seguido de Bella.

Acodándose en las hamacas como el día anterior. Bella suspiró.
No estaba muy contenta, pero tampoco contrariada. Después de todo, no creía mucho en el amor y esperaba ser feliz sin él. No obstante, Edward bajo su habitual frialdad parecía satisfecho, hasta contento.

- He visto a Black

Ella a su pesar, se estremeció.

- ¿Y bien?

- Me preguntó por ti.

- ¿Qué le has dicho?

- ¿Tanto te interesa saberlo?

- Es lógico que me interese.

- Ya. Le dije que estabas aquí. No mencioné para nada nuestra... próxima boda. Lo creía más conveniente.

- ¿Le temes?

- ¿Temerle? ¿Por qué? - sonrió - Ignoro a qué te refieres.

- Al temor de perderme - repuso con brusquedad

Edward se agitó en la hamaca. Y Bella se sintió empequeñecida, pues los ojos de Edward clavados en los suyos parecían más fríos, obscuros casi negros, mas enigmáticos y poderosos que nunca.

- Temo Bella, que ambos nos hayamos equivocado. No temo perderte porque no pienso poseerte nunca. Lealmente te ofrecí mi ayuda y no estoy dispuesto, ¿me entiendes? - añadió con sequedad -, a soportar tus ironías fuera de lugar. Debo advertirte, además, que no soy un hombre que haya planeado casarse nunca excepto si tú lo deseas ahora. Por esta razón te ayudo. ¿Qué importa estar soltero que jugar a estar casado? - hizo intención en ponerse de pie, pero ella se inclinó hacia él y con sus dos manos sujetó el brazo masculino - ¿Qué deseas ahora, Bella? - dijo con un hilo de voz.

- Perdóname, Edward. Perdóname, te lo ruego. No me he casado nunca y aun cuando lo hago de un modo absurdo, me pongo nerviosa sin acertar a definir las causas. Te ruego que seas tolerante conmigo. Quiero ser una buena amiga tuya, ¿comprendes? Aparte de nuestro matrimonio, de Jacob y de todos..., quiero ser tu amiga. 

Edward se sentó de nuevo y sonrió a medias.

- No me agrada en absoluto que me ofendan - dijo - Ni quiero tampoco que pienses en lo que no existe - recalcó frustrado por sus propias palabras.

Permanecieron silenciosos. Bella, con la cabeza echada sobre el respaldo de la hamaca parecía reflexionar. Edward, con la misma postura, en la suya, fumaba silenciosamente. De súbito exclamó:

- Bella, quiero recordarte que cuando lo desees puedes pedir la anulación.

Ella lo miró extrañada.

- Eso es cierto.

- Tu aunque pretendas hacerme creer lo contrario, puede llegar el día en que te enamores de verdad, y yo nunca seré un obstáculo para tu felicidad, sera como si nunca hubiese existido. Por mi parte si pasa otro tanto te lo haré saber inmediata mente.

Ella, no reaccionó inmediata mente, la palabras de él calaron hondo, en su pecho; había sinceridad en ella y Bella supo que ese hombre valía más que cualquier otra cosa en el mundo, igualmente no lo dijo y esquivando el nudo que se le formo en la garganta solo contesto:

- ¿No crees que un poco absurdo todo esto que dices?

- Por supuesto; pero..., ¡qué más da! - dijo aliviado por el tono en que ella había hablado pudo sentir que tal vez había una esperanza después de todo.


Se casaron sin titubeos por parte de ambos. Sabían muy bien lo que estaban haciendo. Bella respondió a las palabras del ritual sin una vacilación y Edward la imitó.

Después puso el anillo dorado en su dedo y apenas rozo sus labios en los de ella, quien lo miró sorprendida por su osadía. Sus padres los felicitaron y ambos sonrieron como dos niños tontos.

Bella cambió su hermoso vestido blanco que su madre le había mandado a comprar en la cuidad, se puso un pantalón de franela y una blusa azul un poco descotada. Estuvo toda la tarde hundida en el diván frente a la chimenea del gabinete, con las piernas encogidas y los ojos cerrados. Oía como muy lejanas las voces de su padre y de Edward. De vez en cuando mamá Renée decía algo y Bella entreabría la boca en una sonrisa dulcísima. Estaba a gusto. Parecía que las voces venían de muy lejos y, sin embargo, las tenía allí, allí mismo tras ella.

- ¿Vas a estar así toda la tarde? - preguntó una voz muy cerca.

Bella abrió los ojos y vio los de Edward casi pegados a los suyos.

- Estoy muy bien aquí. Podéis seguir jugando.

- Pero si estamos solos, querida.

Se sentó de un salto en el diván y miró alarmada a un lado y a otro.

- ¿Y mis papás? - preguntó con un hilo de voz

Edward se sentó a su lado, desviando la mirada de aquel busto prominente que amenazaba con salir de aquella hermosa blusa, encendió un cigarrillo sin prisa alguna. Después expelió una espesa bocanada aromática y dijo:

- Ellos creen que no existe ficción en nuestro matrimonio, pequeña. Y como buenos padres comprensivos se han ido a la ciudad. Al parecer pretenden que permanezcamos aquí una semana. ¿Estás de acuerdo?

