Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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domingo, 11 de diciembre de 2011

Su Venganza Cap 13



Estaba sola en el saloncito. Su padre y mamá Renée habían ido a una reunión. Edward no había regresado de la fábrica y ella se moría del tedio entre aquellas cuatro paredes.

De súbito, Angella le anunció la visita de Alice. Y Bella salió gozosa. De todas las amigas era a Alice a quién más apreciaba. Esta nunca pudo soportar a Jacob y se lo había dicho de todos los tonos, pero en aquel entonces Bella estaba ciega y un tanto alborotada, diría Edward.

La recibió con los brazos abiertos, y se sentaron en el sofá cerca del ventanal. Las luces del saloncito estaban apagadas, y Bella hizo intención de encenderlas, pero su amiga le pidió que no lo hiciera.

- Bella, ¿sabes a lo que vengo?

- A verme, creo yo

- Claro esta, pero vengo exclusivamente a regañarte porque no os avisáis de vuestra boda - decía haciendo un puchero

- Eso lo puedo explicar, Alice

- Pero, además... vengo con un recado de Jacob - dijo haciendo cara de asco al pronunciar su nombre

- Pero, Alice, tú..., ¿trayendo recados de un hombre al que nunca soportaste?

La otra se echó a reír


- Ni soporto, querida; es que tanto me fastidió, Bella, que no tuve más remedio que acceder para que me dejara tranquila. Recibió la sortija y la tarjeta que le enviaste, pero él no está conforme. Dice que no puede admitir en modo alguno que te hayas casado con...

- Sigue.

- Es un poco duro, querida.

- ¿Y qué importa? Tú repites sus palabras.

- Un viejo cara pálida y desagradable y encima es un ingeniero de pacotilla, que no te llega ni a los talones.


Bella, quedó desconcertada, después le entró un ataque de risa tal, que estuvo a punto de perder la respiración.

- ¿Un hombre viejo Edward, Alice? ¿Sabe Jacob lo que dice? Dios mio - susurro soñadora -, ¿cómo es posible que no conozcan aún a mi maravilloso marido? ¡Un ingeniero de pacotilla Edward! déjame que me ría, Alice. El lo más gracioso que he oído en toda mi vida.

- Pues déjame, que te diga mi querida que apenas he sentido nombrar de él, pero lo que se comenta en la ciudad, es que es un hombre muy guapo y respetuoso, quizás, Jacob se refiere a su...

- ¿A su capital? - exclamó Bella divertida - Por Dios Alice, tu no pensarás igual que él ¿verdad?.

- ¡Claro que no! . Sabes muy bien Isabella Swan que jamás me he fijado en la posición económica de un hombre y de enamorarme lo haría hasta de un lingera, me conoces Bella.

- Lo sé amiga, pero déjame contarte que Edward posee casí la misma cantidad de dinero que yo, e incluso él es el encargado de que mi capital haya aumentado considerablemente estos tres últimos años, él es maravilloso amiga.

- Me alegro, entonces por ti amiga, ni bien tenga oportunidad se los haré saber a todos así se dejan de tanto chismorreo malintencionados.

- Haz lo que quieras, amiga.

- He tenido más de una discusión con Jacob por esto amiga, se empeña en decir que tú le amas y que te casaste por vengarte de sus antiguas calabazas.

- Extraña venganza la mía, querida. No, Alice. Dile a Jacob que me deje en paz, que amo a mi esposo como no amó mujer alguna, ¿comprendes? Dios mío ¿cómo es posible que Jacob se compare con Edward? Nunca quise a Jake. Jugué a declararme. En aquella época leía muchas novelas de amor y creía de buena fe que era cierto cuánto me decían y yo encarné el papel de una protagonista audaz. Después me reía de mí misma y de Jacob. Puedes decírselo así, sí lo deseas... de todos modos, puedo jurar que me tiene sin cuidado la opinión que mi matrimonio le merezca a Jacob o a cualquier otro, amiga.

Se rieron escandalosamente y Bella comenzó a contarlo todo lo referido a su boda, claro omitiendo la parte del acuerdo y de la magnifica noche de bodas que nunca llegó a concretarse.
Bella le relató lo bueno que era su marido, y cuanto la respetaba. 

Alice la escuchaba atenta y se sentía muy feliz por su amiga.

Se oyeron pasos en el corredor, y Bella se estremeció. No deseaba en modo alguno que Alice penetrara en su secreto. Todos tenían que creer en la evidencia de su gran felicidad conyugal, y con tal propósito se puso de pie. 
Vestía una bata de casa y estaba francamente encantadora dentro de esas gasas blancas que parecían envolverla voluptuosamente.

- Es mi marido - dijo mirando a Alice

En efecto en el umbral se recostó la figura esbelta de Edward. Alice sin proponérselo, miró de arriba abajo a aquel monumento de hombre y sonrió. No conocía a ingeniero y quizá por esto espió la pareja.

Y vio un tanto asombrada, que los ojos de Bella brillaban humedecidos al clavarlos en los ojos ciertamente bellos del hombre cuya espalda se inclinaba suavemente hacia su esposa. La besó ligeramente en los labios y después le paso un brazo por los hombros.

