Los personajes de esta historia no me pertenecen. son propiedad de la magnifica Stephenie Meyer autora de la Saga Crepúsculo.
La trama y el desarrollo de los personajes son de mi propiedad.

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viernes, 30 de marzo de 2012

Su Venganza Cap 15


Fue a misa y todos la miraron con curiosidad. La ciudad de Forks era pequeña y nadie desconocía a la heredera de 

los Swan. Asimismo se sospechaba algo de aquella boda precipitada y se comentaba el hecho sorprendente de que jamás se vieran juntos en público el matrimonio.

Y aquella mañana, en que todos pensaban ver a la pareja en la misa de barrio, apareció Bella sola, humilde y hermosa como ninguna otra mujer.
A la salida, Jacob, descarado y fanfarrón, se aproximó a la joven. Le tocó el brazo sin ningún miramiento y ella lo contempló interrogante.

- ¿Cómo tan sola, cariño? ¿Es qué tu marido se avergüenza de ti o tu de él?

- ¿Parece que el despecho te pone nervioso, ¿eh, Jacob?, hazme el favor de soltarme.

- ¿Despecho? Sabes muy bien que, si qusiera, serías mía. Después de todo, nadie ignora que te rechazé por mi gusto.

- En efecto, rechazaste a la niña; pero de buen grado te hubieras quedado con la mujer y sus... millones, ¿verdad, Jake?
- Pues sí - repuso grosero -. Hubiese sido muy interesante y muy beneficioso para mi tu dinero, pero tú no me has gustado nunca; eres un maldita perra frígida que de seguro no calientas ni a tu marido.

Bella le soltó un cache tazó que hizo de que la mejilla de Jacob ardiera al instante.
- Gracias, Jacob, acabo de comprobar que eres más despreciable de lo que realmete recordaba.
Y se separó, dejando a Jacob solo con su despecho. Este solo juró cobrárselas una a una las que esa maldita familia les había hecho, no sabía como pero lo haría.

Ahora, muchas horas después, recordaba la conversación y se preguntaba, una vez más, como era posible que ella pudiera algún día haber querido a ese estúpido.

- ¿En qué piensas, querida?

- En Jacob. Me lo encontré esta mañana. Fue muy grosero y lo golpee.

- ¡Bella!. Dime que ocurrió. ¿Estás bien, hija?

- Si mamá, el despecho lo está matando, soy feliz al saber que no cometí un error al casarme con Edward.

- No debieras salir sola, Bella. Se lo diré a Edward.

- No. No es preciso, mamá; no creo que quiera sumar un disgusto más en la cabeza de mi marido. Edward y yo hablamos de ello esta mañana.

- ¿Y qué había acordado?

Se puso roja como un tomate y después le dio la espalda a su madre.

- En concreto no sé muy bien lo que acordamos - dijo muy despacio - Sé tan solo que Jacob ya no tendrá ocasión de importunarme.

- Siempre dije que esos Black no sabían perder. ¿Sabes, Bella? - rió la dama divertida - yo era novia de Billy su padre, cuando apareció Charlie en mi vida. Y Charlie era novio de Sue, la hermana de Billy.

Como puedes comprender, hijita, siempre nos odiaron. Además, mientras ellos descendieron nosotros ascendimos. Porque siempre fuimos millonarios.

- ¡Qué divertido! - exclamó la joven sin interesarse en absoluto en lo que su madre decia, pues pensaba continuamente en Edward y en lo que le había dicho aquella mañana antes de marchar.

- Para nosotros lo fue, para ellos, no.

Estuvo durante el resto de la tarde sola en el gabinete. Sus padres habían ido al teatro y cenarían fuera con seguridad, pues l hacían muchas veces. Ella esperaba a Edward. ¡A Edward, que aquella mañana se mostró sorprendente mente indiferente ante aquel expectacular atuando, causando su extrañasa y nerviosismo!

Transcurrieron la horas lentas, monótonas. Ella comió sola, a las diez en punto; luego fue a su alcoba se cambió de ropa, esta vez eligió un modelo de lencería francesa era negro de encaje y daba vergüenza nada más verlo, incluso sin llevarlo puesto, pero esta vez se puso la bata de razo negra a juego y se tendió en la cama mientras fumaba un cigarrillo. Despertó sobresaltada creyendo que había pasado un día entero, pero miró el reloj y comprobó tan sólo habían transcurrido dos horas. Tirándose al suelo, bajó precipitadamente las escaleras, produciendo un ruido uniforme con la larga bata, que se enredaba en sus piernas.

Solo Angella andaba dando vueltas por el vestíbulo con un sueño terrible. Miró el reloj: eran la doces en punto.