¡Oh, se sentía muy nerviosa! ¡Después de todo, casi no conocía a Edward y no sabía de lo que era capaz! Sonrió dominando su inquietud y encogió los hombros con una indiferencia que no existía.

- Me parece bien lo que tu dispongas. Si es que nos han dejado solos..., bueno que le vamos a hacer.

Y se encogió aún más. Pero Edward miró sus piernas encogidas y Bella, ruborosa, las bajo rápidamente.

- Perdona - pidió - En realidad me porto como una niña.

- No te preocupes por mí ¿Cuántos años tienes?

- Veinte.

- Caramba, te llevo un poco mas de media docena

- ¿Cuántos tienes?

- Veintisiete

- Eres casi un viejo 

Y se echó a reír. La risa de Bella era fascinadora, sus labios temblaban y sus ojos centelleantes parecían más grandes. Edward clavó los ojos en los leños y sonrió entre dientes. Sabía muy bien a los peligros que se exponía viviendo con aquella muchacha; pero era fuerte y sabía la forma de alejarlos, pero... ¿realmente quería alejarse de ella?, no, por nada del mundo lo quería sólo estaba el gran problema de que no era correspondido con su amor, y él jamás la forzaría a quererlo.

- Cuéntame algo de tu vida - pidió ella, tras una pausa - Algo que no sepa claro está. 

Edward pareció concentrarse en sí mismo. Lanzó una breve mirada a su esposa y al fin dijo:

- En realidad tengo poco que contar, dime que deseas saber así será más fácil.

- Tienes dos hermanos más, ¿verdad?, apenas los recuerdo aunque creo que son mayores que tu ¿cierto?

- Si, Emmett es el mayor tiene treinta y tres años esta casado con Rosalie y tienen una niña muy hermosa llamada Kristen; mi otro hermano Jasper aun continua soltero el tiene treinta años dentro de poco vendrá a la cuidad a visitarnos.

- ¿Y tus padres?, Carlisle y Esme como se encuentran, hace años que no los veo.

- Bien, enamorados siempre el uno del otro, mi padre esta a cargo de nuestra empresa y Emmett le ayuda al igual que Jasper, mi madre se dedica a la casa.
Siempre fui un poco aventurero, Bella gran parte de mi vida la pase en Europa, estudiando y perfeccionándome, hasta que mi padre me llamó urgente para ayudarlo a salvar nuestra empresa.

- ¿Por que accediste a venir a trabajar para mi padre?

- Pues fácil, porque mi padre estima mucho al tuyo y cuando este le pidió un hombre de confianza no dudo en mandarme hacia aquí.

-Ya. Dime. Edward - susurro zalamera, colocando una mano en el brazo masculino - . ¿No has amado nunca a una mujer?

- Los hombre amamos muchas veces, casi todos los días, a una mujer diferente. Pero el amor es otra cosa.- dijo evadiendo la pregunta de ella.

- ¿Cómo es?

- ¿No has amado a Jacob?

Bella se echó a reír, y eso fue música para sus oídos.

- Claro que no amé a Jake. Ni lo recuerdo siquiera - volvió a reír alegremente -. Nunca estuve enamorada de verdad, Edward.

- Pues tampoco yo lo estuve. Por esa razón no puedo decirte lo que es. ¿Vamos a comer? Son las diez.

Bella con desgana se puso en pie y él la imitó. La joven enredó sus dos manos en el brazo de Edward y juntos atravesaron el gabinete. Al pasar junto a un espejo Bella, se echó a reír.

- ¿De qué te ríes?

- Mira hacemos una pareja fantástica.

Edward clavó los ojos en el espejo y el corazón se le inflo de felicidad y sonrió.

- No está mal.

Y continuo andando.

Comieron juntos, y luego Bella dijo que se retiraba a su aposento. Edward acompañándola hasta la puerta de la alcoba femenina y allí se limitó a besar la mano temblorosa de Bella.

- Hasta mañana, querida. Que tengas felices sueños.

- Hasta mañana, Edward.

La puerta se cerró y Edward atravesó el pasillo ligeramente como una pantera en celo.

Ni el supo lo que pensó de todo aquello, ignoraba si realmente amaba a su joven esposa, solo una vez encerrado en su cuarto masculló una maldición. Pasó a paso se dijo y se tendió vestido en la cama.

Por su parte, Bella se sintió desencantada. Se tiró en el lecho y suspiró ruidosamente. La aventura le seducía, pero... hubiera querido que Edward fuera menos, rígido, menos severo, menos caballero, después de todo aquella era su primera noche de casados, se rió ante su pensamiento y caviló acerca del cinismo de aquel hombre era sencillamente encantador y ella podría conquistarlo en definitiva era ¿su marido o no?





AHHAAAHAHHHH SIIIIIII SE CASARON PERO?, QUE PASARA AHORA QUE AMBOS SABEN QUE HAY MAS QUE UN SIMPLE ACUERDO DE AMIGOS JAJAJA.
ESPERO QUE LE HAYA GUSTADO CARIÑOS Y GRACIAS!!!!!

1 comentario:

ღ ✰ Aqua Marie Cullen ✰ ღ dijo...

OOOOHHH MEEE ENCANTA!!!

ESTA HISTORIA ESTA GENIAL.... SIGO LEYENDO AJAJJA