- Edward - dijo Bella -, te voy a presentar a mi amiga Alice. Hemos sido compañeras de estudios durante mucho tiempo. Mi esposo, Alice.

Edward besó galantemente la mano de la joven y ésta se puso de pie excusándose. Podrían decir lo que quisieran, más ella creía, desde aquel instante, en el amor que Bella profesaba a su marido. Y pese a todos los malos pronósticos, Edward era, a los ojos de Alice, sencillamente fantástico.

Bella acompañó a su amiga hasta la puerta y luego volvió al saloncillo.

Edward estaba de pie tras el ventanal y miraba la calle con los ojos vagos, como si pensara en algo muy diferente.

Hacia tres días que estaban en la ciudad nuevamente.
Aparte de los momentos como aquel, en que salían los padres de Bella, no la veía apenas. La joven, por una u otra causa, se encerraba en sus habitaciones y aún cuando él hacia ver que se reunía con ella, por lo regular se encerraba en el despacho a meditar.

- Ya estoy aquí, Edward

Se volvió y la contempló con los parpados un poco entornados. Avanzó hacia ella y sonrió.

- ¿A dónde han ido tus padres?

- A una reunión. No tardarán en llegar. ¿No te sientas? Diré a Angella que te traiga un café.

- No es preciso, estoy bien así.

Se dejó caer en el diván y ella lo hizo a su lado con naturalidad.

- ¿No piensas salir de casa, Bella? Por mí puedes hacerlo siempre que lo desees.

- ¿Sola?

- ¿Por qué no? ¿O acaso temes a Jacob?

- Me estás ofendiendo, Edward, y tu lo sabes muy bien.

Ante aquella respuesta, Edward la atrajo hacia sí y la besó largamente en el cuello desnudo. Bella se estremeció pues no estaba acostumbrada a que Edward la besara.
Solo una vez, allí en la finca, la había besado y de aquel beso surgió el amor, pues los demas besos no contaban eran solo mentira. ¿La amaba Edward a su vez?
No, Edward era demasiado... demasiado hermético para entregar su ser a una mujer caprichosa como ella.

- Déjame, Edward. Te lo suplico.

- ¿Te molesto?

- No.

- ¿Entonces?

- !Oh, Edward, querido, por favor!

Pero Edward no la dejó. Siguió besándola cada vez más apasionadamente, sus manos comenzaron a recorrer ese glorioso cuerpo, que él tanto deseaba; Y Bella, que al principio pretendió apartarse, se quedó inerte en sus brazos con los ojos semicerrados sintiendo los besos de Edward, ahogó un grito cuando él la coloco en sus rodillas y pudo sentir su enorme erección debajo de ella. Comenzó a acariciarlo con más ímpetu, recorrió los músculos masculinos de su espalda y tiro de su cabello cuando este la apretó aun más contra la entrepierna, él le comenzaba a desatar la bata y sus manos sabias acariciaban sus pezones cuando...

Se oyeron pasos en el corredor. Y ambos con prisa, se incorporaron.

- Son mis padres -susurro nerviosa

Maquinalmente arregló el cabellos, cerró su bata con fuerza y él solo trato de ocultar su erección colocando sus manos en los bolsillos de su pantalón, ella desvió la vista y sonrió ante aquella maniobra de su marido.

- ¡Bella! - dijo él entretenido

- Hay que ser prudentes, Edward - musití ella, casí sin voz totalmente ruborizada.

Edward saco un mano de su bolsillo y  le rozó la mejilla.

- Pero te gustan mis besos, querida.

- Sí.

El hombre no tuvo tiempo de reaccionar porque en el umbral del saloncillo se hallaban los señores Swan.

- Qué tiempo más desagradable, hijos - suspiró la dama - y que velada mas sosa... ¿No es cierto, Charlie?

- Me he divertido - rió el caballero - ¿No habéis salido?

Edward y Bella continuaban de pie en medio de la estancia. El brazo masculino descansaba ahora en los hombros de la joven y ésta apoyaba su cabeza en el pecho de Edward. Formaban una pareja ideal, pero Charlie Swan que no desconocía las condiciones de dicho casamiento, distaba mucho de estar contento, aunque aparentaba lo contrario.

Confiaba que Edward, cuyo amor hacia su hija no ignoraba, supiera llegar al corazón caprichoso de Bella, pero no estaba muy seguro de que él ingeniero lograra su propósito.




MMMM, QUE LES PARECIO ALICE DIVINA COMO SIEMPRE NO!!!
JAJAJAJA LA ATRACCIÓN ES MUTUA Y VEREMOS COMO LES VA CUANDO VEAN QUE ES MUCHO MAS QUE ESO...!!!

GRACIAS A TODASSSSSSS CARIÑOSSSSSSS

1 comentario:

ღ ✰ Aqua Marie Cullen ✰ ღ dijo...

ooooohh que capitulo tan mas ardiente ajjajaja por poco Charlie y Resne encuentran a Bella en una situacion comprometedora ajajajaj