- ¿Se ha retirado la servidumbre, Angella?

- Toda, señorita Bella. Quedo yo sola para servirle la cena al señor.

- Retírate también, por favor. Estas muerta de sueño. Serviré yo misma la cena a mi marido.

Angella, agradecida, se fue a su cuarto y Bella se hundió en el diván del gabinete, con las piernas encogidas. Y fue en aquel momento cuando sonó el timbre de la puerta principal. Era Edward, sus padres siempre llevaban llaves.

Abrió la puerta y Edward entró sacudiendo el agua de su chaqueta.

- ¿Llueve? - preguntó ella nerviosa.

- Un poco - la miró pensativo - ¿Es que no te has acostado?

- Ya lo ves. Tienes preguntas geniales, Edward.

Él se echó a reír y la enlazó por la cintura.

- Te esperaba para cenar.

- Ya comí algo en el camino. Vengo sencillamente rendido. Que si aquí, que sí allá... ¡Dios santo, que barullo! Tu padre supo bien lo que hacía, al encomendarme este trabajito.

- No quiero que me dejes sola otro domingo, Edward.

- ¿Te has aburrido?

- Muchísimo.

- Pobre pequeña mía. Ven, te daré un beso de compensación.

Estaban en el medio de la escalera y Edward se detuvo para tomar el rostro juvenil.

La besó en la boca con suavidad primero, con fuerza después.

- Ya esta bien - susurró ella.

La tomó en sus brazos y juntos traspasaron la puerta de la alcoba de Bella. No había ficción ni preámbulo alguno. Se comportaron ambos con la mayor naturalidad, como si aquello sucediera todos los días.

Edward cerró la puerta.

Bella estaba nerviosa cuando él le quitó la bata deslizándola suavemente por su espalda, sintió satisfacción al ver como sus ojos se ponían como platos al ver el camisón.

La tomó de la mano y la llevó lentamente hacia la gran cama que cubría el dormitorio.

Empezaron con besos suaves, ingenuos y poco a poco fueron subiendo la intensidad de los mismos, sus manos torpes se encontraron con las de su marido y este la depositó suavemente en la cama.

Edward le besó en cada una de las terminaciones nerviosas de aquel hermoso cuerpo, acarició sus piernas y las lamió con deleite, sus manos se apoderaron de sus pechos y Bella creyó desfallecer ante tales caricias y oleadas de placer, pero no fue asi el se acercó lentamente y mordió sus pezones endurecidos haciéndola gritar de placer, su vientre se contraia y podía sentir la humedad acresentar entre sus piernas.

Su marido abandonó sus pechos y nuevamente se sumergió en sus labios, mordiendolos, lamiendolos con pasión contenida, bajo sus manos hasta su intimidad y poco a poco fue acariciando su bello sexo hasta que sus dedos maestros encontraron su cliítoris y supo que ese sería su fin, se retorció de placer bajo el cuerpo de su esposo y cuando no pudo más grito:

- ¡¡Edward, por favor!!
- Tus deseos son ordenes, querida.

Y la penetro de un tirón, la entrada fue estrepitosa, ¡ella era virgen!... y él lo supo en ese instante. Se odió por eso, sabia que cabía esta posibilidad pero nuca creyó realmente que así fuera; debía retirarse aún podía, él no quería atarla para siempre a su lado por obligacion. Sabía que su corazón no lo resistiría, pero Bella vió la duda en sus ojos y le apretó aún más a su cuerpo, fue lo único que necesito para fundirse en el cuerpo de su amada.

Pequeñas lagrimas se derramaron por sus mejillas,él las besó y continuo con la danza más erotica que el mundo haya creado. Bella llegó justo cuando él creyó no poder soportar más y ambos gritaron extasiados de tanto amor.
Edward le dijo muchas cosas. Bella nunca sabría enumerar todas de nuevo. Se quisieron a su modo y Bella, emocionada, procuró imitar a Edward sin hacer mención de aquel amos que la consumía.

- Gracias - dijo él, al caer rendido en la cama.

- Lo deseaba tanto como tú, Edward, gracias a ti - dijo con una sonrisa perversa en sus labios.

- Mmm, creo que tienes en mente otra forma de agradecimiento, ¿Oh me equivoco, querida mía? - mientras una carcajada salía de su hermosa boca.

- Estas en lo correcto, querido - contestó mientras se abalanzaba sobre el cuerpo de su marido.

Su naturaleza libidinosa se despertó deprisa, en cuanto percibió las musculosas proporciones de los miembros de Edward, este se se inflamó de deseo y mientras ella lo contemplaba con la respiración acelerada y las mejillas ardientes, él sintió que los encantos de tan selecto y delicioso bocado,inspeccionándolo con tal desfachatez, avivaban su apetito carnal hasta un punto casi irresistible. Así, las facultades mentales transmitieron rápidamente sus impresiones a la carne, provocando que desplegara su virilidad de una manera muy simple e inconfundible.

-Eres un hombre maravilloso y muy bien dotado querido esposo.
El sexo de Edward estaba más erecto que nunca.Bella se mostró encantada con la exposición, y dada su ignorancia de las proporciones , fijó su mirada con asombro y deleite en el miembro de su marido.

Edward se estaba volviendo loco de ardor,pero le gustaba ver como ella observaba todo su cuerpo mientras lo acariciaba con sus manos torpes.

Por fin ella, dejando de lado cualquier consideración pudorosa, le hizo señas de que se aproximara más, y con gran excitación -mientras sus bellos pechos se movían con la irregularidad de su respiración y sus ojos delataban la pasión que la consumía- rodeó con su pequeña y fina mano el miembro, haciendo hormiguear la carne de él e hinchando sus partes, que se enardecieron más que nunca ante el excitante contacto de esos dedos.

Bella estaba enloquecida al ver como Edward se refregaba contra su cuerpo loco de pasión, totalmente poseída se subio a su cuerpo cogió literalmente el toro por los cuernos. Percibió el efecto de su acto voluptuoso en su marido, lo que sirvió para encender su sangre y transportar sus sentidos más allá del freno de la razón. Con los labios jadeantes musitó, al tiempo que sus caricias se volvían más y más pronunciadas:

- Ahora eres mío ... solo mío querido - decía ella con la voz entrecortada mientras aceleraba su ritmo encima de él.

Como buen lector de mentes Edward abandonó su pasividad. Durante las ardientes palabras de su esposa, sintió el excesivo ardor a que lo estaba sometiendo; y mientras cada oración se hundía en su corazón y al mismo tiempo encendía su obscena imaginación, la fue rodeando con sus brazos y sus manos recorrieron el cuerpo de ella descubriendo el camino hacia los tesoros que tantas veces había ansiado explorar.

Cubrió el suave cuerpo con besos desde la cabeza a los pies, ella consintió sus caricias mientras las manos de él erraban sobre sus encantos, e incluso sus partes más íntimas estaban a su merced. Bella nunca le negó nada, sino que le entregó su cuerpo voluptuoso sin reservas. Edward prosiguió atrevida mente con sus toqueteos y sus besos, hasta que ella, ardiente por sus abrazos, mostró tanto abandono como él.

Entonces Edward buscó la satisfacción de su fogosidad y la saciedad de su desenfreno en la persona que ama.

Se incorporó y, tras separarle sus dóciles piernas, montó sobre ella. Así quedaron unidas sus carnes, así se mezclaron el aliento ardoroso y los suspiros de ambos, conjugados en un mismo deseo, encendidos de ardiente impaciencia.

Una y otra vez se sumergió en el estrecho sendero de los deleites prometidos, y se dio cuenta de que las delicadas formas de la Bella estaban destinadas al placer de un hombre tan bien dotado como él.

Pero pronto él se disparó por razones de fuerza mayor, encontrándose en una especie de cielo paroxismo, las sensaciones experimentadas lo aguijonearon, el movimiento se convirtió en una necesidad y comenzó a dar empellones con sus caderas con tanta fuerza y energía que la Bella gritó de deleite.El empujaba,y no bien percibió el estado de su pareja y notó que ella compartía sus placeres, redobló los movimientos y, mezclando los gemidos de éxtasis, sus cuerpos se elevaban y hundían en la consecución del acto.

Creyó que sus sentidos lo abandonaban mientras llegaban juntos a un coito frenético y, con rugidos de satisfacción tan roncos como los de un semental con una yegua, inyectó en el cuerpo de su mujer una asombrosa cantidad de semen. La embriaguez de su descarga provocó que él emitiera gritos de regodeo, mientras la damita, abrumada por el éxtasis que él le ocasionaba, permaneció casi desmayada mientras recibía la inundación.

Cayeron juntos abrazados en la cama, hechizados por tal acto de desenfreno y pasión que habían vivido.

Edward besó la frente de su esposa y se durmió con una sonrisa en los labios. Ella abrumada por tanto amor, solo se dejó caer en el sueño mas maravilloso que haya existido.

CONTINUARA......

HUYYYYYYYY QUE LOCURA POR DIOS JAJAJJA ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO DISCULPEN LA DEMORA.

GRACIASS CARIÑOS